Selección de invitados

Después del romántico momento en el que te pidió que te casaras con él y te entregó ese hermoso anillo que ahora portas en tu dedo, viene un sin fin de cosas por hacer, entre ellas la selección de todos los seres queridos y no tan queridos que van a invitar a celebrar con ustedes su matrimonio.

Harán tantas listas como se puedan imaginar pues habrá por lo menos cinco preliminares, antes de tener la relación final. Y ¿sabes por qué? Porque no nada más intervendrán ustedes, sino también sus papás y la lista crecerá conforme recuerden amigos y “compromisos”, tanto propios como familiares.

Habrá noches en las que no puedas dormir haciendo listas mentales o escritas de las personas que quieres y en las que incluyas a aquellas que no quieres tanto, pondrás y quitarás nombres como cambiar calcetines en invierno.

Después de la primera lista tendrás una idea general de cuántas personas quieren en su celebración. Esto les dará un parámetro para rentar el lugar de la fiesta y para planear el presupuesto. Lo ideal es mantenerse firmes en ese número porque, si no, crecerá tanto que será incosteable.

En la cena de petición de mano pueden aprovechar para hablar con tus padres sobre el financiamiento de la fiesta y, en caso de que ellos sean los que siguiendo la tradición aporten los recursos, ellos podrán poner el tope de invitados, tanto para ustedes como para la familia del novio. Si ustedes costearán la fiesta, están en libertad de señalarles cuántos lugares tienen para sus amistades.

Deben aprovecharse al máximo de su derecho de elegir a los invitados, pues siempre habrá gente que les resulte indeseable por mucho “compromiso” que exista o, bien, por muy familiares que sean. El que tu tío Luis esté en tu boda, medio pasado de copas y haciendo ridículos no es algo que desees ¿o sí?

No faltará el amigo metiche que estará buscando la manera de colarse a su fiesta aunque ustedes no tengan ni la más mínima intención de invitarlo, o aquellas personas a quienes no podrán eludir tan fácilmente pues el compromiso es verdadero a pesar de que no sean “santo de tu devoción” e incluso tus mismos compañeros de oficina que desearán con ansias recibir la añorada invitación.

Últimamente he visto más madurez y conciencia en la gente que acepta de buena gana el saber que no es invitado a una boda, comprendiendo que hay algún lazo de unión, pero no es tan fuerte como para ocupar un lugar dentro de ella por falta de recursos, así que no te sientas mal por no invitarlos a todos.

Una vez que esté la lista y las participaciones sociales, el protocolo marca que deben empezarse a repartir un par de meses antes de la fecha a quienes viven fuera de la ciudad; si la boda será en otra ciudad, tres meses es el tiempo justo para las invitaciones; para los que viven en tu misma ciudad, un mes y medio de antelación será lo conveniente. ¡Suerte y hasta la próxima!

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