Duelos silenciosos: ¿qué pasa cuando dejas atrás la soltería?

El proyecto de tu boda llego a su fin, así tu luna de miel también, y lo creas o no, eso genera un micro duelo, bienvenida a nueva rutina. ¡Dile adiós a la vida tal cual la conocías! ¿Estás preparada?
Por: Itzy Lugo, especialista en psicología y tanatología*

Sí, acepto. Dos palabras que abren paso al gran cambio. Una gran emoción. Una llamada, “mamá, papá, ¡me pidieron matrimonio” sientes cómo fuegos artificiales se apoderan de ti, tu mano ya no luce igual, ahora tienes un anillo que anuncia un gran compromiso. Tus expectativas están al tope, comienzas a idealizar ese cambio no solo de situación civil, sino también un cambio de vida. Si vivías con tus padres, ahora vivirás con el amor de vida, con tu compañero de vida y si ya eras independiente, ahora compartirás tu espacio con la persona de la que te enamoraste.
Primer acto: ¡me voy a casar!

Comienzan los preparativos, las felicitaciones, los nervios… hasta que por fin llega ese día tan esperado ¡la boda! Todo parece salido de un cuento. Después esa tan añorada luna de miel en donde viajas por primera vez como Mr. & Mrs. El viaje espectacular, risas, diversión hasta que llega el momento de volver a casa, tu nueva casa.
El proyecto de tu boda llego a su fin, así como la luna de miel, y lo creas o no, eso genera un micro duelo, bienvenida nueva rutina, adiós a la vida tal cual la conocías.
Comienzan los días, las semanas y sin pensarlo, sin quererlo, tu cuerpo, tu mente comienza a sentir esos micro duelos que se generan por tu nuevo estatus civil: esposa. Y esos micro duelos nadie los ve, nadie los entiende, nadie los nota… solo tú, porque cada mujer los vive y los procesa de una manera muy diferente, pero ¿Por qué me siento así si era lo que quería?
Segundo acto: tu identidad… ¡cambió!

Parte de tu identidad cambió, ahora no solo eres hija, hermana, prima, ahora también eres esposa y esto implica otro tipo de responsabilidades. El “yo” ya no se siente tan autónomo, ahora hay un “nosotros” pero desde un lugar mucho más profundo. Y aunque ese “nosotros” te recuerda de forma romántica que alguien está ahí para ti, una parte de tu ser asume una nostalgia silenciosa por la libertad y ligereza de no dar explicaciones para salir.
Compartir es una acción que la mayoría de nosotros estamos acostumbrados, en casa compartimos todas las áreas comunes, incluso podemos compartir nuestro cuarto con alguna hermana o hermano, pero ¿nuestra cama? Probablemente era muy romántico compartirla en esas escapadas de fin de semana o en vacaciones, pero… ¿mi cama? ¿diario? Con todo lo que eso implica, ronquidos, movimientos a los que antes no estabas acostumbrada… hasta sentir que la cobija se vuelve un objeto de guerra. Sí, claro, estoy exagerando, pero la pérdida de tu espacio para dormir también genera un micro duelo… ¿Quién ha dejado esos calcetines a mitad de la recamara?, ¿en dónde está mi espacio de privacidad total?, ¿compartimos el vestidor?, ¿mi lado, tu lado para poner la ropa? Sí… todo esto es un cambio.
Aunque estamos en pleno 2026, aún hoy en día un número importante de mujeres se hace cargo de la planificación del hogar, por supuesto que cada caso es diferente, pero al final la mujer en la mayoría de los casos invierte gran parte de su tiempo en la planificación, organización y hasta ejecución de tareas en el hogar.
¿Recuerdas esa libertad con la que planificabas tu vida social? Ahora tus prioridades cambian y lo cierto es que las amigas solteras no las perderás, pero comenzarás a vivir una rutina muy diferente y planes a los que ya no te sentirás tan cómoda.
Tercer acto: ¡tu paz retornará!

El dinero… ¿mi dinero es mío?, ¿es tuyo?, ¿es de los dos? Y aún hay más: ¿yo me hago cargo o tú te haces cargo?, ¿qué le toca a quién?, es decir también asumes responsabilidades económicas diferentes a las que estabas acostumbrada. Tranquila, todo se va acomodando.
Toma nota: sentir estas pérdidas y micro duelos nada tienen que ver con el amor a tu esposo y a tu nueva vida, significa que, como todos los seres humanos, cada uno con sus herramientas de vida procesas una transición vital profunda.
Recuerda que compartir una vida no significa estar como muéganos, esta idea tan romantizada, significa amar en libertad y no en posesión. Recuerda que no estás desintegrando tu vida anterior, solo estas reintegrando a tu vida un nuevo capítulo.
Y como dice una frase anónima: “Las parejas más felices no tienen el mismo carácter, tienen la mejor comprensión de sus diferencias”.
* Itzy Lugo, especialista en psicología y tanatología, síguela en Instagram: https://www.instagram.com/psic_itzylugo/
Fiancee Bodas
