Trastorno de ansiedad generalizada

La ansiedad es parte normal de la vida, es la energía que nos mueve a la acción. Nadie está exento de preocupaciones: la incertidumbre económica, los problemas de salud, el dinero para lo indispensable y para pagar las deudas, los conflictos de pareja, de familia, con los hijos, en el trabajo y hasta las dificultades para trasladarnos en las grandes ciudades. El problema se complica cuando se preocupan por todo, cuando no encuentran su lugar, “tienen miedo al miedo”. La mente inventa historias de lo que podría suceder; quieren ganar tiempo al tiempo, viven a futuro y no están en el presente. Es curioso, le quieren ganar tiempo al tiempo, van a misa un día antes para no ir el domingo, muchos corren a pagar su cuenta de predial, el primero del año para ‘quitarse un peso de encima’.

La persona que padece ansiedad generalizada, no puede controlarse, de todo se preocupa, en ese estado de alerta pierde la concentración. No solo los niños y jóvenes tienen el problema tan de moda del TDA (Trastorno por Déficit de Atención), el que padece ansiedad, no se concentra porque su mente está en todo y en nada, su cerebro está muy revolucionado y no puede controlar sus pensamientos. Al no poder controlar al cerebro quieren controlar su entorno, entonces, algunas personas se vuelven obsesivas del orden y la limpieza, además de la moral y las buenas costumbres, luego se presenta el TOC (Trastorno Obsesivo Compulsivo) con todas sus variantes.

Cuando se pierde el control por alguna circunstancia: un asalto, robo, abuso sexual, mala noticia, etc., la ansiedad se presenta al grado de no poder controlarla. Cualquiera que haya padecido un ataque de ansiedad se queda con el temor de volver a experimentarlo. Es el temor a padecer un infarto, tener una úlcera, cáncer, con el miedo al miedo piensa que va a morir de un infarto, en ese momento la mente no puede distinguir con claridad. El miedo es vago y difuso, no pueden identificar el origen claramente, deriva en angustia y un bloqueo emocional. Muchos hombres corren a la sala de urgencias del hospital.

 

Gestionar la emoción es básico para el equilibrio personal. Cuando la persona está muy vulnerable, cualquier estímulo, por pequeño que sea, provoca una reacción desproporcionada que altera física y fisiológicamente al organismo. En el momento surge el miedo que bloquea y que impide hacer una vida normal, incluso, hasta se nubla la vista.

¿Cómo surge el miedo?

El centro del miedo, la zona donde se encuentra la alarma, el instinto de conservación, es en la amígdala cerebral. Una pequeña zona del cerebro, muy especializada, que tiene la capacidad de almacenar recuerdos, traumas y emociones. Aquí se procesa la información relativa a las emociones, avisa al cerebro y al organismo del peligro, en respuesta, se activan las glándulas y se preparan con hormonas como adrenalina y cortisol, luego se presenta el miedo o la ansiedad. En otra zona del cerebro llamada el hipocampo —fundamental en la memoria y el aprendizaje—, se tiene la capacidad de codificar los sucesos como amenazantes o traumáticos y se almacenan en forma de recuerdos.

 

La mayoría de las circunstancias que activan el miedo son aprendidas, el cerebro las tiene codificadas como temerosas y adaptativas. Cuando percibe algo similar a lo que sucedió en el pasado, activa todo el sistema de alerta, la memoria viene de eventos traumáticos del pasado, eventos no superados, es decir asuntos no resueltos del pasado. Cuando el cerebro percibe la realidad como amenazante, debido a que el sistema de alarma está muy activado, estamos entonces atrapados en el trastorno de ansiedad generalizada.

Ese estado también es llamado estrés postraumático, de agotamiento, deja una terrible huella y se puede convertir en enfermedad. Después del enfrentamiento, viene el agotamiento, el cuerpo reacciona desproporcionadamente, como una descarga, recordando y reviviendo el trauma. Es muy conocido en las películas el estrés postraumático de los soldados que regresan después de la guerra, nunca vuelven a un estado de tranquilidad, con cualquier ruido la amígdala trae el recuerdo de los enfrentamientos en el campo de batalla. Las conexiones neuronales se activan de tal forma que el organismo se afecta con síntomas como: taquicardia, sudoración, la piel se pone como de gallina, brazos y piernas en tensión y un estado de alerta: “nos persigue un enemigo y hay que correr o pelear”.

