¿Tu jefe es un tirano?

Con gritos y más gritos
algunas personas piensan obtener autoridad. El respeto se gana con el ejemplo
del propio trabajo.


La presión de un
ambiente laboral cada vez más exigente, ocasiona que gran parte de los jefes
adopten acciones hostiles para neutralizar a los mejores subordinados o
canalizar contra ellos sus propias frustraciones. El reto consiste en modificar
las propias actitudes y así, obtener mejores resultados para la empresa y el
equipo de trabajo.

Miranda Priestly (Meryl
Streep), la poderosa e implacable editora de la revista “Runway”, está a punto
de llegar. Todos los empleados se apresuran, esconden el desorden de sus escritorios
y las mujeres revisan su maquillaje. Llega al escritorio de su nueva asistente,
Andy Sachs (Anne Hathaway) y ni siquiera le dirige la mirada. Para demostrar su
poder, se limita a arrojar su abrigo sobre la mesa de la joven, quien desde la
madrugada trabajaba para tener todo listo cuando Miranda llegara. Aunque “El
diablo viste a la moda” (The Devil Wears Prada) es sólo una película, refleja
las actitudes que muchos jefes comienzan a adoptar, ante un mercado cada vez
más competido y voraz.

En el caso de Miranda,
el maltRato hacia sus subordinados incluye llamarlos por otro nombre,
humillarlos respecto a su apariencia, sus opiniones e ideas, así como
solicitarles que cumplan al pie de la letra órdenes prácticamente imposibles.
Este fenómeno, aunque poco estudiado en México, ha sido abordado a profundidad
en diversos países europeos. Uno de los precursores en las investigaciones de
este fenómeno es el español Iñaki Piñuel y Zabala, profesor titular de Recursos
Humanos en la Universidad de Alcalá.

El autor de “Neomanagement.
Jefes tóxicos y sus víctimas”, afirma que alrededor de 2.5 millones de
españoles padecen de estos líderes dañinos. Lo anterior, se traduce en que el
ambiente laboral tóxico sea la causa de la mitad de los casos actuales de
depresión. Incluso, un estudio de Nuria Chinchilla, profesora del Instituto de
Estudios Superiores de la Empresa (IESE) de la Universidad de Navarra, revela
que, 3 de cada 10 personas que renuncian a su trabajo, lo hacen por maltrato de
sus superiores.

De acuerdo con el
especialista español, los jefes tóxicos suelen sufrir complejo de inferioridad
y falta de autoestima, lo cual se traduce en maltrato hacia los mejores
subordinados, pues se sienten amenazados. Los expertos han agrupado a los jefes
tóxicos en tres: narcisistas, que se distinguen por sentirse superiores al
resto de los empleados, consideran que el mérito de cualquier éxito siempre es
suyo y reclaman constantemente la admiración de sus empleados. Psicópatas, pues
su actuar es premeditado, según los estudiosos, estos jefes mienten
sistemáticamente, son fríos y calculadores. Paranoides, se distinguen por su
continua inseguridad, que los lleva a creer que todos desean perjudicarlos, con
lo cual justifica sus ataques hacia los demás.

Como parte de la solución
a esta problemática, 36% de los empleados españoles sugieren que su jefe asista
a una terapia psicológica para tratar su mal. Aunque ésta es una muy buena
alternativa como inicio, Iñaki Piñuel afirma que la empresa también debe
emprender acciones preventivas y correctivas. En primer lugar, el experto
apunta que los empleados deben comprender que la vida laboral no lo es todo:
“Es una locura confundir el puesto con la persona”, señala.

Modificar conductas
también depende de una buena capacitación. Las actitudes de inseguridad,
despotismo y maltrato del jefe, generalmente son acompañadas de un
desconocimiento profundo sobre las funciones que le competen y cómo dirigir a
un grupo hacia el éxito.

Por otro lado, si los
trabajadores erradican el miedo a emitir una opinión, esto se traducirá en una
comunicación fluida que les permitirá aportar valor añadido a su trabajo, pues
lejos de sentirse amenazados, sabrán que su esfuerzo será recompensado y
valorado.

El especialista afirma
que las áreas correspondientes deben estar alertas y, en caso de que se detecte
maltrato hacia los empleados, el superior debe ser removido inmediatamente de
su cargo para evitar riesgos futuros que dañen al grupo.

Lograr consolidar un
equipo de trabajo eficiente y capaz de afrontar los retos actuales; está
íntimamente relacionado con que la empresa se asegure de contar con buenos
jefes. Es decir, personas creíbles y honestas que practiquen lo que predican.

Modificar las conductas
desde la cúspide de la pirámide laboral, dará como resultado jefes que vean
hacia el futuro, que saben motivar, son competentes y tienen un conocimiento
claro de sus responsabilidades, las cuales serán capaces de ejercer
exitosamente y apegados a altos estándares éticos

 

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