Cómo conquistar un corazón a la mexicana

Para ponernos a tono con la temporada, hay un tema que no podía dejar pasar: la conquista de un corazón a la mexicana, un proceso que en nuestro país adquiere matices únicos e irrepetibles.  

 

En otras latitudes, conseguir un afecto es muy diferente, en algunas partes son muy directos, en otras muy abiertos y algunas más muchísimo más conservadores. México, en cambio, rebasa todos los límites, pone a prueba tu tenacidad e ingenio, echa mano de tu pasado y desafía constantemente tu presente.

Cuando hablamos de hacer las cosas a la mexicana, comúnmente pensamos en cosas improvisadas, algunas veces al aventón, al ahí se va y quizá hasta con desdén o sin importancia, aunque existen sus honrosas excepciones. Sin embargo, cuándo esta frase se aplica al tema del amor cambia por completo su significado, pues si hay algo en lo que los mexicanos nos lucimos es en el flirteo o coquetería y en la conquista.

 

Pero, ¿cómo coqueteamos y conquistamos los mexicanos? Habría que decir al respecto que los millennials y centennials le hemos agregado nuestro toque particular al asunto aplicando los medios y las tecnologías que tenemos a nuestro alcance para hacer cosas fantásticas, conservando, a su vez, parte de lo que abuelos y padres nos enseñaron.

Aludiendo a las herencias culturales que generaciones anteriores nos legaron, recurrentemente escuchamos dentro de nuestro refranario cultural  frases  como “dónde pongo el ojo, pongo la bala”, que, aunque en un tenor muy macho, alude a la tenacidad y perseverancia que un hombre tiene que demostrar para cuando realmente desea ganarse el afecto de una mujer. También encontramos el de “quien quiera azul celeste, que le cueste”, en alusión al grado de dificultad que las mujeres ponemos a los hombres, en señal de que quien en realidad nos quiera, deberá esforzarse lo suficiente para demostrarnos lo que es capaz de hacer con tal de ganarse nuestro corazón.

 

Las frases anteriores no son arbitrarias ni casuales, forman parte de una ideología construida a lo largo del tiempo que puede ser compartida, rechazada, estar vigente o  por completo rebasada. Lo cierto es que forma parte de una visión y modo de vida en el cual es evidente el tinte macho y la coquetería femenina, dando cuenta de una clave básica en el romance mexicano: que al hombre le gusta conquistar y a la mujer darse a desear sintiéndose valorada.

Acerca del uso de la tecnología aplicado a este punto, habría que decir que el acercamiento del mundo a tan sólo un touch de pantalla o un clic del mousse, nos ha permitido ampliar nuestro universo y hemos aprendido otras formas de pensar, hablar e incluso interactuar; sin embargo por más abierto que resulte este nuevo mundo, hay un factor innegable e ineludible que llevamos tatuado hasta el alma: nuestra identidad impregnada de historia y tradiciones que prefiguran nuestras actitudes. Es quizás por ello que en México “a la mexicana” también es sinónimo de como la mujer se deja conquistar valorándose y valorando el esfuerzo de ese maravilloso corazón y de cómo aún existen hombres que no dejan de luchar una y otra vez, sin quitar el dedo del renglón, hasta conseguir aquello que tanto anhelan.

En la lucha por ganar ese corazón que tanto ansiamos, los mexicanos echamos toda la carne al asador esperando que dicha apuesta resulte satisfactoria. En ese tenor, detalles como las flores, chocolates, peluches, comidas, paseos, escapadas románticas e, incluso, las serenatas, no han pasado de moda, por el contrario, ahora con la tecnología hemos hecho de ellos nuestros más fieles aliados refinando aún más nuestras técnicas con las múltiples ideas que nos ofrece el ciberespacio, de entre las cuales cabría destacar la presencia de agencias especializadas en peticiones de noviazgo e incluso matrimonio.

Y es que, lo cierto, es que aunque en México nos dé mucho miedo hacer algo “nos aventamos al ruedo y agarramos al toro por los cuernos”, prefiriendo arriesgarnos que quedarnos contemplando la barandilla indefinidamente, viendo pasar la vida. Quizás por ello es que al menos lo intentamos, nos armamos de valor y ahí vamos arriesgándonos, jugándonos el todo por el todo y recordando que “el que no arriesga, no gana”.

En nuestra incursión de la temeraria conquista, también habría que decir que ni todos somos ni machos ni machas, ni tampoco inalcanzables. En estas nuevas generaciones nos hemos esforzado por conservar lo lindo de nuestro pasado, aún al precio de desafiarlo si ello es necesario, apostando por nuevas actitudes que conquistan como la de un chico que se atreve a cocinar y a preparar una cena romántica para su pareja; una chica que sin ninguna ocasión en especial le regala flores aquella persona tan especial con el único motivo de hacerle saber que es importante; de aquellas parejas que siguen manteniendo viva la llama escabulléndose de vez en cuando de paseo, y quienes aún desafian el paso de los años tomados de la mano, bailando al compás de la música y sumamente enamorados.

Por ello, en septiembre, mi apuesta es por la conquista a la mexicana: valiente, audaz, en otras ocasiones temeraria, pero siempre sincera. Aquella que recupera el  romanticismo chic de las glorias pasadas, se entrelaza con la innovación que ofrece la vida on-line y otorga como resultado una combinación auténtica de lo que somos, tan fuerte como el tequila y el mezcal, pero tan dulce, suave y deliciosa como la nogada de esta temporada.

 

Y tú, ¿qué es lo más lindo que has hecho por ganarte un corazón?, ¿cómo ha ido tu conquista a la mexicana?

* Mireille Yareth, comunicóloga e historiadora, contáctala en: mire.ya.galcal@gmail.com

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