El modista del glamour ya tiene museo

Balenciaga ya es inmortal. Como muchas de las
divas que lucieron sus creaciones. Y como tal, hay que saber conservarlas.


Fue capaz de elevar la alta costura a
categoría de obra de arte. Mujeres mexicanas tan hermosas y poderosas como
Salma Hayek, María Félix o Frida Kahlo se vistieron con sus trajes alguna vez.
Hay quien tuvo hasta el privilegio de tener al modisto como sastre de cabecera
para vestirse a diario; por ejemplo, la familia mexicana de origen vasco
Belausteguigoitia Arozena, para quienes Balenciaga hizo “en exclusiva” 23
diseños con los que “ir de compras a pasear por París”, entre otras
actividades.

Siempre sorprendente y elegante. En 2009, la bella actriz Salma Hayek
daba el “Sí, quiero” al empresario Francois-Henri Pinault. Lo hacía ante más de
150 invitados vestida de blanco con un traje de Balenciaga diseñado por
Nicholas Ghesquire. Estaba radiante con el pelo recogido en un moño, del que
iba prendido el tradicional velo, y un bouquet de orquídeas y jazmines de
Madagascar con cuentas de cristal.

El diseño que lució Hayek en aquella ocasión
no forma parte de la colección del recientemente inaugurado Museo Cristóbal Balenciaga
Museoa, pero sí lo hacen muchos otros que lucieron
mujeres tan brillantes como la mexicana.

Un lugar de referencia

El Museo Cristóbal Balenciaga no es sólo un
museo para conocer el arte de la alta costura y respirar glamour por todas las
esquinas. Gracias a sus piezas únicas, aspira a convertirse en el lugar de
referencia para contemplar y conocer la innovación de la moda del siglo 20. Un
valor patrimonial incalculable cuya conservación se ha perfilado como un
desafío ante el paso del tiempo. Trajes con vocación inmortal para los que se
han aplicado las últimas tecnologías para su almacenaje y mantenimiento.

Entre las piezas que se mostrarán en esta primera etapa, se exhiben un
abrigo y un vestido que Balenciaga confeccionó para Grace Kelly y el traje de
novia de la Reina Fabiola de Bélgica.

La reina Doña Sofía presidió en el mes de
mayo la inauguración oficial del nuevo museo ubicado en Getaria, País Vasco. Al
acto asistió una amplia representación del mundo de la moda, encabezada por
Hubert de Givenchy.

Un proyecto en el que no sólo se ha buscado
luchar contra los años, sino también contra el espacio. Más de 1,200 piezas
—entre textil y complementos— descansarán en salas climatizadas de 150m2
en las que mediante sistemas innovadores de almacenaje, desarrollados y puestos
en marcha por Grupo Eun (con sede en México), se ha conseguido optimizar el
espacio logrando una capacidad de 500 metros lineales para albergar, guardar y
proteger todo el valor cultural que comprenden tantas piezas especiales.

El espacio contará también con una pequeña
biblioteca donde archivar y clasificar importante documentación sobre la vida y
obra de este creador que vistió a algunas de las mujeres más poderosas y bellas
del mundo.

Guardián de los complementos

Balenciaga, arquitecto de la costura, prestó
especial interés por los complementos. “Son diseños muy especiales y variados
que se deben conservar en espacios amplios y adaptables. Ante esta necesidad,
hemos desarrollado una solución técnica que consiste en la instalación de
cajones extraíbles que cuentan con guías telescópicas para evitar tensiones”,
detalla Eguren. Más de dos metros para cada compartimento que pueden adaptarse
a aquellos complementos que tengan algún elemento con una envergadura superior
a la estipulada, como puede ser el caso de los sombreros.

Un sistema que sirve de solución también para
trajes, especialmente los de noche, cuyos tejidos resisten mal el paso del
tiempo. Es el caso de vestidos con bordado sobre tul, que no pueden ser
colgados en perchas puesto que su propio peso hace que la tela se ceda. “En
estos casos hemos tomado una medida de precaución que consiste en mantenerlos
extendidos en estos cajones, con un cojín especial en su interior para evitar
deformaciones, lo que nos permite por otra parte enseñar estas prendas a los
especialistas sin necesidad de sacarlas de su compartimento”, explican los
expertos de la Fundación.

Porque en estas piezas únicas los materiales
cobran protagonismo. “Cuando hablamos de Balenciaga, ablamos de innovación y
técnica, de las primeras piezas que se realizaron en plástico o la evolución de
los metales“. Materiales para cuya conservación se requiere un revestimiento
especial en los cajones para evitar que la humedad —del 50%— y la temperatura
—de 18ºC— provoquen la oxidación de sombreros o lentejuelas, creando un foco de
infección que pudiese deteriorar las colecciones.

 La magia de conservar

“Un traje de estas características puede
mantenerse durante mucho tiempo en condiciones idóneas”. Una afirmación que
aúna horas de trabajo para la restauración y conservación de estas piezas.

El Museo Cristóbal Balenciaga Museoa cuenta
con un elevado número de préstamos de particulares y espera que aumenten tras
la inauguración del centro.

Finalmente se crea para cada prenda una
percha específica con sus medidas y se introduce en una funda de materiales
neutros para evitar el contacto con agentes externos. De esta forma, y gracias
a los módulos herméticos utilizados, se evita que la luz, la temperatura, la
humedad elevada o el polvo deterioren los materiales. El glamour no conoce el
paso el tiempo.

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