Lo siento, estás despedida de mi corazón

Un amor es de dos. Dos hacen que sea posible que perdure o claudique; pero, ¿qué sucede cuando el amor no es tan sólido y decide terminar tan rápido como empezó sin siquiera una oportunidad al error?, ¿en qué momento las cosas del amor se transforman en una suerte de empleo en el que si no logras a cabalidad la tarea para la que fuiste contratado, entonces te llaman para decirte: “Lo siento, estás despedida porque no cubres las expectativas del puesto. Contrataremos a alguien más”? ¿Te ha pasado? Entonces sigue leyendo.

 

En México, las relaciones honestas no son muy comunes. Sentarse, hablar y dialogar es cosa de otras arenas distantantes al corazón. La mayor parte de relaciones espera a morir lentamente de asfixia, sin hablar por miedo a la confrontación. En un país mayoritariamente regido por el patriarcado, donde la escala del violentometro está marcado por el 30, poco han tenido que decir las mujeres. Ha sido sólo en las metrópolis que los movimientos feministas del siglo pasado han tenido un impacto que ha logrado transformar la dinámica de las relaciones; sin embargo, es necesario decir también que ellas han abusado del poder bajo la faz de la victimización, haciéndoles a los otros lo mismo que ellas sufrieron y generando relaciones inestables y tóxicas. Entonces, ¿cómo se puede si quiera hablar?

La comunicación es uno de los pilares que se soporta una relación sana, donde dos dialogan acerca de sus pensamientos y sentimientos; sin embargo, este tipo de comunicación no es tan sencilla como pareciera ya que implica dos tipos de inteligencias: racional y emocional para lograr salir avante. Cuando una de las vías se corta y la otra sólo aguanta escuchando, entonces se vuelve una relación gerencial: inequitativa y caprichosa, donde uno como jefe manda y el otro como subordinado obedece, teniendo como resultante, a la larga, un impacto negativo en alguna de las dos partes que conforman la pareja.

 

Equivocarse en una relación de pareja es normal, es parte de un proceso de adaptación, es como bailar, nadie nace sabiéndolo hacer, sólo con base en el sistema aprendizaje-error y perseverancia es que las cosas logran prosperar y las personas pueden avanzar juntas; pero, si en el proceso una de las dos parte se vuelve intolerante porque lo pisan y se va, es que no es una relación equitativa, sino estructurada en escalafones de poder con base a la vieja técnica de “quién ama más a quién”.

Cuando en una relación las estructuras de poder comienzan a construirse, no todo está perdido, pero si es un síntoma de que van por mal camino, porque tarde o temprano alguien terminará mandando de una manera tiránica y otro obedeciendo de una forma servil, construyendo un abismo insondable en el que el corazón y el amor poco puedan hacer. En este terreno en el que el amor se transforma en una especie de oficina, entra un factor más: la competencia.

 

Cuando realmente no es amor, sino una variación de éste como la pasión, el erotismo o  la lujuria es probable que los errores no sean tan soportables y que el orgullo y la soberbia jueguen un papel fundamental en la ruptura, abriendo paso en el proceso a una nueva competencia por ver quién más está interesado en ocupar ese espacio. En caso contrario, cuando en verdad es amor, aunque el doblegar el orgullo  sea difícil, el perdón prevalece y esta fuerza vence todo obstáculo, ya que en lo profundo sabes y sientes, que no hay nadie más y que esa persona que está a tu lado no es un objeto, sino tu compañero de vida, la otra parte de tu corazón y aquel con quien deseas caminar el largo sendero de una vida en conjunto con todo lo bueno y lo malo que venga.

Si alguien por error te dice o te da a entender que “no eres suficiente”, “que quizás debiese de buscar a alguien más” o que “está perdiendo su tiempo contigo”, es momento de que lo pienses. El verdadero amor nunca dice esto es mío, sino que otorga a manos llenas diciendo: toma, todo esto es tuyo. El amor verdadero aprende a aceptar los errores y continúa, no se va sólo porque pareces ser un empleado que no hizo bien su función y merece ser despedido y remplazado por otro. En el amor no existe el remplazo, simple y sencillamente porque sólo existe una persona que ocupa ese espacio y sin él o ella tu vida no sería igual.

 

En el México del siglo XXI, las relaciones laborales son mucho más delicadas que en tiempos anteriores. Sus complejos esquemas incentivados por llenar expectativas de un mercado global han impulsado hasta muros insondables el sistema de competencia que ha llegado a ser poco sano, entonces la pregunta que resta es, ¿por qué aplicar estos rancios e inservibles sistemas al  mundo del corazón?, ¿por miedo a ser lastimado e intentar cubrir toda “área de oportunidad” posible?

El corazón no es ni nunca será una oficina bien arreglada donde todo funciona estructuradamente. Ni siquiera en la vida real sucede eso. El mundo de la oficina es un entorno complejo en sí mismo en el que ni el mejor manual, planeación cultural organizacional puede evitar los problemas que van surgiendo en la vida misma.

 

Así que, ya lo sabes, los despidos  y las renuncias en el área del corazón no aplican. Deja eso para la oficina. Comprométete, lucha y enfrenta tus miedos. El amor siempre es a pesar de todo lo que ocurra alrededor porque siempre su fuerza logra vencer todo obstáculo.

* Mireille Yareth, comunicóloga e historiadora, contáctala en: [email protected]

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