Por principio de cuentas, las piezas individuales o rebanadas de pan se colocan sobre un cesto para que, de ahí, cada comensal tome las piezas que crea conveniente. El plato del pan, donde cada comensal colocará su porción, estará ubicado a la izquierda de su plato, a la altura de las copas.
El comensal troceará el pan únicamente con los dedos (no es necesario utilizar cubiertos para tal fin, ni tradicionales ni especiales) y lo hará a medida que lo vaya comiendo. Es incorrecto deshacer todo el pan en pedacitos para después comerlos. Tampoco es correcto dar mordiscos directamente a la pieza de pan o rebanada.
El pan se trocea únicamente sobre el plato de pan, evitando así que las migas caigan sobre la mesa, las salsas o las viandas. Habrá que cuidarnos de no hacer muchas migas al momento de trocearlo, aunque en algunos tipos de pan esto resulta prácticamente imposible.
Cuando el pan posee una parte que no nos agrada como una corteza muy tostada, el migajón o las orillas, ésta se colocará sobre el plato de pan o si se prefiere, sobre nuestro plato cuando hayamos terminado; de esta manera cuando nos retiren el plato se lo llevarán.
Aunque suele ser costumbre de algunas personas, es incorrecto mojar el pan en fuentes o salseras comunes, ni usando la mano ni con el tenedor. El pan no debe salir de nuestro plato.
Gracias a que este alimento sirve de acompañante para casi todos los platillos, podemos empujar con él algún pequeño trozo de alimento que se resista a ser tomado con el tenedor o la cuchara. Cuando esto suceda, el trozo de pan se deberá comer o al menos dejarlo a un lado del plato, pero nunca en la mesa y mucho menos en el platito del pan.
Ahora sí, estamos listos para el primer bocado. ¿Me pasas los bollos, por favor?