La adicción al trabajo

La adicción al trabajo es una dependencia de las más respetables; los adictos o workoholic no actúan por necesidades económicas, se encuentran atrapados en el abuso de poder y de control.

Para un adicto al trabajo, éste es sólo un medio, un lugar donde se busca la aprobación o la evasión. El trastorno no respeta género, edad, profesión, estatus; maestros, políticos, ingenieros, artistas, contadores, médicos y hasta las amas de casa corren el riesgo de volverse adictos.
Un adicto al trabajo es una persona que gradualmente va perdiendo estabilidad emocional convirtiéndose en un buscador de control o de poder en un intento por lograr aprobación o éxito en el medio en el que se desempeña. La adicción surge de su naturaleza perfeccionista o competitiva.
El trabajo se convierte en la droga que los libera del dolor, la ira, el resentimiento, la culpa o el miedo. Los adictos no pueden dejar de trabajar por un largo periodo sin ponerse ansiosos; la perturbación emocional que surge como consecuencia les produce confusión y rigidez: como cualquier droga el trabajo se vuelve el centro de su vida. De esta manera se vuelven egoístas. La falta de descanso, de ejercicio y de una adecuada alimentación contribuyen a que pierda el interés incluso por las relaciones sexuales. La saturación los vuelve violentos y esto, aún sin querer, lo proyectan con sus seres queridos.
Los mecanismos de defensa inconscientes, como la negación, no permiten reconocer que poco a poco van perdiendo la salud mental y espiritual. Su personalidad se va afectando de tal manea que se vuelven narcisistas y paranoicos. Como el trabajo es muy reconocido por la sociedad, es muy fácil que sirva como medio para evitar la responsabilidad ante la familia. El exceso de trabajo es un escape hacia la responsabilidad, mientras que el alcoholismo es un escape de la responsabilidad. No es raro que muchos adictos al trabajo sean alcohólicos o que hayan dejado de ingerir alcohol o, incluso, que sean alcohólicos en seco, es decir con todas las conductas del alcohólico con la ganancia de que ya no son rechazados, por el contrario, son aceptados y reconocidos por la sociedad.
La adicción al trabajo es una de las causas principales de la ruptura matrimonial. Los adictos luchan por ser responsables en el trabajo, pese a volverse irresponsables en su vida personal; se olvidan hasta de sí mismos y pierden la capacidad de amor e intimidad. Lamentablemente, el trabajo se convierte en una forma de evitar la vida, buscan de manera inconsciente el reconocimiento, sin importar que sus valores personales sean sacrificados.
La adicción tiene consecuencias: el estrés crónico afecta su sistema inmunológico de manera que presentan padecimientos graves o incapacitantes como infartos, úlceras, accidente vascular cerebral o trastornos mentales.

Causas
Los adictos al trabajo provienen de familias disfuncionales en las que los patrones de conducta los han dejado severamente afectados y con propensión a adquirir otro tipo de adicciones. En las familias de workholics el cónyuge o los hijos se vuelven codependientes, es decir, cuidan más de los demás que de sí mismos.
Evitan la solución de conflictos. Se enseña a los hijos que es peligroso hablar de los problemas.
No expresan los sentimientos. Toda expresión de sentimientos es recibida con disgusto o saboteada.
Los hijos reciben el mensaje de que deben ser perfectos, buenos y correctos. Competir y ganar son valores muy preciados.
Los padres esperan que sus hijos los hagan sentir orgullosos. Los hijos se convierten en proyecciones de las necesidades y deseos insatisfechos de sus padres. No es raro encontrar que los adictos al trabajo sean proveedores de familias extensas. Los braceros son un ejemplo claro, abandonan a los suyos en aras de mejorar la economía familiar con grandes consecuencias: la desintegración familiar y la pérdida de identidad y raíces.

La culpa
Los adictos sufren culpa de manera inconsciente. La culpa es un sentimiento muy desagradable, una mezcla de muchas emociones y pensamientos que destruyen la paz interna; se hace presente mediante depresión y ansiedad. Existen dos tipos de culpa: una cumple la función de alertarnos sobre nuestro sentido de la ética y la moral; la otra es destructiva, es la rabia contra uno mismo que puede derivar al castigo propio o al exterior para castigar a los demás mediante actitudes vengativas o crueles.
Juan, mi amigo de 60 años, trabaja arduamente desde la infancia. Hace un año comenzó a perder la capacidad de maniobra y pierde fácilmente el control en sus labores. Al ser tan eficiente, sus colaboradores se volvieron ineficientes e irresponsables. Los problemas se han complicado de tal manera que padece un estado de confusión que le resta competitividad; trabaja de más ganando menos; los teléfonos que carga no paran de sonar en todo el día, incluso los fines de semana. Se siente culpable de que su familia reclame su atención y de no quedar bien con nadie. El trabajo lo atrapa de manera que se le olvida ingerir alimentos y por las noches no puede conciliar el sueño. La tensión en la que vive ha afectado su salud y su alegría por vivir. Se queja constantemente de sus problemas y por más que le muestro mi preocupación y nos ponemos de acuerdo para encontrar estrategias de solución, me cancela argumentando que no tiene tiempo para él. Le frustra no ser más competitivo y tener que perder el tiempo como “bombero” apagando el fuego de los problemas cotidianos.

¿Adicto al trabajo?
¿Tu trabajo es lo más importante?
¿Te sientes culpable si no tienes nada que hacer?
¿Continúas trabajando en casa por las noches o los fines de semana?
¿Te gusta que las cosas sean perfectas?
¿Eres competitivo y estás decidido a ganar?
¿Tienes varios problemas sin resolver?
¿Te aburres en casa o no encuentra qué hacer fuera del trabajo?
¿Creas situaciones de presión?
¿Vives en constante ansiedad o cambias de lugar frecuentemente?, ¿te cuesta trabajo dormir o concentrarte?, ¿sientes las mandíbulas apretadas, padeces tensión muscular, rechinas los dientes en el sueño, padeces gastritis o haz perdido el deseo sexual?

Recomendaciones
– El trabajo excesivo le quita el valor a cada día, es importante descubrir que las personas y las relaciones, entre otras cosas, son la clave de la felicidad.
– Es importante practicar las “Habilidades para el manejo personal”:
1.Las habilidades de valoración ayudan a decidir lo que realmente es vital.
2.Las habilidades de planeación permiten transformar los pensamientos en planes.
3.Las habilidades de tiempo: saber usar tu tiempo te ayudará a eliminar tiempo perdido y culpas. Es indispensable destinar periodos para la recreación, para romper la rutina y para la convivencia familiar.
4.Las habilidades de ritmo ahorran energía y desgaste. Es indispensable practicar ejercicio para una buena salud física y mental.

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