Nuestra nueva vida

Si a la vida de casados se le invirtiera la misma comunicación,
dedicación y cariño que a las bodas, créanme, otro gallo nos cantaba. O qué alguien
me explique ¿cómo es posible que tras un dulce noviazgo, una fabuloso boda y
una soñada luna de miel, a los dos meses salgan con que siempre no?

Vivir en pareja es lo más maravilloso del mundo. Y es
como todo lo bueno: tiene su grado de dificultad. Al compartir el mismo techo
la pareja deja la etapa de “queda bien” para entrar en terrenos de la realidad.
Los antes novios ya no se ven sólo cuando hay tiempo y ganas, ahora se
encuentran frente a frente todos los días: en pijama, en ropa interior, sin
darse un baño, sin arreglarse, estresados… El verdadero yo sale a flote para
conocerse a profundidad. Y la verdad es que son muy lindas todas estas
situaciones.

Por supuesto
que les lloverán momentos de plena felicidad; pero también habrá otros un tanto
tensos, sobre todo al momento de hablar del buen funcionamiento del hogar, de
las costumbres, hábitos y manías que cada uno trae consigo. Ahora que ustedes
tienen un pie en el altar, es el momento adecuado para charlar sobre cómo será
su nueva vida.

Cuando se deja atrás la casa de los
papás, curiosamente, lo primero que se extraña es todo aquello de lo que
renegábamos por su carácter de “obligatorio” y que tenía como finalidad el buen
funcionamiento del hogar: lavar los platos después de comer, no entrar a casa
con los zapatos llenos de fango, colocar en el cesto la ropa sucia, sacar la
basura después de cenar, apagar las luces al salir de una habitación, no comer
en la cama y demás. Todo esto querrás implementarlo en tu nuevo hogar, pero,
¿qué pasa si él o ella no tienen los mismos hábitos? Pasa que después de un mes
estarán aventándose con lo primero que se encuentren porque el otro nomás no
entiende y sigue dejando la pasta dental destapada.

Lo primero es
tomar conciencia de que aquí no hay un botoncito que con un “clic” logre que él
o ella adquiera tus mismos hábitos de la noche a la mañana. En segundo lugar,
platicar sobre las costumbres y hábitos de sus familias, ver cuáles son
similares y cuáles de plano ni se imaginaban. Te sorprenderá saber cuántas cosas
ignoras de tu pareja.

Dividir los quehaceres domésticos será
otro punto muy importante. ¿Cuáles son las actividades por realizar? ¿Quién se
hará cargo de qué? ¿Con que frecuencia se realizarán? Son interrogantes que
podrán orientarlos.

Veamos un ejemplo. Lavar la ropa puede
ser una actividad que se realice dos o tres veces por semana, considerando que
solo son dos personas no serán muchas prendas. Hay que tomar en cuenta que en
este rubro entra lavar cortinas, sábanas, manteles, toallas, etcétera. ¿Con qué
frecuencia lo hacen en la casa de sus papás? ¿Tendrán tiempo para realizarlo de
la misma manera? ¿Alguno de ustedes sabe lavar? Esto último no es broma, si
nunca han lavado ni un pañuelo, hay que platicar con mamá para que los oriente.

La lista de quehaceres domésticos es
extensa; sin embargo, no todo se realiza el mismo día. La ventaja es que al ser
solo dos personas las que habitan el mismo espacio, la limpieza no se hace con
la misma periodicidad que si fueran cuatro o más integrantes. De manera general,
las actividades diarias podrían incluir lo siguiente: tender camas, cocinar,
lavar platos, barrer, trapear, limpiar y ordenar recámara y cocina. Semanales:
limpieza profunda de cocina y baños, lavar prendas de uso diario y ropa de
cama, doblar y guardar la ropa limpia, planchar, ir al súper, a la tintorería.
Cada mes: organizar armarios, podar el césped, lavar cortinas y alfombras,
limpiar ventanas, etcétera.

Es muy
importante dividir las tareas de manera equitativa. No se vale que a uno se le
cargue más trabajo que al otro, pues aunque al principio es lindo ver a la
pareja complacida y ahorrarnos los pleitos, a la larga se convierte en una
bomba de tiempo provocando frustración y discusiones a la menor provocación.
Típico que después de dos meses de ser la “súper-mujer” o el “súper-hombre”, ya
no saben cómo pedir ayuda o les da por “echar en cara” que el otro no mueve un
solo dedo. Hablando claro se entiende la gente.

Si están en posibilidades pueden optar
por contratar a una persona que los apoye con la limpieza. En este caso será
conveniente delimitar qué funciones realizará y en qué horario y días de la
semana, lo más común es pedir la recomendación de algún familiar o amigo pues
se trata de una persona que tendrá pleno acceso a su casa y es necesario ser
muy cuidadosos.

Los quehaceres del hogar no son el único
tema pendiente en la lista de los futuros esposos, aunque podríamos decir que
sí es de los más extensos. Hay otros puntos de vital importancia que bien
podrían abordar antes de llegar al altar: qué días destinarán para la
convivencia social con amigos, familia y para ustedes a solas, quién se hará
cargo de pagar facturas y servicios básicos, qué porcentaje de sus ingresos
ahorrarán para imprevistos, cuándo llegará su primer bebé, cada cuándo saldrán
de vacaciones. Haz tu propia lista y compártela con tu media naranja (¡pero no
por Facebook!).

En la práctica sí costará un poco de
trabajo, sobre todo si en casa no estamos acostumbrados a mover un dedo, pero
con un poco de paciencia y mucha comunicación, lograrán implementar sus propias
dinámicas para lograr el buen funcionamiento de su nidito de amor.
¡Suerte! 

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