La elección de amar

Amar siempre es una elección. Sea consciente o no, siempre lo es. ¡Acompáñame! ¡echémosle un ojo a los múltiples matices del por qué!

 

Cuando dos personas empiezan a generar un vínculo ya sea emocional, afectivo o pasional, siempre hay una elección de por medio, ya sea porque esa persona nos atrae físicamente, nos cae bien o simple y sencillamente porque hizo algo o tuvo un gesto que nos agradó. A nivel consciente esa es una vía, pero a nivel fisiológico, aunque te pueda parecer asombroso, hay mil respuestas del organismo para aceptar o rechazar a alguien. Desde la química corporal hasta  lo psicosocial donde las conductas o respuestas de una persona al interior de un grupo pueden acercarnos o repelernos por completo.

Ya una vez iniciada una relación las hormonas hacen lo suyo y sí, hay que aceptarlo, a todos nos vuelven muy locos y nos sacan de control una que otra vez llevándonos a realizar cosas que jamás hubiéramos imaginado tan sólo por esa fuerza tan maravillosa que es el amor.

 

Sin embargo, una vez transitada esa etapa de furor extremo en la que las hormonas están al mando y mandan al cerebro a la bañera, la razón retoma el timón del barco y entonces aquellos diminutos detalles intranscendentales que no veíamos, ni siquiera detectábamos al principio, empiezan a hacerse cada vez más evidentes. Comenzamos a ver con aumento las cosas y a decir ¡mi madre, sálvese quien pueda! Es en ese momento cuando nuestro sistema de alarma se desatasca  y comenzamos a ver a la persona como en realidad es, lo que nos lleva a preguntarnos: ¿en verdad quiero estar aquí?

Muchas relaciones terminan en este punto cuando la ilusión de lo que creíamos que era esa persona se destroza ante la realidad de lo que en realidad es. El  especialista en psicología Walter Riso menciona en su libro Ama y no sufras, que eso es normal, ya que admiración genera atracción; sin embargo, existe una advertencia en ello. No siempre esta atracción es buena ya que  al subirse al ring la verdad y la ficción, una de las dos termina noqueada, y las más de las veces suele ser la realidad la que baja con el corazón hecho pedazos escuchando cosas del tipo: “No eras lo que yo creía”…

 

Si han llegado hasta este punto, queridísimos, ¡ni se preocupen! Mejor así que continuar peleando contra una ficción que se convierte en un peso abrumador. Que se quede a su lado la persona que sea capaz de aceptarlos tal y como son, con defectos y virtudes; aquel o aquella que los baje del pódium de la perfección y los humanice aceptando el paquete tal y como viene. Aceptar a la persona  como es, no quiere decir que ambos sean quienes deberán realizar algunos ajustes. Hay que entender que una relación siempre es de dos y que para que esto funcione, ambos se tienen que acoplar para lograr congeniar haciendo ciertas concesiones el uno por el otro y siendo flexibles.

Amar, más allá de un cliché de aquello que se presenta en los melodramas de la televisión, el cine o la música, radica en  afrontar las adversidades juntos, de la mano. Incluso ante la adversidad. Amar se vuelve una elección cuando a pesar de cómo es esa persona, y como eres tú, ambos deciden estar juntos por convicción, porque realmente así lo desean. Quedarse o irse siempre es una elección al igual que amar. Quédate si y sólo si esos detalles no atentan contra ti, tu seguridad o tu integridad físicas y moral.

 

Las relaciones más exitosas no basan su felicidad en posesiones o méritos transitorios, sino en el verdadero amor que dos personas construyen a pesar de  las adversidades que se les van presentando y las cuales van enfrentando juntos. Una relación es exitosa cuando ambos logran continuar caminando uno a lado del otro como pareja, bien pareja, es decir equilibradamente y en equidad.

Amar como elección implica muchas veces tener que ceder y otras exigir; pero, sobre todo, se basa en una comunicación abierta y confiada en la que  a pesar de que exista el temor de escuchar esas horrendas palabras de “tenemos que hablar”, se logra superar por el “sólo necesitamos hacer uno que otro ajuste”. Porque a diferencia de lo que se pensaría en la fantasía, las relaciones reales  no terminan en un “y fueron felices por siempre”, porque esa frase se construye todos los días, se lucha, tal y como se lucha por la vida, y se construye tabique a tabique como un gran edificio con sólidos cimientos y fuertes columnas. Enfrentando, hablando, consensuando, acordando y construyendo.

 

En este 14 de febrero supera la parte de idealizar y ser idealizada y, una vez ambos humanizados, elijan amar con todos tus sentidos, incluyendo esas benditas hormonas, aunque a veces todas las odiemos porque, a fin de cuentas, tienen que ver con tu química corporal; pero, más allá de eso, elige amar conscientemente: con todas tus ideas y sentimientos.

Así que ya sabes: amar no es algo que sólo se da, el amor es algo vivo que se va construyendo todos los días por dos maravillosos arquitectos: tú y tu pareja. ¡A construir algo maravilloso!

 

* Mireille Yareth, comunicóloga e historiadora, contáctala en: [email protected]

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