Cómo eligen pareja los mexicanos

En este mes de la patria me he dado a la tarea de investigar cómo
pensamos y actuamos los mexicanos al momento de elegir a nuestra media naranja.
Los resultados son realmente sorprendentes, ¿quieres conocerlos?

Si bien en la mayoría de los casos la elección de la pareja se realiza
por amor, más allá del sentimiento, son diversas las ocasiones en que nos
preguntamos qué fue lo que me hizo fijarme o aceptar a mi pareja. Sin lugar a
dudas existen muchas respuestas a este pregunta, pensando en ello hemos
compilado algunas teorías que nos ayudarán a dilucidar este cuestionamiento.

Por principio de cuentas, para la especie humana, la necesidad de
apareamiento se acompaña por otras características, tal como compatibilidad
física y biológica, apego, afecto, cuidado, cariño, interdependencia, compañía
y amor, que también son consideradas necesidades genéticas fundamentales para
la supervivencia de la especie.

Todos los seres humanos estamos dentro de la carrera de emparejamiento,
que de acuerdo con Buss (2006) se compone de cuatro etapas secuenciadas: la
primera es atracción y elección; la segunda, el cortejo; la tercera, la
conservación, y la cuarta, una posible ruptura con la pareja.

La búsqueda y elección de una pareja se constituye como la base natural
para la reproducción; sin embargo, es importante dejar claro que en el ser
humano las formas de elección de pareja —es decir, las características que se
toman en cuenta para elegir a un hombre o una mujer— dependen en gran medida de
las diferentes circunstancias, normas o reglas de vida social que imponen las
culturas y, por supuesto, de las necesidades y bases psicológicas que cada
persona posee.

Es innegable que actualmente se tiene la posibilidad de elegir una
pareja para cualquier objetivo o finalidad que se quiera, como la de tener
compañía, obtener placer o pasar un rato agradable, además de la natural, que
es la de lograr la reproducción, que aunque obviamente sigue vigente, en muchos
casos ha pasado a un segundo término. Así, se ha ido constatando que el
emparejamiento ocurre mediante una elección promovida fundamentalmente por la
atracción física que se tiene por un miembro del sexo opuesto.

A partir de esta perspectiva
biológica-evolutiva, algunos estudios de reconocidos investigadores, como Buss (2006), Díaz-Loving y Sánchez
(2002) y Valdez, Díaz-Loving y Pérez (2006), han encontrado que para elegir
pareja los hombres tienden a buscar una mujer que les sea atractiva sobre todo
por su físico, que muestre una salud favorable y que posea forma de “reloj de
arena” (pechos abundantes para amamantar adecuadamente a las crías y caderas
amplias que aseguren la protección del feto ante cualquier amenaza o incidente
desfavorable que pudiera llegar a sufrir). En contraste, las preferencias de
las mujeres se orientan más a elegir hombres que sean óptimos proveedores, que
tengan habilidades suficientes para conseguir recursos, un buen estatus
socioeconómico y, sobre todo, que estén dispuestos a invertir sus recursos en
ellas y en las crías que lleguen a procrear.

Desde el campo de la
psicología, los estudiosos revelan que las parejas se eligen primeramente en
función de la proximidad, por lo que la atracción física desempeña un papel
significativo al inicio de la relación, como lo señala Álvarez-Gayou (1996),
siendo así, los individuos comienzan a identificar compañeros homogéneos según
su religión, nivel económico, educación, raza y edad, seguido gradualmente de
la atracción afectiva e intelectual.

Desde una perspectiva
psicodinámica, Fromm (1959), señala que los hombres y las mujeres buscan
respectivamente la parte femenina o masculina de sí mismos que han perdido, a
fin de unirse nuevamente con ella; la elección, en este caso, dependerá de la
atracción amorosa que el infante sintió por el progenitor del sexo opuesto, que
más tarde transferirá a un objeto socialmente aceptable que con frecuencia es
la posible pareja (cfr. Craig, 2001). Por su parte, Stassen y Thompson (2001),
señalan que los adultos jóvenes, después de resolver la crisis de identidad,
experimentan una crisis de intimidad frente al aislamiento, que surge a partir
de un fuerte impulso por compartir la vida personal con alguien más.

La teoría de
complementariedad de Winch (1958), señala que la persona elegida destaca o es
capaz de hacer algo que al otro miembro le resulta imposible o complicado.

Asimismo, la teoría
instrumental de la selección de pareja de Centers (1970), afirma que las
personas se sienten más atraídas hacia aquellas que tienen necesidades
semejantes o complementarias a las propias. O, bien, como lo indica Murstein
(1970) en su teoría de estímulo-valor-rol, una persona se une a aquella cuyos
puntos fuertes y puntos débiles parecen augurar una probable adaptación a sus
propias características.

En este sentido, al final de
cada teoría estudiada, existe un punto de acuerdo con el que coincido y que
Bacharat y Simmonet (2004) resumen bastante bien: prácticamente todos los seres
humanos esperan ser elegidos como parejas para sentirse favorecidos,
seleccionados, amados y protegidos.

Parejas mexicanas

En un estudio realizado por
La Universidad Veracruzana (2008), las mexicanas consideran que su pareja real
debe expresar sus sentimientos, mostrar confianza, comunicación,
responsabilidad, compatibilidad, personalidad, valores morales y tener buen
físico. Las mexicanas buscan un hombre comprometido con la relación ya que se
desea que éste otorgue confianza y comunicación a la pareja, y también la
requisición de un elemento necesario, como la compatibilidad entre ambos.
Asimismo, se desea que éste sea responsable y que su conducta esté guiada por
valores (Valdez y cols., 2006).

A la par de lo anterior, las
mujeres mexicanas refieren que los hombres elegidos como pareja real deben
poseer un buen físico y una personalidad única. Lo anterior puede ser analizado
a la luz de la competencia natural que existe, en la cual la hembra selecciona
al macho que considera más apto con base en sus potencialidades y
características (Buss, 2006).

Las mexicanas entablan
relaciones con alguien que puede ser percibido como auténtico, que satisfaga
sus necesidades emocionales y materiales, es decir, con un protector que debido
a sus características naturales sea un proveedor potencial que consiga y
preserve elementos que se encuentran en su entorno y que le brinden
satisfacción a él, a su pareja y a sus crías. Biológicamente, el género
femenino está determinado a elegir una persona que pueda asegurarle su
estabilidad física, económica y emocional.

Por su parte, los mexicanos
varones mencionaron que para establecer una relación de pareja real, se sienten
interesados por una mujer que en un primer momento les cautive por su forma de
ser, que les brinde amor, comunicación, respeto, amistad y que demuestre sus
sentimientos. En este sentido, resulta importante la elección de alguien que
les parezca atractiva, o sea, con buen físico y bonitos ojos, lo que puede ser
entendido como la búsqueda de una mujer que posea las capacidades físicas
óptimas para desearla permanentemente y aparearse con ella, ya sea con la
finalidad de engendrar nuevas crías o, al menos, encontrar el placer dentro de
la práctica sexual (Buss, 2004; Schopenhauer, 1844/2004).

El establecimiento de la
pareja real de los hombres mexicanos se encuentra permeado por las
características socioculturales históricamente atribuidas a las mujeres: que
sea expresiva y amorosa, netamente emocional (Díaz-Loving y Sánchez, 2002) y
físicamente agradable.

Si te has identificado con
los resultados obtenidos en este estudio, no te preocupes ya que seguramente es
porque eres mexicanísmo.

 

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