Estas trece monedas, en el rito mozárabe, representaban los bienes repartidos en los doce meses del año y se añadía una más para compartir con los menos favorecidos. Algunas personas aseguran que su historia tiene una estrecha relación con la dote por el alto valor de estas monedas, y más aún, hay quienes las consideran un símbolo como “premio” a la virginidad de la novia. Por supuesto que nos quedamos con el significado de los mozárabes.
Protagonistas de toda celebración nupcial católica, las arras son elegidas por los novios, independientemente de quién se encargue cubrir su costo. La tradición señala al padrino o madrina de arras como el encargado de solventar el gasto aunque esto, como todo, dependerá de los novios.
Las hay en todo tipo de materiales: oro, plata, chapeadas, con grabados personalizados, en estuches, cofres o coquetas charolitas y su precio es tan variable que se pueden encontrar desde los 300 pesos mexicanos hasta la cantidad que usted decida. Es cuestión de presupuesto.
Una tradición muy socorrida es usar las arras de los padres o abuelos durante la celebración religiosa, esto les confiere un valor sentimental incalculable pudiendo, incluso, heredarlas a los futuros hijos. Una opción muy tierna para su entrega, es pedir a los pajes o meninas que sean los encargados de llevarlas al altar al momento en que el sacerdote así lo señala.