Molestias planificadas

Actos “inofensivos” de
molestias planificadas envenenan, poco a poco, al otro hasta hacerle la vida
imposible.

La tensión
había crecido hasta el límite máximo. Empezaron las palabras duras, los
reproches llenos de rabia. Luego, se pasó a los golpes. Fue un momento
terrible, doloroso, en la vida de aquellos esposos.

 

Después de
la tormenta, fue posible admitir la gravedad de lo que había sucedido. Cada uno
miró su propio corazón para reconocer, humildemente, su parte de culpa. Cada
uno tuvo la grandeza de alma para pedir perdón y para acoger al otro. Tras el
fracaso de la violencia iniciaba una etapa de mayor acogida e, incluso, de amor
más sincero y realista.

 

Otras veces
en la vida familiar inician batallas aparentemente inocuas, pero no por ello
menos dañinas. No hay insultos, no hay golpes. Se trata simplemente de dejar
que el corazón se llene de rabia hacia la otra parte para comenzar, fríamente,
maliciosamente, una campaña de molestias planificadas.

 

¿Le gusta a
ella o a él tener las revistas en aquel mueble? Pues a esconderlas en un
armario. ¿Se siente inquieto si hay corrientes de aire por la casa? Pues a
abrir ventanas para que el viento sople por todos lados. ¿Desea siempre un poco
de orden en el cuarto de baño? Pues las cosas quedan totalmente fuera de sitio.
¿Se pone nervioso si el olor de la cocina invade el salón de estar? Pues
entonces se abre la puerta para que la casa quede impregnada de “aromas” que
tanto le molestan.

 

Desde el
punto de vista objetivo, es mucho más grave un insulto o un golpe que esconder
el mando de la televisión o el libro favorito de la otra parte. Pero a veces
unos gritos son simplemente el resultado de un momento de pasión incontrolada
que puede curarse (esperamos) con facilidad, mientras que actos “inofensivos”
de molestias planificadas envenenan, poco a poco, al otro hasta hacerle la vida
imposible.

Las
molestias planificadas no son delito, no son actos graves. Pero la actitud
desde la que nacen, con la frialdad de quien busca abrir heridas y crear
incomodidades en el otro, es sumamente dañina para la convivencia familiar.

 

Para quien
empieza a sufrir un acoso continuo de molestias pequeñas, planeadas con
habilidad casi diabólica, resulta difícil mantenerse sereno, conservar esa
actitud de afecto tan importante en la vida matrimonial hacia la otra parte.

 

A pesar de
todo, en medio de molestias pequeñas que vienen de corazones mezquinos o de
psicologías enfermizas, es posible también, con grandeza de alma, elevar la
mirada y buscar cómo recomponer el amor, qué hace falta para que la otra parte
cambie de actitud. Incluso a veces uno tiene que reconocer, con pena, que la
guerrilla de las molestias pequeñas tuvo su inicio en algo que en el pasado fue
culpa de quien ahora es víctima.

 

Las
molestias planificadas son vencidas desde el perdón, la magnanimidad, el deseo
sincero de reconstruir, en lo que haga falta, la armonía familiar. Cuesta,
ciertamente, sobre todo cuando uno es víctima. Pero es posible ir más allá de
las pequeñas ofensas de cada día para tender puentes. Desde ellos un día será
posible recomenzar en paz una vida de amor que es el sueño de todos los que
aceptaron el matrimonio como camino de donación mutua, generosa, sincera y
fiel.

 

* Fernando Pascual, http://es.catholic.net,
portal de formación e información católica, contáctalos en [email protected].

 

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