¿Madre solo hay una?

Tenemos grandes expectativas de lo que es una
madre ideal: buena, comprensiva, amorosa, de tiempo completo, paciente, firme, alegre, sensible, inteligente, que
todo lo sabe, que motiva, disponible, dispuesta, nutridora, entre muchas
cualidades más. En la vida real no contar con una madre tan perfecta causa
desilusión y conflictos. Si la madre no cubre las expectativas y nuestras
demandas vamos a pasar la vida buscándola.

La insatisfacción es un deseo humano que nos
puede llevar al crecimiento o al estancamiento. En la búsqueda de la madre
perfecta encontrarán suplentes en el entorno: las maestras, las tías, las abuelas, las amigas, en la
religión, en los grupos en donde se puede atrapar en el fanatismo y
posteriormente en las relaciones afectivas. Es común que los varones elijan
pareja esperando que satisfaga las demandas de las que careció de niño y su
pareja estará dispuesta a tratarlo como hijo. Relaciones complementarias
madre-hijo que con el tiempo generan conflictos.

Compartimos en el
inconsciente colectivo el arquetipo, madre ideal
. El símbolo es la madre tierra de la mitología; Eva
y María en las tradiciones occidentales. Los arquetipos son los contenidos del
inconsciente colectivo, actúan como principio organizador; son modelos a
seguir. La concepción, el embarazo y el parto representan un principio importante
en la vida de la mujer. La mujer se multiplica en otro ser y da vida a una
nueva alma. Es el punto de partida de la vida, la trascendencia. 

La maternidad y la
divinidad están rodeadas de misterios, mitos que se mantienen vivos. La figura
mitológica de la Diosa Madre todopoderosa es el primer ser divino con
características humanas que ha sido creado por la humanidad. Según la cultura el destino femenino es
la maternidad y la vida en familia; sin embargo, a pesar de que la maternidad es considerada una
divinidad, la cultura ha relegado el papel de la mujer como ser pensante. Las
películas de la época de oro del cine mexicano mostraban a madres sufridas
dispuestas a darlo todo por sus hijos y los hijos resultaban ingratos y
malagradecidos. Afortunadamente las costumbres han cambiado, las mujeres hoy en día se han ganado el
reconocimiento, se realizan de manera profesional, planean y hasta postergan la
llegada de los hijos. Un hijo no planeado o no deseado se convierte en un
problema de gran trascendencia para la madre y el futuro del hijo.


Cómo entender en los
hechos que la madre más que amar a sus hijos les hacen daño, que en lugar de
apoyarlos para que vuelen, les cortan las alas para que no las dejen.
Anteriormente no estaba permitido criticar o hablar mal de los padres.
Afortunadamente la psicología puso en tela de juicio el mito de los padres
perfectos y de la obediencia absoluta a las figuras de autoridad que lo
acompañó por varias generaciones. La difusión motivó a liberarse de los tratos
crueles de la educación y puso la terapia al alcance de todos para tratar los traumas causados por
ignorancia, más que por mala fe de los padres. Sin embargo, hoy en día las
costumbres han cambiado, los padres se encuentran confundidos y no encuentran
el equilibrio, los hijos se salieron del control; en las familias en general
encontramos que los padres se quejan de los hijos y los hijos se quejan de los
padres, relaciones de amor-odio, formas de liberar el estrés. Parece que nadie
está conforme, modelos generacionales que se repiten. Conflictos tan comunes,
que son el resultado de vivir en familia y que prepara a los hijos para independizarse. Es tan sabia la
naturaleza que las águilas corren a sus crías, les ponen tan incómodo el nido
que tiene que volar y construir por sí mismo su hábitat.

 

La dependencia

La sociedad exige la independencia de los
adultos, lograrla es una meta dentro del desarrollo del individuo. La
sobreprotección que despliegan los padres a sus hijos deja una fuente de
conflictos: miedo, inseguridad, dependencia, falta de confianza en sí mismo y
con el tiempo más que agradecerles sus cuidados les guardan resentimiento. La
conducta dependiente deja secuelas en la vida adulta: conflictos con las
figuras de autoridad, infantilismo, baja autoestima, inseguridad. La persona
dependiente busca relacionarse con personas que lo hagan sentirse seguro, o por
el contrario buscará relaciones de conflicto, de otro que necesita que lo
atiendan y lo cuiden: un abusador, un alcohólico, adicto o un enfermo. Cuando
los padres fomentan la dependencia, los hijos permanecerán como “Niños
eternos”, tendrán dificultades para su crecimiento personal y profesional.                

               

¿Cómo resolver el vacío?

Escuchamos con frecuencia: “madre solo hay una”, y
hasta las madres somos sustituibles. En los niños la carencia de una buena
madre deja afectaciones en la confianza básica, cimientos de la autonomía, la
seguridad y la confianza en sí mismo, sin embargo aún con carencias crecemos
como adultos. 

No hay un método genéricamente
aprobado que funcione para hacer todo correctamente, vamos aprendiendo a base
de errores. Si la madre resultó “normalita”, con defectos y cualidades,
agrádesele por su esfuerzo, por todo lo que te dio y hasta por lo que no te
dio, los deseos no cumplidos te toca buscarlos como adulto, y los traumas
repararlos, son parte del crecimiento, la madre ya te dio las bases.

Si la madre no fue la ideal,
tienes resentimientos, búsqueda de reconocimiento, falta de afecto, sigues en
conflicto, ya eres un adulto; perdona, el resentimiento te hace daño. Somos una
cultura muy fusionada, familias muégano, pegados a los conflictos, por lo que
cuesta trabajo independizarse sin sentir culpa. Cuantos adultos, hombres y
mujeres siguen viviendo con la madre, sufriendo grandes conflictos sin poder
independizarse, además comportándose como hijos y adultos cuando mejor les
conviene. 

Deja de buscar lo que no te
dieron de niño, define tu relación como adulto, con el trabajo y con la
familia. Cuando dejas de ser un buscador, no ansias la atención de los demás,
observas tus pensamientos, deseos, sueños, motivaciones, creas una clase de
conciencia dentro de ti. Te invito a realizar el siguiente ejercicio de
encuentro con el niño interior.

 

Ejercicio de concentración

Tómate unos minutos para estar a solas, elige una
posición cómoda; respira profundo y relaja todo tu cuerpo. Puedes rodearte de
misterio, despierta los sentidos: qué veo, qué siento, qué percibo. Escucha
música, el sonido del agua al caer de una fuente es muy relajante, prende un
incienso. Reduce la atención a un punto, a un objeto, puede ser a una vela
encendida. Ahora trae a la memoria una imagen de cuando estabas pequeño y te
sentías solo, maltratado, abandonado. Conviértete en la madre amorosa que necesitabas,
consuela a ese niño o esa niña, abrázalo y prométele que de hoy en adelante lo
vas a proteger como madre amorosa. Lleva a cabo el ejercicio de manera
frecuente y verás que muy pronto vas a sentir el encuentro con tu ser interior,
elevarás la autoestima, la seguridad y la confianza en ti mismo. 

 

*
Dra. Rosa Chávez Cárdenas es psicóloga, homeópata y terapeuta. Consultorio:
Tenochtitlan No. 361, Jard. del Sol, Zapopan, Jal. Tels. (33) 3631 8312 y 3632
3166, Cel. 333 166 92 72, [email protected]

 

Fotografía

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