Amistad conyugal

Entre los factores indispensables para la vida
humana, la amistad resulta un punto fundamentalmente necesario, tanto, que
nadie “elegiría vivir de tal manera, que tuviera todos los demás bienes
exteriores sin tener amigos”.

La relación más
perfecta entre hombre y mujer es aquella que reúne las cualidades de la amistad
y del amor, debiendo poseer la mujer las virtudes de amiga y esposa y el varón,
tener las virtudes de esposo y amigo.

Si el amor —querer el bien del otro— es el
primero de nuestros afectos, raíz y regla de todas nuestras acciones, la
amistad es “lo más perfecto en el ámbito de lo concerniente al amor”. Podemos
decir que la amistad —en el orden afectivo­—, es para los novios la mejor
escuela del noviazgo. Un muchacho amiguero, servicial, sincero, sencillo,
etcétera, querrá que su novia posea estas mismas cualidades. Por eso quien no
es capaz de fidelidad y entrega con espíritu de amistad y fraternidad no es
maduro para el amor conyugal; quien no ha llegado a ser sinceramente amigo o
hermano de alguien, está privado de las disposiciones que preparan los
compromisos del noviazgo y del matrimonio.

La amistad es un recíproco amor de benevolencia
fundado en la comunicación de un bien. Hay tres tipos de amistad: una es
amistad en razón de lo honesto; otra en razón de lo deleitable, y otra en razón
de lo útil.

La amistad útil es aquella en la que sólo se recibe un beneficio,
propia de los políticos, pero también compete a los adolescentes y a las
parejas de novios que pretenden conseguir una relación adecuada a cierto
estatus social. En la amistad deleitable entran los amigos de antro o disco, a
quienes sólo recurrimos para pasar un rato ameno. Mientras que la amistad
honesta es aquella donde queremos el bien de la persona amada, a quien queremos
por ser ella misma; esta amistad es propia de los buenos y de los que se
asemejan entre sí según la virtud.

El que la amistad sea honesta la hace
máximamente amable, en ella se conjugan todas las razones de amar pues “así son
los bienes honestos, porque no sólo son bienes en absoluto, sino también son
deleitables y útiles. En consecuencia, es preciso que en estos amigos el amar
se dé en grado sumo y su amistad sea la más grande, durable y estable de todas.
Está es la llamada a la inmortalidad del amor, del amor espiritual, del amor
personal. En cambio, aspirar a tener una amistad útil o deleitable, es apostar a la precariedad del amor,
según reza el refrán: “El amor por interés, se acaba en un dos por tres”.

Tengamos siempre presentes los actos de amistad
durante el noviazgo y después de éste para así, alimentar la amistad conyugal.

  • Benevolencia: querer el bien de la otra persona.
  • Beneficencia: ejecución de la benevolencia.
  • Concordia: ésta implica que las voluntades de
    varias personas se unan en un mismo consenso.
  • Convivencia.
  • Conversación.
  • Conocimiento de la otra persona.
  • Confidencia: apertura total del alma del amante
    al alma del amado.
  • Elección de las mismas cosas

Elige
a una persona mejor que tú. El matrimonio no es labor social, ni obra de
misericordia; no pienses que vas a cambiar a una persona, si la cambias es para
mejorarla no para redimirla.

 

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