Boda o circo

¡Cielo santo!, hubieran visto lo in de la boda a la que nos invitaron hace un mes. Eso, es de no creerse.

Empezó Marijós casi casi al momento en que yo estaba sentándome a la mesa. Tal parecía que esas reunioncitas de jueves ya nos hacían falta: todas traíamos el chal más que amarrado y dispuesto para comernos al mundo en dos bocados, entre más mejor.

—Sí, sí, fue tal la romería que esos novios prepararon para hacer su boda tan única e inolvidable que te juro que el folclor ahí reunido llamó tanto la atención que llegó un momento en que nos olvidamos en dónde y para qué estábamos ahí. El espectáculo resultó digno del Soleil. Así que si la idea era parecer show de Las Vegas, definitivamente, lo lograron.

Y tanto así, que ya ni me acuerdo del vestido de la novia o del momento en que el padre de la novia propuso el brindis. Era tal el alboroto que hacían los mimos, los trapecistas y los acróbatas, que nadie se molestó siquiera en voltear a ver a los novios cuando bailaron el vals que más que vals fue un performance lleno de luz, color y movimiento.

—¡Ay, reina! creo que estás exagerando. Sencillamente, no puedo creerte —exclamó Jenny con su habitual gesto de incredulidad—. Digo, esas fiestas en las que echan la creatividad casi, casi, con los animales del circo con tal de hacer algo novedoso y muy original están como muy a la orden del día, pero llenarlo tanto, se me hace poco menos que imposible, sobre todo porque no hay dinero que alcance para hacer tanto.

—Pues aunque lo dudes —dijo Marijós muy segura de sí—. Esta boda parecía un espectáculo sacado de Las Vegas. Llevaron muchísimos artistas y como fue en un jardín, pues ya sabrás, el toldo era más bien una carpa de circo y todos los artistas llenaban los lugares más importantes.

—Ay no, de plano que me resisto. Esto está como para no creerse.

—Bueno, Jenny, es que a veces la gente cree que en la exageración está el gusto —intervine tratando de meter cuchara en ese pequeño huequito de la conversación que me estaban dejando.

—María, exageración es justamente la palabra correcta —continúo Marijós tratando de ser más explicita—. Creo que quisieron hacerles sentir a los invitados un poco de la visión de artista que ellos tienen. Ella es bailarina de contemporáneo y él es productor de espectáculos de ese tipo.

—Y bueno, perfectamente lo lograron —acertó a decir Jenny un tanto sarcástica.

—Pues sí, definitivamente lograron que todos nos involucráramos en ese ambiente y en ese mundo. Tanto que parecía más un carnaval que una boda. No sé, quizá eso era lo que ellos querían, que la pasáramos de maravilla como si fuera cualquier fiesta y no una boda.

—Pues a mí como que me cuesta un poco aceptar la idea de que en una boda los novios y, especialmente la novia, no sean el centro de atención de todas las miradas. No sé, como que ese día es mágico para cualquier mujer y cederle ese espacio a un malabarista o a un mimo…

—¡Ay María!, tú igual que Marijós suenan como un par de viejas conservadoras. Hay que abrirse a las novedades —intervino Vivi visiblemente encantada por la idea que le provocaba ese gran festejo—. Es normal que cada vez las mujeres vayan cambiando y, generalmente en ambientes como el artístico, crear ilusiones así de fantásticas son algo tangible y para ellos muy aplicable.

Bueno, quizá no logramos crearnos una imagen mental de los novios sentaditos en su mesa cenando tranquilamente o bailando la canción de bodas con toda la familia o luciendo el hermoso vestido que le trajeron de Europa o lo deliciosa que estaba la cena. Pero eso sí, crearon en la mente de sus invitados el recuerdo de una fiesta tan maravillosa como el mismo carnaval de Brasil al que nunca has ido y sin el degenere. ¿Qué tal, eh? Eso es algo que pocas bodas logran.

—Mira reina —dijo Jenny a Vivi con un tono bastante firme y aún resistiéndose a admitir sus argumentos —, la verdad es que creo que estás exagerando. Una cosa es Juan Domínguez y la otra, ya te la sabes.

—Pues una boda es una boda —replicó Vivi al parecer secundada en opinión por Marijós que evidente movía la cabeza en señal de afirmación—. Y meter artistas de circo contemporáneo como que ya cambia bastante el esquema. Estás de acuerdo que si quieres puedes meterle creatividad y sensacionalismo, pero de eso a que parezca circo de tres pistas, cómo que dista mucho ¿no?

—Pues sí— dije yo—. Pero, a pesar de que intento abrirme a la modernidad, como que no me hago a la idea de tener artistas de circo contemporáneo a un lado de mi mesa haciendo malabares mientras como, o bailando debajo de trapecistas que están haciendo el paso de la muerta cada dos minutos.

—Creo que una celebración es una celebración y si ellos decidieron festejar como si fueran espectadores y partícipes de un circo callejero muy a la europea, bueno, pues decisión y presupuesto de ellos —puntualizó Vivi queriendo dar por finalizado el tema.

—Bueno, empiezo a creer que tienes razón —respondió Jenny en un pin pon que, de plano y por más que lo intentamos, no admitió reta de Marijós y mía—. Hay gente para todo, igual y siempre habrá la novia que quiera ser recordada como la hermosa muñequita del pastel o como ésta, que definitivamente, no te acordarás de ella, pero si de su boda como algo irrepetible.

Aún sin aceptar las romerías cirqueras como parte de un festejo matrimonial, Marijós y yo asentimos aceptando que cada quien tiene la celebración que desea y que puede pagar ¿no creen?

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