Los sí y los no de la reconciliación

Los malos entendidos están a la orden del día antes y después del matrimonio, mucho por la tensión diaria y otro tanto porque la comunicación no es tan buena como desearían. Estos consejos los ayudarán al momento de planear la reconciliación.

Con todo y la buena voluntad que ambos comparten para que todo salga perfecto, los contratiempos se presentan con cierta frecuencia al grado de provocar una airada discusión que los mantiene molestos y lejanos durante algún tiempo hasta que, ¡por fin!, en nombre del amor, se da un tierno reencuentro entre los dos.

 

Y aunque siempre hay que manifestarse a favor de este sentimiento, hay que ser muy justos y analíticos después de un desencuentro porque podría ser señal de alerta que presagie problemas mayúsculos si no se toman las medidas precisas antes de continuar. No, el consejo no es que se nieguen una nueva oportunidad, sino que observen y no se dejen llevar por el misterioso placer de la reconciliación. Consideren los siguientes puntos permitidos y aquellos que por ningún motivo deberán llevar a cabo para asegurar que todo siga viento en popa.

 

Los sí

·   Busquen la oportunidad de hablar con calma y aclarar los malos entendidos a la brevedad, de lo contrario, el problema puede hacerse mayor.

 

·     Antepongan el respeto y amor que se tienen. Escúchense mutuamente con atención y sin interrumpirse, podrán darse retroalimentación cuando cada uno haya terminado de exponer su punto de vista.

·    Muestren su buena voluntad cediendo cuando sea necesario, todo a favor de que las cosas salgan bien para las dos partes. Cabe aclarar que ambos deben ser honestos en lo que pueden aceptar de buena gana y sin que les implique un sacrificio extremo.

·     Propónganse mejorar su comunicación, nada de quedarse callados o asumir que el otro debe tomar todas las decisiones. Hablen con la libertad y confianza de que los acuerdos siempre llegarán, sobre todo, asuman como su estandarte la prudencia y el buen juicio.

·     Más que válido hacer su ritual de reconciliación, tan amoroso y creativo como la cabeza y el corazón les den, pero no olviden que todo debe quedar perfectamente claro y solucionado antes de dar paso al festín.

 

Los no

·    Es para morirse que cualquiera de los dos le dé voz al pueblo y permitan que padres, hermanos o amigos tomen la palabra en sus discusiones. El opinómetro se cierra y sólo ustedes decidirán lo que harán.

·     Hacerse los olvidadizos o fingir que no pasó nada, así se trate de algo que consideran intrascendente: tienen que resolverlo. De hecho, si algo les causó malestar al grado de una discusión, no lo echen por la borda y arréglenlo.

·   Nunca digas “Haz lo que quieras”, puede parecer una salida muy fácil a cualquier problema, pero lo cierto es que es una muestra de indiferencia que, una de dos: o deslinda de responsabilidad a quien lo dice, o empodera a quien la recibe.

·   Ni por un segundo se les ocurra decir frases ofensivas como: “No sé en qué estoy pensando para querer casarme contigo”, “Sigue así y tal vez no lleguemos al altar” o “Esto es una pesadilla”. El enojo nunca es buen apuntador y sí puede quebrantar la relación, tengan por seguro que este tipo de palabras no se van a olvidar.

·     No se confíen a que con el tiempo y el amor que se tienen, podrán cambiar la forma de ser y de pensar del otro, así que analicen y hablen sobre los comportamientos que les resultan difíciles de tolerar y pónganse de acuerdo acerca de cómo van a manejar situación, así evitarán discusiones a futuro.

 

La organización de una boda es el ensayo más importante de qué tan preparados están para responder y tomar decisiones en conjunto, usen esta experiencia a su favor y aprovechen para establecer su código de comunicación interna, así, ningún contratiempo les representará un motivo de disgusto y sí un buen motivo para fortalecer su relación.

 

* Francesca Pezet, contáctala en www.sermexico.org.mx[email protected].

 

Fotografía

Pepe Orellana

Fotógrafos de América

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