Los retos de la mujer

A lo largo de la historia la mujer ha sufrido marginación. Los logros de lo que es hoy en día forman momentos definitorios; pérdidas, cambio, riesgo, transformación, relaciones de inequidad y supervivencia, una evolución muy diferente a la que ha vivido el género masculino. “Hasta el Niño Dios es hombre, por eso el cielo es azul”, me compartió mi sobrina.

Cuando miro hacia atrás —han pasado ya cuarenta años—, recuerdo que durante mi adolescencia quería ser hombre. Y ¡cómo no! si conocía la cantidad de privilegios que gozaban. Las diferencias de género se sufrían, a las mujeres nos educaban para ser obedientes y serviciales, hacer de comer, bordar y todo lo referente al cuidado de la familia, afortunadamente mi padre nos involucró desde pequeños en el mundo de los negocios.

En cualquier parte del mundo la mujer conoce la sensación de impotencia que acompaña la marginación, sabe lo que significa ser mujer en un mundo diseñado principalmente para el hombre. Por desgracia, en muchos países la mujer sigue muy segregada, la violencia es parte de la vida cotidiana. El espíritu de nuestro tiempo está en movimiento constante, no sabemos qué nos depara el futuro al respecto de la equidad de género. La lucha por equilibrar los opuestos ha dejado resultados positivos, sin embargo, hay demasiada ansiedad y miedo.

La equidad de género modificó el modelo de pareja, nos fuimos al opuesto. Es un hecho que la mujer está más preparada que las generaciones anteriores, más de la mitad de la población activa son mujeres; sin embargo, más del ochenta por ciento reciben bajos salarios y pocas prestaciones —o ninguna—, si ganaran lo mismo que los hombres la tasa de la pobreza se reduciría a la mitad. Las mujeres se incorporaron a la carga laboral de manera vertiginosa, las estadísticas muestran un incremento de familias uniparentales, madres solteras, divorciadas o abandonadas que soportan la carga laboral de sostener una familia. Hoy por hoy, está mas revolucionada que el hombre, desgraciadamente, en cuanto a los roles de pareja, no encuentran el equilibrio.

El poder que ha adquirido la mujer, ¿asusta al hombre? Al parecer la atracción sexual en el siglo XXI, aún se alimenta de los estereotipos del siglo pasado. Las mujeres igualan o superan a los hombres en educación y en el campo laboral, poniendo en jaque la dinámica de la relación de pareja. En nuestro país las mujeres exitosas tienen problemas para encontrar pareja, el rol tradicional sigue presente. La mujer quiere sentirse protegida a la vez que independiente. El hombre admira a las mujeres exitosas, pero quiere ser él quien domine la relación; al intercambiar los roles las presiones sociales son crueles, cuando el hombre se queda en casa al cuidado de los hijos, lo tildan de “mantenido”.

Bety vive en unión libre con el padre de su hija, trabaja desde la adolescencia al igual que su madre, quien se quedó al cargo de sus hermanos. Sin un modelo de pareja de un padre proveedor, aprendió a que la mujer lleva a cabo los dos roles. Me compartió con preocupación los retos que enfrenta con el nacimiento de su hija, los gastos se le incrementaron: “Es que no le pido nada, mi ropa, el carro y todos mis gastos los pago yo”, me comentó con orgullo. “Entonces, ¿para que tienes pareja? —le pregunté—, con esa actitud lo apartas de tu vida”.

El hombre teme a las mujeres independientes. Karen tiene varios años de divorciada, se enamoró de un hombre con el que encontró mucha afinidad. Cuando abrió sus sentimientos él le comentó sus temores: “Me siento chiquito junto a ti”. Karen trató de convencerlo de que lo profesional nada tenía que ver con sus sentimientos y, a pesar de los miedos, lo intentaron; sin embargo, él ponía distancia y no se comprometía hasta que, cansada de jalarlo, lo cuestión: “Dime, ¿en qué estoy mal?”, su respuesta fue contundente: “Te amo, pero no me puedo sentir menos que tú”.

El hombre busca mamá. Teresa trabaja como ejecutiva en una empresa, se queja de que sus relaciones de pareja duran muy poco: “Estoy confundida y no sé cómo comportarme. Ser sumisa no me queda y cuando tomo las decisiones corro a los hombres”. Desde hace dos años vive con un hombre ocho años menor quien gana menos del cincuenta por ciento que ella; se han acoplado de tal manera que se ven muy felices. “Yo tomo casi todas las decisiones importantes —comentó Tere—, a veces siento que tengo un hijo más que una pareja; sin embargo, disfruto su manera tan despreocupada de vivir la vida”.

Los retos
El más difícil de los conocimientos es el de nosotros mismos. ¿Que quieres? ¿Quién eres? ¿Cuáles son tus fortalezas y debilidades?
Ser independiente no significa que tengas que ser autosuficiente.
Seguridad en ti misma: corre el riego, si algo sale mal, qué bueno, la próxima será mejor, y si sale bien ¡adelante! ¡Motívate!
La autoestima es un valor que necesita cultivarse, baja y sube de nivel de acuerdo a la confianza en ti misma.
Femeninas, más no feministas: no es indispensable estar en lucha contra el hombre o ser mandonas, se puede tener autoridad sin perder lo femenino.
Aprender a decir “No”, sin sentirse culpable.
No dejarse presionar por el rol tradicional de ser madre: un hijo requiere tiempo y cuidados, si no estás dispuesta a modificar tu estilo de vida, no dañes la vida de un niño que va a vivir abandonado.
Saber poner límites: primero a sí mismas y luego al entorno. Limitar la adicción al trabajo —es necesario dejar espacio para la recreación—, así como el consumismo, una de las esclavitudes de los tiempos modernos.
La congruencia es una forma de expresar lo que se piensa, los hechos y las conductas. El doble lenguaje es una manera de mostrarse incongruente.
Aprender a comunicarse: todo comportamiento es comunicación, el lenguaje no verbal dice más que mil palabras.
Aprender a manejar las emociones: en la cultura nos enseñaron a reprimir las emociones, acumulamos y acumulamos hasta que se pierde el control.

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