El amor y sus químicos

El amor está rodeado de mitos, los poetas, la
literatura, el cine y las artes le han dado su Denominación de Origen.

El amor es un sueño y un deseo que, de tan buscado,
resulta difícil darle significado. A la frase: “Y fueron felices para siempre”,
con la que finalizan los cuentos, la vida real se ha encargado de
desmitificarla, vivir en pareja con el tiempo se vuelve complicado. Los
occidentales que no tenemos la disciplina de la meditación como los orientales,
buscamos con afán fuera de nosotros el complemento que algún día perdimos: el
amor de pareja, la media naranja, un vacío que trataremos de llenar tarde o
temprano.

 

¿Cómo sucede el enamoramiento?



Entre los cinco y los ocho años, los niños
desarrollan mapas mentales como resultado de las asociaciones realizadas con
los miembros de su familia; de esta manera, en su vida adulta la ruta ya estará
trazada: la atracción se dará con personas con similitudes de aquellos que le
son significativos. El enamoramiento fluye en ambas direcciones, está dado por
opuestos y es inconsciente.    

El amor no sólo es un sentimiento
o un apego, amar es un acto de voluntad, una decisión, un asunto del cerebro
más que del corazón. La persona amada nos despierta una serie de reacciones:
liberación de sustancias químicas que generan un sinnúmero de emociones que
crean energía. Descargas de neurotransmisores —sustancias que intervienen en el
desarrollo de la memoria y en las diversas conductas humanas— y hormonas que
incrementan el deseo.

El encuentro erótico genera una
descarga importante de químicos que participan en el placer, generando una
dependencia similar a la de cualquier sustancia adictiva. Las sustancias
involucradas en el enamoramiento están relacionadas con altos niveles de
dopamina, norepinefrina y feniletilamina.
Basta con traer a la memoria la imagen del amado, su
aroma o un deseo para que se disparen los químicos, lo que se conoce como “las
maripositas en el estómago”.

La dopamina es un químico que
produce sentimientos de satisfacción y placer, aumenta la energía y la
motivación para el sistema de recompensa en el cerebro. Cuando la mujer siente
amor romántico el detonador de la respuesta se origina en una zona del cerebro
llamado sistema límbico, que controla las emociones, aumentan los niveles de
químicos relacionados con las emociones y los sentimientos.

 

La adicción se inicia

El cuerpo libera mensajes químicos constituidos por
aminoácidos y hormonas que se transmiten por el aire y penetran en la nariz
produciendo sensaciones de agrado o desagrado. El olor corporal es muy sutil,
las glándulas de la piel segregan feromonas que estimulan las zonas erógenas,
si el olor es agradable para ambos ocurre la atracción y el deseo de estar
juntos.

La experiencia de enamorarse es
estimulante e intensa y concluye en el deseo de una nueva conquista. El deseo
sexual se une a la idea del amor; sin embargo, si el deseo sexual no está
estimulado por el amor no garantiza la permanencia. En la fase de euforia el
deseo ardiente de sexo está unido a la hormona testosterona. De pronto se
prende la alarma, se pone en alerta todo el sistema para enfrentar la
emergencia, el hipotálamo —el centro de las emociones— envía mensajes a las
diferentes glándulas, especialmente a las suprarrenales que eleven la
adrenalina y noradrenalina, el corazón responde latiendo apresuradamente, las
pulsaciones y la presión arterial se elevan, se liberan grasa y glucosa para la
tonicidad muscular, los glóbulos rojos aumentan para incrementar el transporte
de oxígeno, de esta manera todo el sistema está listo para descargar la
tensión: un acto de placer, el fortalecimiento de los vínculos humanos y el
aumento de la conciencia del ser.

El enamoramiento inicia cuando se
produce en el cerebro la liberación de químicos como la feniletilamina
y la dopamina, sustancias que producen
sentimientos de satisfacción y placer: aumenta la energía, la motivación para
la recompensa y los sentimientos de regocijo. El cerebro libera sustancias
placenteras altamente adictivas que nos hacen sentir “fuera de la realidad”,
similar a trastornos mentales como en la esquizofrenia. Un amante enamorado es
un amante desubicado, la maraña de juegos de placer erótico y la pasión fluida
que caracteriza a los amantes se convierte en una adicción, un vínculo que a
cada intento por separarse los hace más fuertes.

Tocar y acariciar son un fin en
sí mismo, constituyen una forma primaria de comunicación, una voz silenciosa
que evita la trampa de las palabras, al mismo tiempo que expresa los
sentimientos del encuentro. El hecho de acariciar es un placer sensual, una
exploración de la textura de la piel, de los contornos del cuerpo, es la
naturaleza del sentido del tacto, hecho para dar y recibir, la fuente de
emoción de la cual fluye la sexualidad; al comunicarse con el tacto la pareja
reafirma su confianza y renuevan el compromiso que los une.

Cuando la persona reacciona
sexualmente al deseo, a la excitación y al orgasmo, involucra una gran cantidad
de transformaciones corporales, el proceso se desencadena por medio de dos
lenguajes: el cuerpo (inconsciente) y la palabra, el vínculo se realiza en una
danza reciproca. Puede haber sexo sin amor, pero al experimentar sexo con amor se
trasciende, se eleva a un nivel espiritual.

Cuando los amantes tienen que
separarse se presenta el síndrome de abstinencia, un proceso de duelo muy
doloroso sobre todo en los más jóvenes, reacciones tales como pérdida del control y deseo de morirse; sin embargo,
hay buenas noticias: sustancias que sustituyen a los químicos mientras pasa el
duelo. El chocolate es un buen sustituto que además incrementa el placer oral,
es rico en feniletilamina, antidepresivo vegetal por excelencia, como dijo
Charlie Brown: “Una buena manera de olvidar una historia de amor es comerse un
buen pudín de chocolate”.

 

Recomendaciones

  • Hormona
    mata neurona.
  • “El amor es
    ciego, pero el matrimonio le restaura la vista”, Georg Christoph
    Lichtenberg.
  • “El amor es
    la única libertad en este mundo, porque eleva el alma a una altura sublime
    que no alcanzan las leyes, ni las tradiciones de los hombres, y que no
    dominan las fuerzas de la naturaleza”, Gibran Khalil Gibran.

 

* Dra. Rosa Chávez Cárdenas
es psicóloga, homeópata y terapeuta. Consultorio: Tenochtitlan No. 361, Jard.
del Sol, Zapopan, Jal., teléfonos (01 33) 3631 8312 y 3632 3166, Cel. 333 166
92 72, o contáctala en: rosamchavez@hotmail.com.

 

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