Actitud nueva

Quizá, ahora que te encuentras a un paso de tu nueva vida te gustaría afinar un poco tu carácter, tu conducta y hasta tus hábitos, vamos pues, mejorar en toda la extensión de la palabra. Para que estos propósitos no se queden en intenciones será necesario encaminar con eficiencia nuestro comportamiento e intenciones. ¿Quieres saber cómo?

Una creencia no es sólo un pensamiento o un sentimiento aislado, una creencia es la aceptación de ambos. De manera externa, las creencias producen las actitudes que manifiestamos mediante palabras, tonos de voz, caras, ademanes con brazos y manos, así como las posturas corporales que adoptamos.

Las creencias positivas dan resultados positivos, los chinos dicen: lo que bien empieza, bien acaba; pero, cuando las creencias negativas producen resultados negativos, muchas personas buscan pretextos en lugar de darse cuenta que todo empezó con aquello que se pensaba. Es decir, si inicias un proyecto con la idea de que no lo lograrás, lo más seguro es que no lo hagas, pues tu mente ya ha sido programada para fracasar.

Para lograr una vida nueva es importante crear nuevos hábitos que generen actitudes positivas y marquen una diferencia en todo aquello que hacemos. Nadie más que nosotros puede elegir la forma en la que abordaremos la propia vida a partir de aquello que pensamos.

¿Qué quiero?
Un excelente ejercicio para clarificar qué se desea es fijar metas en las distintas áreas de la vida como son la familiar, laboral o de pareja. El segundo paso es trabajar una por una y hacer una lista de los obstáculos internos que nos impiden alcanzar el triunfo, como son nuestros defectos de carácter, y después de los externos, aquellos que en principio no dependen de mí.

Hay que reflexionar sobre cuáles han sido las causas que nos han impedido lograr aquello que tanto anhelamos: falta de esfuerzo, perseverancia o fortaleza suficiente para que, a pesar de las pruebas y dificultades, el interés de consolidar aquello que se desea se vea cristalizado.

Por ejemplo, ¿a qué se debe que no logre un mejor puesto en mi trabajo? La respuesta podría ser mi impuntualidad, el dejar a la mitad los proyectos que me delegan, etcétera. O, bien, ¿qué me ha impedido adelgazar? Quizá el hecho de abandonar las dietas, dejar el gimnasio o, incluso, olvidar el régimen después de caer en la tentación de una gran rebanada de pastel. A continuación algunos puntos que fortalecerán el logro de tus metas:

Busca soluciones para cada uno de los obstáculos internos y externos. Es decir, responde a la pregunta ¿cómo lo voy a lograr?
Marca plazos de inicio, de referencia (plazos intermedios) y la fecha final. En la medida que se determine el tiempo que requiere nuestro objetivo, será más fácil no perder el rumbo.
Ten presente las aptitudes, cualidades y virtudes necesarias para el logro de los resultados deseados. El ejercicio de autoconocimiento facilita el balance sobre aquello que se requiere poner en práctica para cumplir lo que deseamos.
Visualiza el logro. Pensar con pasión cada paso, cada meta, cada objetivo y el resultado final con imágenes, sonidos y sensaciones.

Decir: hoy soy mejor que ayer y mañana seré mejor que hoy, es resultado del trabajo consigo mismo. No hay meta imposible de lograr siempre y cuando mantengamos actitudes firmes y valoremos las cualidades y virtudes que nos llevarán a lograr un verdadero cambio que hará de nuestros objetivos una auténtica realidad.

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