Lo cierto es que decirlo nos quita un peso de encima y si la respuesta es afirmativa nos dispara hasta la luna, y allá nos deja un buen rato. Después de recabar el valor suficiente, necesitaremos una joyita muy especial: la sortija de compromiso.
Primero veamos el costo: la tradición occidental marca un mínimo de un mes de sueldo como la inversión perfecta para el anillo de compromiso. Esto es bueno porque se ajusta al presupuesto de todos. Claro que si tu chequera da para más, pues mejor, tendrás un montón de opciones.
Delimitada la inversión podemos iniciar la búsqueda. Aunque suena trillado, lo ideal será visitar empresas establecidas y una vez realizada la compra, pedir factura y certificado que avale la autenticidad de la joya. Visita joyerías y visita también a los creativos que se dedican a la joyería de autor.
Dicen por ahí, y con toda razón, que el mejor amigo de las mujeres es el diamante. No son tan caros como muchos pensamos, los hay desde menos de tres mil pesos mexicanos. Un buen joyero sabrá orientarte sobre el diamante más acorde a tu presupuesto.
Pero el diamante no es la única piedra preciosa, en este rubro, si tu novia tiene preferencia por otro tipo de piedras, como podría ser rubíes, esmeraldas, zafiros, etcétera, habrá que considerarlo.
No lo elijas a tu gusto, es mejor acudir de manera “casual” a un centro joyero y prestar atención a los modelos que más le agradan. Hay quienes lo sueltan directo y le dicen a su amor: “Dime cómo quieres tu anillo que no quiero equivocarme el día que lo compre”, y san se acabo, compra feliz y novia feliz.
Otra modalidad es consultarlo con las amigas, típico: lo saben todo y pocas veces se equivocan. Incluso su mejor amiga podría ayudarte a encontrar el modelo exacto, con foto y toda la cosa. Así son ellas.
Una vía alterna: la sortija familiar, algunas familias lo acostumbran y tiene un valor inmenso por toda la carga afectiva que resguarda. Lo sé: somos demasiado modernos y cada día son menos las madres y abuelas que siguen este tipo de tradiciones.
Y después, después vendrá lo bueno, decirle: “Me gustaría pasar el resto de mi vida contigo, y tomarnos la mano cuando cumplamos noventa años mientras vemos la puesta de sol”. ¡Qué la buena luz guíe tu camino!