El sentido de pertenencia, una necesidad básica

La  conducta  humana  estará siempre  condicionada  a la  percepción que  se  tenga sobre la satisfacción o la no satisfacción de las necesidades reales individuales, así como de la interpretación emocional que registre el cerebro.

 

La felicidad no es lo que nos pasa, sino la interpretación que damos a lo que nos pasa, depende de la forma en cómo asimilamos la realidad, de la capacidad de orientar lo que percibimos en el entorno que nos rodea. Los seres humanos tenemos un grupo de necesidades: fisiológicas como comer, dormir, proteger el cuerpo de los cambios de clima, beber agua para hidratar los órganos, incluso el cerebro. Cuando estas necesidades no se satisfacen, el individuo puede desarrollar la fuerza brutal. Al hombre hambriento poco le importa la ternura, el respeto, puede agredir en busca de alimento; pero, los que roban bienes materiales, los ladrones, esos no roban por hambre.

En el otro grupo de necesidades humanas se encuentran las afiliativas: ternura, amor y el sentido de pertenecer. El sentido de pertenencia a la familia, a los grupos, la cultura, a nuestro género, son parte de las necesidades importantes del crecimiento. Con la globalización vemos muchos cambios, inmersos en la cultura disruptiva, muchos individuos, hombres y mujeres, no encuentran el sentido de pertenencia al género masculino y femenino, hoy se llaman no binarios.

 

Otra necesidad es la satisfacción de la propia estima, la autoestima (en inglés self steem). Esta no necesita de estudios, títulos universitarios, posición social, ni económica. No es lo que los otros reconozcan en nosotros, es la sensación de confianza que se tiene en sí mismo, el valor personal y sentirse útil a los demás, además, el darse cuenta de las habilidades y debilidades que tenemos, aceptar el color de nuestra piel, estatura, en fin. No hay alta estima, dice el dicho popular: “Dime de qué presumes y te digo de qué careces”.

Los mexicanos tenemos otra necesidad muy intensa, la de amistad, tener amigos, nos encantan las reuniones: la fiesta, comer, bailar, cantar, beber. En el área laboral se nota en la ‘chorcha’, les importa más platicar que atender a los clientes. Pocos individuos tienen comunicación intensa con su familia, por eso la necesidad de hacerlo con los amigos; los hijos se quejan de que sus padres solo los reprenden.

 

Para entender el sentido de pertenencia en las relaciones de pareja, un ejemplo muy común podría ser un matrimonio no planeado. Lina quedó embarazada a los 17 años, una relación casual, no estaban enamorados, sus padres obligaron a José, de 19 años, a que se casaran. José cumplía con lo mínimo como proveedor, se gastaba el dinero en alcohol con los amigos. Lina se daba cuenta de que le era infiel con varias mujeres. A los dos años tuvieron otro hijo. Linda sufría intensamente por el maltrato y la falta de amor de su pareja, hasta que decidió trabajar, recuperó su autoestima y tomó la decisión de divorciarse.

La realidad en la vida adulta depende de cómo deciden percibirla. La felicidad no es la suma de alegrías y placeres, depende de cómo superamos las heridas y dificultades, los traumas de la infancia. Si se niega el sufrimiento la mente pierde la capacidad de poder afrontarlo y superarlo, es un aprendizaje constante, no atraparse en el dolor, en la frustración, superar los conflictos y las emociones negativas.

 

Las emociones que nos perjudican se deben al pensamiento consciente y otras veces inconsciente, pero, se pueden reeducar los pensamientos. La mente es un flujo de experiencias subjetivas como dolor, placer, ira, amor. Las experiencias mentales están constituidas por sensaciones, emociones y pensamientos que surgen como una ráfaga, van y vienen.

La mente cambia constantemente y la conciencia es la realidad concreta que atestiguamos en cada momento. La conducta humana está condicionada a la satisfacción de las necesidades básicas, así como a la interpretación emocional que haga el cerebro. Los patrones de conducta se aprenden por imitación, el sentido de pertenecer. El niño observa el comportamiento de los demás y cuando está en una situación similar imita el comportamiento, las conductas actúan en automático, son más contundentes que las palabras. ¡No fumes, no bebas alcohol, no mientas!, le ordena el padre al hijo y tal parece que le dice, repite como fumo, como miento.

 

El sentido de pertenencia es la conciencia de formar parte de un grupo en el que adquirimos modelos de referencia que influyen directamente en la formación de nuestra personalidad. La pertenencia se crea cuando muchas personas comparten una red común de historias, por ejemplo, celebrar los cumpleaños con un pastel, las piñatas repletas de dulces, la navidad con una posada, el Día de Gracias con un pavo, en fin. Los parientes y vecinos repiten lo mismo que otras generaciones, así se confirma la red de sentido, de esa forma se comparten las creencias.

Con el transcurso de las décadas y siglos, la red de sentido se desenreda y se tejen otras nuevas, ahora con las redes sociales, se están perdiendo las costumbres para imitar otras culturas. La historia nos cuenta lo que sucede en cada época, el problema es lo que les trasmiten a los niños en las clases de historia, los conflictos en los que el fin justifica los medios, la lucha de poder, unos contra otros: la revolución, la guerra cristera, la lucha por la independencia, las traiciones, la conquista. La guerra que sufre Ucrania y que en estos tiempos de búsqueda de paz no tiene sentido. Poco o nada de los periodos de paz, bueno, hasta el Himno Nacional señala en una estrofa: “Mexicanos al grito de guerra”. La historia y los símbolos como el escudo, la bandera, el folclor es lo que le da sentido de pertenencia a sentirnos mexicanos. Hace falta contar historias de paz, de éxito.

 

El sentido de pertenencia se adquiere en la familia, inicia con la pareja que se compromete en una relación amorosa tienen objetivos en común: tener hijos, comprarse una casa, un carro y desean que sus hijos acudan a la universidad. En el opuesto, las familias disfuncionales, están desintegradas, los hijos no saben quién es su padre, la madre es la proveedora, sale a trabajar y se quedan solos. Los que emigran de poblaciones pequeñas en busca de trabajo pierden sus raíces, la familia y el pueblo que les da contención. Al no encontrar el sentido de pertenencia se reúnen con la pandilla, para pertenecer pintan bardas, ingieren drogas y hasta se vuelven narcomenudistas. En las familias disfuncionales los hijos sueñan en la familia ideal, en el país ideal, en cuanto pueden se alejan de su familia y de la tierra que los vio nacer, de manera que pierden el sentido de pertenencia.

Los pobres tienen necesidad de ser escuchados, necesitan sentido de pertenencia, “apegos”. Los que piden en las calles, los que viven en las colonias marginadas, no cuidan sus pertenencias. En la psicología comunitaria nos damos cuenta de personas generosas, asociaciones civiles les obsequian ropa, zapatos, pero, al no tener apegos, la utilizan y la tiran a la basura, no tienen la costumbre de lavarla y volverla a utilizar como lo hacemos la mayoría. Otro ejemplo, los migrantes, van por el desierto, por tren, caminando en busca de la tierra prometida, del sueño americano, dejan su familia y pierden todo sentido de pertenencia.

 

Con la pena, los jóvenes de hoy pegados a los dispositivos son una generación carente de pertenencia. También se observa en el trabajo, en la rotación de personal, en la baja productividad. Pertenecer es una necesidad humana y de los animales, es necesario formar vínculos, estados mentales y emocionales que surgen al compartir las mismas experiencias, valores, metas, costumbres y creencias.

Recomendaciones

  • Antes de permitirles a sus hijos viajar y vivir en otro país, muestrales sus raíces, sus costumbres, el folclor, la comida, sus artesanías. Los extranjeros aprecian más lo nuestro.
  • Te pregunto, ¿tienes un espacio en tu casa en el que te sientas relajado? De no ser así, tu casa será un hotel solo llegas a dormir. Si la casa está en desorden se vuelve un lugar que expulsa a la calle.
  • Otra pregunta, ¿te agrada tu pareja?, ¿tu vida?, ¿tu trabajo? Si la respuesta es no, no desperdicies la vida, siempre estarás enfermo, infeliz. Toma consciencia y cambia. Puede que seas tú, o cambia de personas, de trabajo, de ambiente.
  • ¿Eres pesimista? Seguramente lo aprendiste en tu familia, cambia tu percepción, encuentra lo bello y noble de la vida, observa a la naturaleza como se renueva y nos da muchas lecciones.

 

* Rosa Chávez Cárdenas es psicóloga, homeópata y terapeuta. Visita su sitio web: www.rosachavez.com.mx Síguela en: https://www.facebook.com/DrRosaChavez y https://www.facebook.com/Tratamientointegral/ Comentarios a la autora: [email protected]

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