Criando hijos, creando personas

Dicen que las acciones enseñan más que las palabras, y en lo que respecta a la educación de un niño es la clave. La forma en que actúes le servirá de guía.

La idea es muy clara: tú estás dispuesta a crecer y desarrollarte como una mujer íntegra para que a partir de tu ejemplo puedas darle a tu pequeño todos los elementos para crecer en un ambiente donde el principal mensaje sea que la felicidad y la plenitud del ser humano depende de actuar con rectitud y buscar la coherencia entre lo que pensamos y hacemos.

Los seres humanos vivimos bajo ciertas reglas, lineamientos y normas establecidas, y es preciso que desde la más tierna infancia enseñemos a los niños a desarrollarse dentro de ellas. Para lograr este fin, Lilia Joya, catedrática de la Universidad Nacional Autónoma de México, recomienda: “Lograr que nuestros hijos se conviertan en personas íntegras, es un asunto que se construye desde casa, en lo cotidiano, y se ve reforzado en la escuela. Cada familia permea con identidad propia los valores que la distinguen, a través de una jerarquía que es definida por los padres”.

Los dos son importantes
La labor de formar a los hijos es compartida, esto quiere decir que tu pareja también debe intervenir activamente, ya que ambos desempeñan un papel fundamental y complementario. Además, de esta manera tu pequeño encuentra en ustedes figuras de respeto, guía, seguridad y amor, pues aprenderá a través de cada una de las cosas que ustedes le enseñen no solamente con la intención de proporcionarle un aprendizaje, sino también de aquellas acciones que realizan cotidianamente y que se convierten en un ejemplo de cómo hay que actuar.

“Una de las funciones más importantes de los padres es promover la recta formación del carácter de los hijos, y para ello es preciso establecer normas de conducta muy definidas y velar porque los niños las cumplan. Los padres deben ser una autoridad amorosa en la que el pequeño confíe porque cree que es capaz de darle esa dirección”, explica Ángela Marulanda, autora del libro “Sigamos creciendo con nuestros hijos”, Editorial Norma.

Las abuelas no se equivocaban cuando decían con mucha sabiduría que “se predica más con el ejemplo que con las palabras”, y este pensamiento se aplica perfectamente en este caso. Si bien es cierto que es imprescindible la formación académica y los consejos que le proporciones, gran parte de la manera en que actuará lo aprenderá de ti y de tu pareja.

El respeto, la solidaridad, el amor por el trabajo, por la familia, la manera de comunicarse, la perseverancia y otros tantos valores los podrán asimilar a partir de que los vivas, por ejemplo: si eres amable y justa con la persona que te apoya en la limpieza del hogar, tú hijo hará exactamente lo mismo.

Tener claro hacia donde deseas llevar a tu hijo te dará la pauta para reconocer el camino que debes andar, no obstante, hay tres puntos que debes tener presentes porque son de las tareas más importantes de los padres, según explica Ángela Marulanda: “Los padres debemos darle a los hijos amor, guía y herramientas. El amor es como el combustible vital que los impulsa en el transcurso de su vida; la guía es la brújula que les ilumina el camino; y la herramientas son las cualidades, destrezas y habilidades que les permiten andar ese camino y superar los obstáculos que pueden encontrar en el proceso”.

Sin duda alguna, el empeño y amor que le imprimes a la formación de tu pequeño serán tu inspiración para forjar su carácter y hacer de él una persona íntegra. Por último, bien vale la pena considerar el consejo de la autora: “Hay que dejarnos de preocupar por formar hijos capaces de defenderse de los demás, y dedicarnos a prepararlos para que irradien la generosidad de su corazón, la pureza de sus sentimientos y la fortaleza de su voluntad de servicio para con el mundo”.

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