Perú: la flor de la canela

Los invito a conocer un bello país
lleno de historia y extremadamente interesante: Perú.

Lima, su capital, la que llaman “La tres
veces coronada villa”, fue fundada por el conquistador Francisco Pizarro en
1535. Ubicada en el mismo territorio donde existieron milenarios asentamientos
precolombinos, en esta antigua ciudad existe una trilogía determinante: el río,
el puente y la alameda, la que le sirvió de inspiración a la gran Chabuca
Granda para esa hermosa y popular canción “La flor de la canela”.



En
Lima no encontrarán palacios ni grandes mansiones, salvo el Palacio de Torre
Tagle, única casa palatina construida después del 1746, que ostenta lujo
externo; el resto, son muestras de casonas muy bellas.

El
elemento arquitectónico característico de esta ciudad son los balcones, símbolo
por excelencia de la ciudad. Aunque sabemos que las ciudades coloniales por lo
general son muy parecidas, no deja cada una de tener su propia identidad y
sabor. Aquí, el sello netamente limeño son los balcones de madera trabajada con
celosías de influencia morisca, adornos bellos y coquetos que hacen juego con
la recargada decoración de las portadas.

Para
los españoles, Perú era un verdadero tesoro, tanto que fue la capital del
Virreinato. En el siglo XVII, Lima se convirtió en la ciudad más importante y
rica de las Américas. En el año 1600, ya tenía una población de 26 mil
habitantes, incluyendo miles de esclavos traídos de África. Es recomendable
recorrer el centro histórico a pie para poderse imaginar aquellos años de
esplendor.

Algo
que verdaderamente distinguió a Lima en épocas pasadas, fueron sus mujeres
cubiertas con su manto quienes, con su caminar suave, recorrían las callejuelas
y plazuelas de la Inquisición, de la Buena Muerte y de Mercedarias envueltas
con perfumes de los geranios, las rosas, el jazmín y el laurel.

Lima
es una ciudad apasionante, llena de historia y cultura que hace sentir a los
visitantes la magia de los tiempos pasados.

Pero,
el viaje a Perú no termina ahí, falta el encuentro con el imperio incaico.
Empecemos por volar a Cusco, capital del Imperio, orgullosamente denominada
“Capital arqueológica de América”, y ciudad museo en la que se amalgaman los
contrastes entre lo autónomo, occidental, histórico y lo actual, que la dotan
de una mística belleza, evocando la grandeza de los hijos del Sol. Cusco es una
ciudad pletórica de monumentos y reliquias históricas, ciudad de mitos y
leyendas que renacen cada vez que uno recorre sus calles centenarias.

La
historia cuenta que Cusco fue fundada entre el siglo XI y XII, hacia 1534
Pizarro realizó la fundación española y en la actualidad es una ciudad abierta
al mundo que ofrece a sus visitantes impresionantes joyas como monumentos
precolombinos y edificios del mestizaje como la Catedral y el Convento de las
Mercedes. Cusco está rodeado de restos arqueológicos increíbles como la
ciudadela de Machu Picchu: “La ciudad perdida de los Incas”, símbolo por excelencia
de la humanidad. Además de sus maravillas arqueológicas, posee una flora
exótica con más de 180 especies de orquídeas y una fauna muy abundante.

La
experiencia de visitar Machu Picchu es única, pensar que 600 años antes de
Cristo ya existía una sofisticada civilización capaz de sorprendernos en
nuestros días, resulta impresionante. En el recorrido se visita la plaza
principal, La Torre Circular, El Sagrado Reloj Solar, Los Cuatro Reales, El
Templo de las Tres Ventanas y Los Cementerios. Pasear y caminar por esta
ciudadela nos hace soñar con ese remoto pasado.

Tanto
en Lima como en Cusco, e incluso en Machu Picchu, la hotelería es magnífica
desde propiedades de gran lujo, edificios antiguos adaptados a hotel, hasta
hoteles de precios más moderados. En cuanto a la cocina peruana, podemos decir
que es maravillosa. Este es un viaje que nos regala la oportunidad de
enfrentarnos con la sorpresa, la magia y la riqueza cultural.

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