Es una etapa en la cual puede haber desilusiones de ambas partes por una idealización durante el noviazgo y expectativas bastantes altas o irreales del matrimonio. Es una etapa en la cual no solo madura tu relación sino que en lo personal cada uno de los cónyuges tienen que madurar puesto que deben aprender a tomar decisiones y resolver problemas mismos de la relación.
Es aquí donde debemos aprender a decir a nuestro cónyuge qué es lo que me gusta y lo que no me agrada, en todos los sentidos, ya sean cosas triviales o bien cosas de la relación. Debemos de ir aprendiendo a comunicarnos claramente puesto que de esta etapa dependen las demás.
Es aquí en donde debemos comenzar a poner las reglas y limites. En cuanto a reglas es necesario que quede claro cómo se van a repartir los quehaceres del hogar; las amistades, por ejemplo, qué días se permitirán las visitas y qué días no; en cuanto a la distribución del dinero, es necesario que queden en un acuerdo en lo que se invierte y en lo que no, y así.
Habra que dejar bien claro qué tipo de límites se van a marcan con las familias de origen, ya que es muy común que surjan varios problemas ya sea por la cercanía o la lejanía que exista con una u otra. Los límites con las familias de origen, pueden llegar a ser difíciles de establecer, especialmente cuando existe una dependencia económica o cuando los esposos son demasiado inmaduros para tomar sus decisiones.
Por último, pero no menos importante, es necesario que en el área de intimidad también se establezcan sus propias reglas, ya sea sobre sus gustos o sobre aquellos momentos o situaciones que a cada uno le resultan poco favorecedores para propiciar el romance.
Como en todo, la comunicación será la mejor herramienta para que ustedes logren vivir una etapa de adaptación maravillosa. ¡Felicidades!
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Fotografía
Barrera & Fitch Photography