Cerebro Vs. Drogas

El uso de sustancias adictivas genera en el organismo una serie de cambios que impactan en el comportamiento y, más aún, pueden generar tolerancia, dependencia y síndrome de abstinencia llevando a quienes las consumen a desarrollar una adicción.

En el tema del consumo de drogas el cerebro es, quizá, el órgano que más daño recibe porque implica alteraciones bioquímicas y celulares que tienen lugar en él, esto convierte a las drogas en una enfermedad cerebral ya que lo transforman, es decir, modifican su estructura y la manera en la que funciona.

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A este respecto el doctor Jesús Ramírez Bermúdez, jefe de la Unidad de Neuropsiquiatría del Instituto Nacional de Neurología y Neurocirugía, explica que “si tomamos en cuenta que el cerebro regula las funciones básicas de nuestro organismo (hambre, sueño, estados de alerta e incluso la respiración) y además, reúne y analiza los datos enviados por los sentidos para dar instrucciones en el resto del cuerpo, es fácil imaginar que el uso de sustancias ocasiona un grave problema para la salud. Algunas drogas provocan lesiones en ciertas áreas del cerebro, en particular sobre la llamada sustancia blanca, responsable de la transmisión de información neuronal”.

Una vez es suficiente

Si bien es cierto que para muchas personas la decisión de probar drogas por primera vez suele ser voluntaria, los cambios que éstas producen en la estructura cerebral afectan en poco tiempo el autocontrol y la capacidad para resistir el impulso de volver a consumirlas o repetir una conducta adictiva, si es el caso.

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Según descubrimientos recientes en el campo de las neurociencias, el doctor Ramírez Jiménez describe que existen ciertas predisposiciones genéticas (por ejemplo, una deficiencia o falla del sistema dopaminérgico) que aumentan la probabilidad o propensión para que una persona desarrolle una adicción. No obstante, el fenómeno es más complejo, por lo que es necesario considerar otros factores, como el equipamiento biológico con que contamos, las experiencias vitales, la familia o los aspectos ambientales y socioculturales que también influyen en el aumento o disminución del riesgo de consumir drogas.

Las experiencias de vida, así como el ambiente y el contexto en los que un hombre o mujer se desenvuelve determinan en parte la habilidad del cerebro para adaptarse continuamente y fortalecer o debilitar ciertas conexiones sinápticas.

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“Esta asombrosa capacidad conocida como neuroplasticidad se encuentra presente a lo largo de toda la vida y así como puede ser utilizada en contra de nuestro propio organismo (en el caso de un ‘cerebro adicto’), también puede ser entrenada para un sin fin de propósitos saludables y benéficos. Por ejemplo, aprender nuevas cosas con mayor facilidad, estimular y desarrollar el pensamiento creativo, incrementar o mejorar la sensación de bienestar personal, rechazar eficazmente el consumo de drogas y recuperarse exitosamente de una adicción”, sostiene el especialista.

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Cabe mencionar que la química cerebral juega un papel fundamental en los procesos de adicción; pero a su vez, las estructuras sinápticas pueden ser reforzadas positivamente mediante un ambiente enriquecido con experiencias y estímulos saludables, y así convertirlo en un excelente aliado en contra de las adicciones.

 

*Alejandro Larrañaga Ramírez y Carlos Rosales Abundiz, Dirección de Prevención de los Centros de Integración de Juvenil, A.C. Más información: www.sermexico.org.mx bojorge@teleton.org.mx

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