Bebé Vs. Profesión

Ahora que estás viviendo una serie de ajustes muy importantes, será conveniente tomar el tiempo necesario para reflexionar sobre los cambios que harás en tu nueva vida, sobre todo, si se trata del maravilloso don de la maternidad.

La maternidad representa un cambio hermoso a la vez que desafiante, repercute en todas las áreas de vida de la mujer, entre ellas el trabajo; sin embargo, no hay que visualizar esta etapa como el fin de la carrera profesional, se trata sólo de hacer algunos ajustes sin que eso signifique, tampoco, sacrificar las funciones y responsabilidades de madre, que desde el momento de la concepción se convierten en las más importantes en la agenda.

En la actualidad, las mujeres juegan un rol fundamental en el campo laboral, atrás quedaron esos tiempos en los cuales la maternidad automáticamente implicaba quedarse en casa y renunciar al trabajo, incluso, lo más común en las nuevas parejas es sostener el hogar en equipo. Si la situación económica y familiar lo permite, la mujer tiene la opción de elegir si desea interrumpir el desempeño en el ámbito laboral sólo por el tiempo necesario, indefinidamente o, bien, hasta que el bebé crezca, lo importante, en este caso, es que se asuma la elección con inteligencia y pleno convencimiento.

Si el sueño es ser madre sin ponerle pausa al crecimiento profesional o si se es el sostén económico del bebé y no se puede dejar de generar ingresos, esto no debe ser causa de angustia, ya que en la medida en que se alcance una buena organización, será posible encontrar espacios de calidad, que resultan mucho más efectivos que la cantidad de horas que se comparten con el pequeño.

¡No! a la culpabilidad

Compaginar el trabajo con la maternidad puede generar una serie de emociones encontradas que harán dudar si la resolución tomada fue la correcta o si sería mejor hacer un esfuerzo para dedicarle más tiempo al bebé. Otro posible escenario es que, por el contrario, se decida quedarse en casa aunque en el fondo exista la duda sobre si hubiera sido mejor haber retomado las actividades laborales.

Aunque ambas situaciones son distintas, si la decisión no se asume con plena convicción lo más probable es que aparezca el temido y desagradable sentimiento de culpabilidad que, de permanecer más de lo razonable, indicará que no se ha podido organizar adecuadamente o que se tienen que replantearte las medidas impuestas.

El regreso

Si la mujer se incorpora al trabajo inmediatamente después del nacimiento del bebé, es necesario considerar que su regreso debe ser en condiciones diferentes, pues aún cuando se tenga claro el deseo de continuar con la carrera laboral, hay que tomar en cuenta la propia recuperación física y emocional, así como los cuidados, el interés y el amor que el bebé va a necesitar, no sólo esos primeros y delicados meses, sino durante toda su vida.

Es recomendable explorar la posibilidad de una jornada de medio tiempo, por lo menos hasta que el bebé cumpla un año y el metabolismo de la mujer haya vuelto a la normalidad. Este periodo, con un horario más flexible y amable, también puede servir para organizar un sistema de atención y cuidado para él, tal como podría ser involucrar una niñera que la auxilie con algunas tareas.

Otra alternativa es negociar trabajar unos meses desde casa, pues aunque de todas formas será necesaria la ayuda de alguien más, el hecho de estar cerca del bebé puede tranquilizar y facilitar el manejo de los primeros meses.

Una vez que se encuentre el esquema que se adapte a cada mamá, será más sencillo distinguir que los sacrificios que se hagan al modificar la rutina, agenda y vida, serán compensados por la tibieza de sus manitas, la dulzura de sus balbuceos y una carita que realmente lo vale todo.

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