Internet: la adicción del siglo XXI

Los jóvenes y los niños comienzan a drogarse con la internet
por curiosidad, porqué está de moda, por la emoción de una nueva cuenta en la
red. “Las modas se contagian más que las infecciones”.

Con la ruptura del modelo de educación autoritaria
basado en jerarquías, nació una pseudoideología: la Permisividad; sin
prohibiciones, sin limitaciones, llegar cada día más lejos, un tipo de hombre cada vez más débil e
individualista donde todo es relativo, positivo o negativo, bueno o malo.

¿Cuál es el perfil de estos adictos? Se
trata de personas que todo les interesa a nivel superficial, creen en todo y en
nada, carecen de criterios sólidos en su conducta y han perdido la capacidad de
asombro. Un hombre superficial, indiferente, permisivo, con un gran vacío moral
que trata de llenarlo pasándola bien a costa de lo que sea. Como consecuencia
queda atrapado en el consumismo por la búsqueda de sensaciones cada vez más
nuevas y excitantes.


El deseo de
verlo todo, curiosear para ver qué se encuentra en las carreteras de la
información, hombres y mujeres cada vez más visuales con dominancia del
hemisferio izquierdo: lógico, analítico, basado en hechos, cada vez con menos
capacidad de controlar sentimientos y emociones, localizados en el hemisferio
izquierdo, que es donde se encuentra la creatividad, la intuición y las
emociones, lo que desde hace años se llama Inteligencia Emocional.

Las drogas son
siempre una evasión, un escape de una sociedad en la que se sienten atrapados,
cada vez más materialista centrada en el éxito y el dinero, mentes activas y
cuerpos pasivos. Buscando una nueva libertad terminan atrapados navegando en la
red cada vez más pasivos, y como consecuencia de la pérdida de creatividad van
perdiendo la capacidad de crear herramientas para luchar. La droga permite
alejar el dolor y el sufrimiento, el fracaso y la frustración, parece el camino
más rápido, sin embargo, queda atrapado en la trampa psicológica de la
dependencia.


En una sociedad
cada vez más competitiva con individuos cada vez más débiles, individualistas,
sobreprotegidos por padres adictos al trabajo que dan todo menos afecto, no es
de extrañarse que cada día aumenten el número de deprimidos. Escasea el trabajo
o está poco remunerado para los que están preparados. Al no encontrar la
alegría de vivir, cada vez más personas se van haciendo antisociales, buscan
evadir la realidad, se esconden en el anonimato navegando por la red.

El término “Desorden de adicción al
Internet”, nació en 1995 por el doctor Iván Goldberg, psiquiatra de la
Universidad de Columbia, con los siguientes síntomas:

·     
Disminución
generalizada de la actividad física.

·     
Cambios drásticos en los hábitos de vida.

·     
Privación o
modificaciones en los patrones de sueño.

·     
Rechazo a actividades
fuera de la navegación en la red.

·     
Negligencia respecto al
trabajo y las obligaciones personales.

Sin embargo, el manual de Psiquiatría
DSM-IV, aún no lo considera como patología porque, de acuerdo a los síntomas,
pertenece a un padecimiento psiquiátrico: el trastorno obsesivo compulsivo o a
la depresión. Un estudio en 1996 mostró que un 43 por ciento de los internautas
son amas de casa, 8 por ciento son profesionales de la tecnología, 10 por
ciento busca información y noticias, 25 por ciento adeptos a las relaciones
amorosas en chats y un 14 por ciento a los juegos en línea.

El caso de Daniela, de 10 años, es una
muestra de lo fácil que los atrapa la red. Se aficionó al Chat con sus amigas
de la escuela; tarde se le hacía llegar a casa para chatear con los amigos,
además, los persuadía para obtener su contraseña, sentía placer abrir las
cuentas y mandar correos desde otro sitio. Su madre al verla pegada a la
computadora nunca imagino que estuviera haciendo algo malo, hasta que en casa
de sus primos comentaron que el maestro de deportes era aficionado a mandar
mensajes a las niñas: les decía que eran las más bonitas de las clases, las
consentidas. Al sentirse descubierto por el primo amenazó a Daniela para que se
quedará callada, en ese momento, ella se puso muy nerviosa y no tenía idea de
cómo arreglar el asunto, hasta que se lo comentaron a su madre.


La adicción a la Internet se define
porque se planean las actividades alrededor de la conexión y sienten ansiedad
cuando están offline,
sufren un
deterioro en sus relaciones cara a cara, pierden amistades, modifican sus horas
de sueño y hábitos alimenticios. No estar en línea es sufrir alteraciones
fisiológicas como sudoración, ansiedad, irritabilidad y desesperación. Por lo
regular, padecen otro tipo de alteración o trastorno de personalidad. Son
introvertidos y con pocas habilidades para las relaciones sociales. Otro tipo
de perfil son los que visitan las páginas de pornografía y coleccionan videos o
fotografías de contenido sexual, por lo que es muy preocupante el hecho del
bombardeo a los adolescentes con demasiados elementos sexuales.

 

Examen para adictos

Si contestas afirmativamente a cinco o más preguntas
podrías padecer una adicción al Internet.

 

1. ¿Sientes expectación ante tu próxima sesión en
línea?

2. ¿Tienes necesidad de estar por periodos de tiempo cada vez mayores?

3. ¿Has hecho esfuerzos por controlar, reducir o
frenar el uso de la Internet?

4. ¿Sientes mal humor e irritabilidad al intentar
reducir tu tiempo en línea?

5. ¿Permaneces el línea más tiempo de lo programado?

6. ¿Has puesto en riesgo alguna relación personal, un
trabajo u otra actividad por estar en la red?

7. ¿Has mentido a familiares con el fin de ocultar tu
devoción por la red?

8. ¿Recurres a la Internet como una forma de escapar de tus problemas?

 

Recomendaciones

      
No se apresuren a
comprarle computadora a los niños, es más importante que practiquen deporte,
clases de música, baile, natación, etcétera.

      
No son necesarias las
computadoras en el preescolar, es más importante la socialización y el desarrollo
de las habilidades psicomotrices.

      
Si sientes que tu
pareja o tus hijos tienen la adicción es recomendable buscar ayuda profesional.

 

* Dra. Rosa Chávez Cárdenas es psicóloga, homeópata y
terapeuta. Consultorio: Tenochtitlan No. 361, Jard. del Sol, Zapopan, Jal.
Tels. (33) 3631 8312 y 3632 3166, Cel. 333 166 92 72, [email protected].

 

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