Anillo de compromiso

Ha llegado la hora, después de
tantos meses juntos te has dado cuenta que ella es la mujer de tu vida y justo
en este inicio de año, le dirás las palabras mágicas… Pero, ¡alto! ¿Ya tienes
la sortija de compromiso?

Las mujeres lo creen muy fácil, “¿Qué le cuesta
pedirme matrimonio? ¿Qué espera para pedirme que sea su esposa?”. Aunque suena
muy simple, no lo es. Pedirle a una mujer que se convierta en tu compañera de
vida y madre de tus hijos es tarea laboriosa, desde el mero hecho de que muchas
mujeres no están interesadas en convertirse en la Señora de, hasta la ligera
pero punzante duda de que ella no te vea como el hombre de su vida. El caso es que,
para armarnos de valor hacen falta al menos un par de meses.

Lo cierto es
que decirlo nos quita un peso de encima y si la respuesta es afirmativa nos
dispara hasta la luna, y allá nos deja un buen rato. Después de recabar el
valor suficiente, necesitaremos una joyita muy especial: la sortija de
compromiso.

Primero veamos
el costo: la tradición occidental marca un mínimo de un mes de sueldo como la
inversión perfecta para el anillo de compromiso. Esto es bueno porque se ajusta
al presupuesto de todos. Claro que si tu chequera da para más, pues mejor,
tendrás un montón de opciones.

Delimitada la
inversión podemos iniciar la búsqueda. Aunque suena trillado, lo ideal será
visitar empresas establecidas y una vez realizada la compra, pedir factura y
certificado que avale la autenticidad de la joya. Visita joyerías y visita
también a los creativos que se dedican a la joyería de autor.

Dicen por ahí,
y con toda razón, que el mejor amigo de las mujeres es el diamante. No son tan
caros como muchos pensamos, los hay desde menos de tres mil pesos mexicanos. Un
buen joyero sabrá orientarte sobre el diamante más acorde a tu presupuesto.

Pero el
diamante no es la única piedra preciosa, en este rubro, si tu novia tiene
preferencia por otro tipo de piedras, como podría ser rubíes, esmeraldas,
zafiros, etcétera, habrá que considerarlo.

No lo elijas a
tu gusto, es mejor acudir de manera “casual” a un centro joyero y prestar
atención a los modelos que más le agradan. Hay quienes lo sueltan directo y le
dicen a su amor: “Dime cómo quieres tu anillo que no quiero equivocarme el día
que lo compre”, y san se acabo, compra feliz y novia feliz.

Otra modalidad
es consultarlo con las amigas, típico: lo saben todo y pocas veces se
equivocan. Incluso su mejor amiga podría ayudarte a encontrar el modelo exacto,
con foto y toda la cosa. Así son ellas.

Una vía
alterna: la sortija familiar, algunas familias lo acostumbran y tiene un valor
inmenso por toda la carga afectiva que resguarda. Lo sé: somos demasiado
modernos y cada día son menos las madres y abuelas que siguen este tipo de
tradiciones.

Y después,
después vendrá lo bueno, decirle: “Me gustaría pasar el resto de mi vida
contigo, y tomarnos la mano cuando cumplamos noventa años mientras vemos la
puesta de sol”. ¡Qué la buena luz guíe tu camino!

 

 

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