La ganancia secundaria

La ganancia secundaria es un fenómeno que se hace
presente ante la enfermedad, la persistencia de los síntomas pone de manifiesto
la conveniencia de estar enfermo mediante un lenguaje no verbal.

Una vez que el enfermo obtiene un logro, que muchas
veces no era el objetivo primario, los padecimientos persisten utilizando los
síntomas o conductas para obtener atención, ayuda o para evitar situaciones
desagradables que causan tensión. El resultado de esta interacción es que la
conducta se refuerza de acuerdo a la recompensa, se obtienen ganancias
económicas, de atención o de evitación. Una paradoja: por un lado los síntomas
generan padecimientos complicados y por el otro se evitan los tratamientos para
erradicarlos. En este peregrinar por los consultorios se convierten en cliente
potenciales incluso de brujos y charlatanes.

Toda conducta persigue un fin, el
fenómeno de la ganancia secundaria aplica en todos los ámbitos: la salud, la
economía, la familia, la escuela y la sociedad. La ganancia se consigue de
manera consciente o inconsciente, la consciente puede ser abiertamente repetida
como en la personalidad histriónica, en la cual se actúa de manera exagerada
con el propósito de ganar atención o reconocimiento. La inconsciente pasa
desapercibida por lo médicos y aún por psicólogos, es un “motivo encubierto”
difícil de descifrar. Resulta peligroso ser directo por lo que es menos
amenazante permitir que el cuerpo hable a través de enfermedades crónicas y
psicosomáticas, o conductas compulsivas como comer en exceso, fumar o beber
alcohol, incluso mediante trastornos de personalidad.

Los procesos de adaptación al
estrés generan respuestas en todos los niveles, emociones como un susto, un
coraje o tristeza para no desequilibrar la parte psíquica, entonces se envía la
energía a manera de descarga al cuerpo físico, es decir se “somatiza”: alergias, colitis, gastritis y todos los
‘itis’, generando con el tiempo verdaderos patrones de enfermedad. Al paso del
tiempo no se da importancia a la emoción que generó la contrariedad por lo que
el tratamiento farmacológico perpetúa el síntoma al causarle otro problema: iatrogénia (efectos de los medicamentos). En la
búsqueda para erradicar el síntoma se presenta la “resistencia al cambio”, un
círculo vicioso difícil de identificar, a pesar de querer estar sano no se
entiende que la necesidad de mantenrse en cama se da gracias a la ganancia
secundaria que se genera.

Cuando un paciente presenta un
historial impresionante de tratamientos fallidos, me doy cuenta que “el cambio
es lo que menos le interesa”. Es posible que se acuda a consulta con la
esperanza inconsciente de que les ayuden a mantener el problema. Resulta
incomprensible: cuando se produce el cambio por el que tanto clamaban abandonan
el tratamiento.

Un caso clínico: Gabriel ha
tratado por todos los medios de dejar el cigarro sin resultado. En la búsqueda
de las causas le pedí que recordara cómo fue que se inició en el hábito del
tabaco. Cuando terminó su maestría entró a trabajar a una empresa muy
importante, los ejecutivos se reunían en un bar los fines de semana, beber y
fumar eran casi obligados, a Gabriel no le agradaba el olor del cigarro; sin embargo,
para sentirse a tono y adquirir sentido de pertenencia, se dejó llevar por los
hábitos del grupo. En poco tiempo el cigarro se convirtió en una necesidad que
le trajo problemas de salud. Revisamos el presente, cuando se dio cuenta de la
seguridad adquirida con los años debido al tabaco le fue fácil poner límites a
su adicción.

La Sra. Nelly sufrió una caída y
fue necesaria una cirugía en el hombro, el doctor le recomendó practicar
ejercicios de rehabilitación varias veces al día. Un mes después regresó con el
brazo “congelado”, el daño era tal que fue necesario volver a intervenirla. El
médico le aclaró la necesidad de rehabilitarse, ella argumentaba que el dolor
era intolerable; la familia,
preocupada, pensó que la cirugía no se había realizado correctamente y buscó
una segunda opinión. El galeno me compartió el caso y le pregunté en qué
trabajaba la Sra. Nelly, a qué se dedicaba. Ella llevaba una vida rutinaria,
sus hijos se habían casado y su esposo se la pasaba en la oficina, tras la
cirugía y con la finalidad de atenderla y trasladarla, pues ella no sabe
conducir, el esposo pidió permiso en el trabajo. Logró su propósito: la
ganancia secundaria, obtener atención de la familia.

Un caso que me impresionó a la
par de darme mucha tristeza fue el de la Sra. Mary. Hace varios años le
recomendaron que acudiera a mi consultorio, el motivo: la violencia que ejercía
su marido alcohólico con ella y sus hijos. El día que la conocí acompañaba a su
amiga a consulta, Mary estaba en tratamiento de quimioterapia, padecía cáncer y
se había diseminado. Sonriendo me comentó: “Si hubiera venido a terapia hace
tres años, cuando me lo recomendaron, no me hubiera enfermado de cáncer. Lo
bueno de esto es que mi marido ya no toma y ahora me trata muy bien”. Me limité
a darle un abrazo, me reservé mis comentarios, lograr que el marido alcohólico
deje de beber sacrificándose al grado de la muerte es un masoquismo
absurdo. 

Toda conducta persigue un fin, el
refuerzo de conseguir una ganancia buena o mala es el motivo para que se siga
repitiendo, al paso del tiempo resulta difícil extinguirla, hasta los golpes
refuerzan las conductas, de esta manera educan a los animales de circo. Los
pacientes se benefician con los síntomas, es la razón de peso, un ancla que
impide dejar la “enfermedad” que se está combatiendo. La medicina alopática se
convirtió en supresora de síntomas, especialista en hacer diagnósticos, no
interesa la causa emocional que la generó, los fármacos con sus efectos
secundarios enmascaran las verdaderas causas de los padecimientos.

Es muy triste el caso de
pacientes que padecen depresión, por más esfuerzos que se hacen por ayudarlos,
la resistencia al cambio no les permite su recuperación. ¿Qué esconde el
síntoma? La respuesta se puede encontrar en la toma de conciencia personal:
miedo al triunfo, sentir culpa por abandonar a los padres, miedo a enfrentar un
conflicto, negación de afrontar responsabilidades, necesidad de portarse como
víctima, sentir culpa en cualquiera de sus manifestaciones.

 

Recomendaciones

  • Cuidado con
    los charlatanes, pueden anclarte en tratamientos que más que ayudar
    perpetúan los problemas.
  • Difícilmente
    las instituciones de salud pueden erradicar una enfermedad que representa
    para el paciente una ganancia secundaria, tal como dejar de laborar para
    recibir una compensación económica.
  • Un “síntoma
    psicosomático” tiene la función de mantener en equilibrio a la
    familia.  
  • Es
    necesario un buen nivel de autoestima. La terapia con un profesional es la
    mejor inversión para no recurrir al lenguaje no verbal, no permitir que el
    cuerpo hable cuando se puede llevar a cabo de manera verbal y directa. 

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