Depresión o aburrición

Muchos se quejan y reniegan de todo y por todo, se cansan fácilmente, no le encuentran sentido a la vida; trabajan y el salario se les va en pagar las cuentas. Otros ya no ven la salida, solo pagan intereses. Las mujeres se quejan de llegar cansadas del trabajo y seguir con la doble jornada, poner en orden la casa y preparar la comida del día siguiente. Los hijos no tienen iniciativa para ayudar en los quehaceres de la casa, pegados a los dispositivos móviles, cuando les piden un favor dicen que están ocupados. Este panorama de insatisfacción se repite a menudo en los tiempos modernos.

No es lo mismo trabajar para vivir, que vivir para trabajar. Todo tiene solución. Cuando estamos dispuestos la felicidad es una actitud, no depende de la economía, es más fácil de lo que parece: cambiando hábitos, tiempo de calidad para la recreación, contacto íntimo con la pareja o tiempo para ti mismo. Vamos revisando algunas causas de insatisfacción: la rutina, las relaciones desvitalizadas, mal dormir, la ira y la amargura.

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La rutina

Karina se quejaba de ya no encontrarle sentido a su vida, sus hijos ya habían terminado la universidad, uno casado y la otra estudiando en el extranjero. Le pregunté de la intimidad con su esposo: años sin relaciones sexuales. Él llegaba a las seis de la tarde, se ponía ropa de dormir y, con el control remoto en la mano, se sentaba por horas a ver televisión. En la siguiente sección me dijo: “Ya me di cuenta, no estoy deprimida, estoy aburrida”. En las siguientes consultas cambió su aspecto, la secretaria me lo hizo notar: “La paciente es más platicadora, se pintó las canas, viene muy arregladita”. Consiguió un trabajo, asistía a reuniones con sus compañeros. El esposo al verla tan diferente empezó a sentir celos, un día hasta llegó con un ramo de flores y la invitó a cenar. Cambio ella, cambio él.

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Relaciones desvitalizadas

La convivencia, el estrés de la vida diaria y la rutina en las parejas acaba hasta con él amor más ardiente. En la relación de pareja hay una etapa de lucha de poder, discuten por todo y no se ponen de acuerdo, ambos quieren tener la razón. Cansados de las peleas, viene una etapa de aparente calma donde parece que ya se acoplaron. Desvían la atención hacia los hijos, algunos con problemas psicosomáticos, la hija embarazada y el otro con reportes en la escuela por violento, en fin, problemas no faltan.

Los hijos ocupan todo su tiempo, alejándose como pareja, de manera que la relación se va desvitalizando. La casa, el trabajo, los hijos, pero se olvidan de alimentar la relación, salir juntos, platicar, despertar el placer, hasta duermen con sus hijos. El contacto íntimo eleva las endorfinas, las hormonas. Cuando las parejas están desvitalizadas sufren de anhedonia, esa falta de placer por la vida, síntoma que se presenta en la depresión, no hay esa energía que se llama libido, fuerza vital. Hombres y mujeres en este proceso se pueden enganchar fácilmente en otra relación, atraparse en el alcohol y hasta en la ludopatía.

Las emociones reprimidas adquieren una fuerza desproporcionada a su naturaleza original y pueden provocar problemas inesperados. Muy parecido al agua en pleno invierno, se congela y se expanden sus moléculas de tal manera que tiene la fuerza para reventar las tuberías de acero.

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Mal dormir

Dormir pocas horas, con luz, con la televisión prendida, ruido y hasta mala compañía, altera el estado de ánimo y hasta es causa de obesidad. Lucina tiene años ingiriendo antidepresivos, diagnosticada como bipolar, carga con el estigma. En su etapa de aparente euforia se dedica a vender joyería entre sus amigas, pronto se le quita el entusiasmo. La invitan a salir, se niega a contestar el teléfono, hasta le da flojera bañarse, estas conductas se han repetido por años.

Cuando vino a consulta se quejó del costo de los fármacos y la consulta al médico. El esposo adaptado a su nueva etapa de jubilado se pasa horas en el club compartiendo con sus amigos; le rogaba que lo acompañara sin conseguirlo, ella argumenta que no es para el ejercicio, se afana con la limpieza de la casa. Me puse obsesiva hasta encontrar lo que parecía ser la causa. Su esposo roncaba tan fuerte que ella no lograba conciliar el sueño. Le sugerí que se cambiara de recámara. De entrada se negó, argumentando que eso sería como un divorcio y no quería lastimarlo. Le pedí que hiciera la prueba por una semana, fue sorprendente, cambió su estado de ánimo, aceptó la sugerencia de acompañarlo al gimnasio, hasta se incorporó a las clase de aerobicos, poco a poco disminuyó los fármacos, se lamenta de no haber hecho cambios tiempo atrás.

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La ira y la amargura

Las personas afligidas se quejan de que todo les sale mal, se vuelven antisociales, irritables, si además cruzan un duelo por la pérdida de un ser querido, por haberse quedado sin empleo, sufren el dolor de una infidelidad, un accidente, cargan con resentimiento por asuntos del pasado, una relación conflictiva… Todo abona para sentirse enojado.

Es mal visto expresar el coraje. En muchas familias no permiten expresar el enojo, dar opinión, gritar o expresar su molestia, tienen la creencia de que es de mala educación, así como llorar en los sepelios. Los niños en su inmadurez cerebral tienen constantes cambios de humor, hacen berrinche, avientan cosas, los adultos se enganchan con ellos, los golpean, los encierran y hasta les ponen etiquetas. En la vida adulta no se quitan la etiqueta, siguen cargando con sentimientos que no expresaron de niños. Hay que dejarlos que liberen, sus cinco minutos de enojo, no pregunten la razón, no la saben, poco a poco conforme van madurando aprenden a controlar la ira. Que si no se expresa se convierte en amargura.

Los hombres por cultura aprendieron a reprimir, por eso son tan enojones, si quieren cambiar tienen que aprender a expresar sus sentimientos. Si son introvertidos les costará más trabajo, pueden optar por escribir lo que no pueden expresar con palabras, si es agradable pueden entregarlo a quién va dirigido; si están resentidos, lo queman, lo entierran, lo rompen. No hay que descartar ir a terapia, la ira reprimida causa enfermedades, está comprobado que las emociones que no pueden procesar causan enfermedades como el cáncer. El sol es el mejor desinfectante, los sentimientos hay que sacarlos a la luz para procesarlos.

* Dra. Rosa Chávez Cárdenas es psicóloga, homeópata y terapeuta, contáctala en: www.rosachavez.com.mx [email protected] https://twitter.com/nifanifu

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