 

El secuestro de la amígdala es un término que acuñó Daniel Goleman en su libro La inteligencia emocional (1995), se refiere a aquellas respuestas que surgen de forma abrupta y exagerada. Cuando se recibe el estímulo, la reacción del cuerpo resulta excesiva y explosiva, no es que ante la reacción tenga una patología mental, es la memoria del pasado con una gran carga emotiva que bloquea en el presente y la persona no es capaz de reaccionar con claridad. Todos convivimos con personas con gran temperamento que, frente a pequeños estímulos, reaccionan exageradamente de manera explosiva y desproporcionada, son impulsivos. Les dicen de “mecha corta”.

 

Síntomas

Deseo de sal, grasas y alimentos altos en proteínas como carne y queso, fatiga crónica, dificultad para despertar en las mañanas a pesar de dormir ocho horas, falta de concentración y memoria, intolerancia, les baja o sube la presión arterial, hipoglucemia, dolor de cabeza, falta o exceso de energía, vista nublada, inestabilidad e irritabilidad, pensamientos de todo o nada, pérdida de placer, mucho o poco apetito, algunos se olvidan hasta de comer o beber agua, luego están irritables. Los síntomas producen disautonomía: taquicardia, alteración de la presión arterial y gastritis.

 

La alimentación es importante, para evitar deshidratación beber dos litros de agua, té verde, ingerir alimento en pequeñas porciones, cuatro o cinco veces al día con proteínas de calidad, yogur, huevos, queso, ajonjolí, frijoles, frutas, carbohidratos de calidad. Para evitar la fatiga de las glándulas adrenales de tanto estrés, inicia con un desayuno nutritivo; el ayuno por las mañanas crea fatiga, no quieran combatirla bebiendo café, la cafeína es muy adictiva, cuidado con los analgésicos que la contienen.

Recomendaciones

  • La actitud es importante, adopta un estilo práctico de comportamiento, minimizar la tensión, la ansiedad y el estrés.
  • Aprende a poner límites, a decir no sin sentir culpa. No quieras demostrar que todo lo puedes, es el caso de esas mujeres modernas que son multitareas.
  • Suelta la culpa y el resentimiento son como un ácido, queman por dentro. Acude a terapia para resolver conflictos.
  • El exceso de ejercicio o los deportes extremos elevan la dopamina se vuelven adictos y no miden el peligro. El cerebro tiene que producir hormonas para mantener energía y adaptarse a la demanda del ejercicio. Modérate, elige actividades que no causen más estrés; yoga, caminar, ejercicios aeróbicos, natación sin competir.
  • La intimidad con amor produce oxitocina, la hormona del placer.
  • Las almendras y los cacahuates tienen propiedades antioxidantes regulan el cortisol, de manera que normalizan la glucosa. Un chocolate oscuro, eleva las hormonas del estrés y las endorfinas. Agrega una cucharadita de cocoa natural al café o a la leche para los niños. Los flavonoides del cacao mejoran la circulación sanguínea, previenen ataques cardiacos, regula la presión arterial, es rico en polifenoles que contribuyen a evitar la oxidación del colesterol, relacionados con las defensas del organismo. El chocolate contiene feniletilamina, la misma sustancia que produce el cerebro cuando se está enamorado.
  • Abre los brazos con las palmas hacia arriba, respira profundo, eleva los brazos hasta tocar tus manos, repite una palabra en positivo. “Yo estoy en paz, en mi hay paz”, exhala y baja los brazos, repite el ejercicio hasta que regrese el estado de bienestar.

 

* Dra. Rosa Chávez Cárdenas es psicóloga, homeópata y terapeuta, contáctala en: www.rosachavez.com.mx [email protected] https://twitter.com/DrRosaCh https://www.facebook.com/Tratamientointegral/

 

 

 

 

 

 

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