La magia de la comunicación fluida en pareja

¿Alguna vez has sentido miedo de decir o hacer algo porque, en tu relación de pareja, la situación ha llegado a tal punto que las cosas se han salido de control y no sabes qué hacer o cómo arreglarlo? ¡Bienvenida al club! El verdadero problema no es aceptar que formas parte de los muchos que, a veces, necesitamos un empujoncito para arreglar las cosas —en realidad, ese es apenas el primer paso—, sino que muchas veces de plano no sabemos cómo hacerlo o por dónde comenzar.

 

En algunos lugares, la vida parece girar más rápido de lo que podemos analizar, reflexionar o dirigir. De pronto nos vemos o nos sentimos atrapados en una red que no nos permite digerir los problemas y darles una solución sana sino que, como verdaderos cavernicolas, tratamos de darnos a entender a gritos y sombrerazos, siendo que esa nunca es la solución, sino el camino para ir más abajo del infierno de la incomunicación que nosotros mismos hemos construido.

Tal y como dicen, la vida es un plano que nosotros vamos diseñando y, para bien o para mal, nosostros somos los arquitectos de ella. Si es así, entonces, ¿por qué nos afanamos en construir laberintos en lugar de edificar obras maestras? Quizá porque así lo hemos aprendido en nuestro entorno; pero, lo sano es cortar con esos vetustos aprendizajes que nada nos aportan y aceptar que si aquel camino que conocemos no funciona, entonces deberíamos buscar nuevas rutas o aceptar que estamos atrapados y pedir ayuda.

 

Comúnmente, pedir auxilio suele ser la última opción que encontramos debido a que vivimos en una sociedad de apariencias, donde los sentimientos se ocultan bajo máscaras en lugar de trabajarse y, por ello, el orgullo sale a flote ante cualquier contienda como el  robótico mécanismo de defensa. El antídoto es la humildad de aceptar que hemos errado.

¿Cómo salir de la lámpara de Aladino en la que solitos nos hemos metido y anclado con los grilletes de la indiferencia? Aquí unos sencillos tips.

 

#1 No te aisles, ¡pide ayuda!

Aunque  nos vemos a nosotros mismos como adultos, no muchas veces nos comportamos de forma madura y, ante los problemas, la mayoría suele cerrarse como la planta sensitiva, hundiendose paulatinamente más y más en su propio abismo. Habla con alguien más sobre tu situación para conocer diferentes puntos de vista. Recuerda siempre que quien está fuera del problema puede ver más facilmente la salida que quien se encuentra en medio del problema.

#2 Reflexiona

Date unos momentos para evaluar conscientemente qué fue lo que sucedió y pregúntate cuánto contribuiste a que la situación llegara a ese punto, ya que muchas veces el columpio de la victimización es el favorito, pero nunca la banca de la responsabilidad, porque a todos nos  cuesta lidiar con el ego y aceptar que cometemos errores. Ten presente que una problemática no surge de generación espontánea, para que algo estalle más de uno intervienen en que la situación se genere.

 

#3 Escucha otros puntos de vista

Elige a personas que sepas que te aprecian y te conocen para que, con base en ello, puedan darte una perspectiva externa medianamente objetiva. Trata de no ponerte como la víctima porque cuando el cuento es contado desde la perspectiva de Caperucita, el Lobo siempre aparece como el villano y, así, no se soluciona nada.

#4 Comunícate

Para llegar hasta este punto tuviste que recorrer el camino de la humildad (pidiendo ayuda), el de la reflexión (asimilando tu parte de la responsabilidad) y el camino de la escucha activa (donde conociste otras perspectivas). Ahora te toca la parte más dificil: comunicarte con la otra parte de forma serena y tranquila para poner fin al conflicto.

#5 Sé humilde: pide y acepta disculpas

Llegar a este punto es sólo para guerreros, pues aceptar que nos hemos equivocado es una medicina poco grata, pero, una vez que se toma, es sumamente recorfortante porque nos permite crecer desde dentro haciéndonos mejores personas. Si aceptas que todo aquél que se ponga frente a ti es un maestro de vida, entonces entenderás que esa persona está ahí para hacerte trabajar algo dentro de ti y que, por tanto, es un espejo que, de manera natural, que te permite ver el conflicto para crecer. Como diría Frank Berzbach, citando a su editor favorito: “Solo donde hay fricción, puede aparecer el brillo”.

Muchas veces, la cobardía y el miedo nos ciegan, enmudecen y atan confinándonos a  un calabozo construido detalladamente por nuestro ego y orgullo donde solemos colocar, como fiel celador, a la ira y el rencor que nos brindan como alimento emociones de baja intensidad que paulatinamente van matando nuestra escencia, intoxicando nuestro cuerpo y mermando nuestra capacidad de convivir con otros y brillar. ¿Por qué permitirlo si tenemos en nuestro bolsillo las llaves de la humildad, la reflexión y el perdón para otros y para uno mismo que es lo que nos permitirían salir? Te invito a que uses estas llaves, te enfrentes a ti mismo y a los otros, y salgas de ahí. Ten en mente que una vez afuera el perdón libera y que la oportunidad es tanto para otros, como para ti. Bien vale la pena intentarlo, ¿no lo crees?

 

* Mireille Yareth es comunicóloga e historiadora, contáctala en [email protected]

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