Cómo hemos cambiado: las bodas ayer y hoy

Las chicas y chicos de este siglo hemos cambiado. Somos la suma de aquellos que nos precedieron y las innovaciones de este nuevo mundo. Nos han bautizado como millennials y centennials. Entorno a nosotros prefiguran mil y un características que nos atribuyen por ser generaciones nacidas después de un fuerte impacto tecnológico; pero, ¿qué tan cierto es esto?, ¿cómo afecta o impacta en nuestras vidas? Pensemos, quizás, en nuestras bodas y su correspondiente planeación.

 

Nuestra generación, a diferencia de la de nuestros padres y abuelos, se toma más tiempo para decidir no sólo cuándo nos queremos casar, sino con quién y para qué. Empezamos a considerar la idea de algo serio al final de los veinte, a inicios de los treinta, cuando ya hemos puesto en  práctica algo de lo que queremos y estudiamos; cuando ya viajamos y conocimos; nos enamoramos, caímos y volvimos a ponernos en pie.

Las bodas, a diferencia de antaño, no las deciden los padres, sino los hijos con apoyo de los padres; pero, sobre todo, construyendo acuerdos con nuestra pareja con quien perfilamos nuestro mundo tratando, así, de hacer un entorno más frendly y menos tendiente a las imposiciones.

 

Sí cambiamos. Pasamos no sólo de un entorno colectivo a uno más individualista, sino a uno donde el valor del tiempo está relacionado al costo/beneficio, motivo por el cual nos volvimos más selectivos. En nuestras generaciones son comunes la inmediatez, hiper-comunicación e interconectividad, herramientas con las cuales tomamos decisiones en menor tiempo, de tal forma que, aunque los novios decidimos desde la cantidad de invitados, el espacio de la celebración (jardín, terraza, salón, playa, etcétera), la flores, los aperitivos, el menú y hasta la decoración, al estar interconectados con otros abrimos un abanico de posibilidades mucho más amplio; decisiones que en un momento pudiesen haber parecido apabullantes (debido al tiempo y a los traslados), ahora, con ayuda de nuestros amigos y familia, a través de las redes, podemos hacer más sencilla e incluso más llevadera la planeación de la boda.

Las ofertas por internet nos facilitan la vida ya que, en un menor tiempo, encontramos desde cómo hacer la petición perfecta hasta el paquete de tus sueños para que tu boda sea inolvidable (incluidos fotógrafo, florista, banquetero, wedding planners, hoteles, aviones y hasta luna de miel).

 

¿Y cómo llegamos a ello? En la antesala de la boda, los consejos de hermanos, primos, amigos y hasta vecinos no se hacen esperar. Todos quieren poner su granito de arena en la cumbre de nuestra felicidad. Más allá de los mitos, miedos y consejos, es importante determinar qué nos hace elegir a un proveedor como la mejor opción para dar el clic efectivo, ¿acaso una buena foto? Por si no lo han sospechado, les sorprenderá saber que no, estas nuevas generaciones tan estereotipadas no tomamos todo a la ligera ni somos tan influenciables como se dice. La decisión final, al igual que hace mucho tiempo, se sigue basando en la comunicación de boca en boca, la referencia o recomendación. El saber que un sitio le funcionó a una persona conocida y no sólo a un hermoso fantasma del ciberespacio es lo que nos impulsa a dar el clic y a contratar el servicio confiando en que será bueno porque, justamente, de eso es lo que se trata  el día de tu boda, de confiar y empezar con el pie derecho.

Otra forma, más allá de la referencia, es también la presencia, visitar las instalaciones del anunciante que nos interesó y constatar la calidad de sus productos, bienes o servicios; por medio de una cita conocemos el espacio físico para saber que es real y que existe una persona y un equipo comprometido, pasando así de lo virtual a lo real.

 

La presencia es, quizás, la parte que más tiempo implica y la que puede aligerarse a través de agencias especializadas en bodas o la contratación de un wedding planner.

Pese a lo tecnológicos que pudiésemos parecer, hay un factor más que nos sigue determinando: la cultura. Culturalmente, a diferencia de otros países y particularmente en el caso de las bodas, los mexicanos sentimos gran apego a nuestra familia y a nuestras raíces, que pueden ser múltiples debido al fenómeno migratorio. En otras latitudes, planear un evento de la talla de una boda es más independiente; sin embargo, en México seguimos recurriendo a la opinión de amigos y familiares para sentirnos más seguros en nuestra toma de decisiones. Acudimos a  varios eventos con familia o amigos, ejemplo de ello es la prueba del vestido de novia a la que asistimos en medio de nuestro nerviosísimo con la madre, la hermana, la prima, la mejor amiga, por aquello del voto de calidad.

Así, en cuanto a decisiones y cambios en la planeación de la boda, se puede decir que cada generación va agregándole diferentes valores al sentido de su existencia; en el nuestro, es innegable el factor tecnológico que no sólo ha impactado sino que se ha vuelto parte innegable de nuestra comunicación e interacción con los demás. Pese a todo esto, la mayor parte de estas nuevas generaciones seguimos siendo fieles a algunas tradiciones y costumbres que son parte de nuestra cultura y, por ende, de nuestra identidad, por lo que ciertamente somos parte de dos mundos: este, al que llegamos, y el que vamos construyendo día a día esperando sea mejor.

 

* Mireille Yareth, Comunicóloga e Historiadora, contáctala en: [email protected]

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *