Guadalupe Loaeza, “El arte de ser abuela”

En el marco de la XXV Feria Internacional del Libro,
en Guadalajara, Jalisco, Guadalupe Loaeza presentó su más reciente obra: “El
arte de ser abuela”. Fiancée platicó largo y tendido con la autora sobre su
libro, sobre su amor por su profesión, su gusto por las redes sociales y mucho
más. Entérate qué fue lo que nos dijo esta prolífica escritora.   

Sus primeros lectores anónimos fueron los papás de
sus amigas, quienes gozaban de leer en familia las cartas que la hoy escritora
redactaba a sus amigas durante su estadía en otros países. Más adelante el
gusto por la comunicación la llevó a ingresar al taller de literatura de Elena
Poniatowska para, posteriormente, tener su propia columna en el diario Uno Más
Uno. Desde entonces, la vida no ha dejado de sonreírle a la escritora y
periodista.

Abrigo negro,
mascada bicolor y bellísimo bolso de plumas fueron el outfit que lució la Sra.
Loaeza al llegar al estand de Editorial Endira. Sus disculpas por la leve
tardanza no se hicieron esperar, pidió un café americano y con esa larga y
amigable sonrisa se dispuso a charlar con nosotros. 

 

¿Qué la
llevo al periodismo, a la literatura?

 

Yo creo que fueron las ganas de comunicar, tenía
muchas ganas de contar muchas cosas, de compartir. A mí me gustaba escribir
cartas, entonces escribía unas cartas largas, largas, largas, largas a mis
amigas cuando estuve estudiando fuera del país, me decía una de ellas: ‘Dicen
mis papás que me escribas más seguido porque leemos tus cartas los domingos’.
Ya eran mis primeros lectores anónimos, y eso es bonito porque nunca me imaginé
que yo hubiera llamado así la atención. Así empezó todo. Luego me metí en el
taller de Elena Poniatowska y estuve ahí casi dos años, después entré al Uno
Más Uno en el 82, hace casi 30 años.

 

Como mujer,
¿fue difícil?

 

Para mí no fue tan difícil porque el periódico era
muy plural, el Uno Más Uno era muy influyente, muy vanguardista. Era un
periódico así como el diario español El País —que acababa de publicarse cinco
años antes—. Era un periódico para jóvenes, y ya entonces escribía Cristina
Pacheco, Sara Noguera, había también mujeres politólogas en como Fátima
Fernández Christlieb, ya había muchas reporteras y periodistas.

 

¿Qué dijo
su familia cuando usted tomó este camino?

 

Ahí nada. Fue más bien cuando me divorcié. Al
divorciarme no solo me divorciaba de mi marido sino de toda una manera de
pensar, de una familia donde había mucho juicio; me divorcie de prejuicios, de
etiquetas, de una educación muy conservadora en algunos aspectos. De todo eso
me divorcie.

 

Regresemos
al presente, ¿felizmente casada?

 

¡Felizmente casada! ¡Soy abuela de cinco nietos! Acabo
de hablar con mi hija que me estaba diciendo que ya tiene seis dientes mi
nieta, para mí el decir ‘ya tiene seis dientes’ es como si me hubieran dicho
‘ya tiene seis novios o seis propuestas de matrimonio’. Bueno, es tal mi
felicidad, y es tal mi gozo al saberlo. ‘Está chistosísima mamá, está muy
dientona’, me dijo mi hija, entonces yo ya comienzo: ‘No pues hay que pensar en
los frenos…’. No he visto a mi nieta desde el fin de semana pasado y no la voy
a ver este fin de semana, ¡es tristísimo! Pero [ser abuela] es una etapa
maravillosa de la vida.

 

¿Cómo le
hace para combinar una profesión tan demandante con su familia?

 

Pues trato de conciliarlo. No es sencillo. Hablo
mucho por teléfono con ellos, les mando correos, saben de mí porque escribo
cada martes, jueves y domingos, les digo: si quieren saber de su mamá: ahí está
en el periódico [ríe ampliamente]. A los hijos de mi hijo procuro verlos una
vez a la semana, le hablo a mi suegra por teléfono… Trato de dividir mi tiempo
y estar muy al pendiente de todos. Adaptarme a sus horarios.

 

Para usted,
¿cuáles serían las claves para un matrimonio armonioso?

 

Hacer concesiones. No enojarse. No caer en la
provocación, en los pleitos. No irse a dormir enojados. Ser generosa, no
sumisa, generosa. Ser generosa quiere decir ser tolerante, tener empatía con el
marido, preguntarle a él cómo le fue, cómo está, qué siente, hablarle por
teléfono dos o tres veces al día, aunque sea uno latosa: “Nada más te hablaba
para ver cómo estás, qué tal estuvo tu cena”, por ejemplo, yo ayer le hablé
tres veces. Estar al pendiente.

 

Retomando
un poco su profesión, ¿podría enlistarnos algunas de las satisfacciones
que le ha dejado?

 

¡Uy, todas! Todas las satisfacciones. Me ha dado a
conocer muchos mundos, mucha gente, tender puentes, viajar, estar en la FIL
desde hace 25 años, vengo cada año a la FIL, estar en contacto con editores… es
muy divertido. Es una profesión muy rica porque tiene que ver con tantas cosas.
Se le abre a uno constantemente la curiosidad, está uno muy alerta, muy crítico,
tiene acceso a muchas cosas. Es una profesión que yo se la recomendaría a
cualquiera porque es muy gratificante: publicar, luchar por causas, sostener
sus convicciones, todo. Para mí fue “la” profesión. Tuve suerte. Yo creo que el
factor suerte sí es muy importante en la vida. Hay que estar alerta cuando
llaman las oportunidades. Yo estaba en el taller de Elena muy contenta, y yo
fui la que publiqué, la que buscó una publicación en el Uno Más Uno, pero que
tal que hubiera dicho: ‘¡Ay no, qué miedo! Mejor ya no, nada más estoy en el
taller de Elena y ya’. ¡Había una oportunidad ahí! ¡Y hay que saber atender
esas oportunidades! Hay que saber detectarlas, hay que escuchar el
llamado.

 

Las redes
sociales…

 

¡Las adoro! ¡Las adoro! Es en lo único lo que creo.
He ahí la democracia que nos la hemos ganado nosotros, la opinión pública, la
ciudadanía. Las redes sociales son realmente las que pueden sacar adelante a
este país porque ahí sí hay libertada de expresión, la gente protesta, la gente
denuncia, la gente aplaude, la gente participa, hay coincidencias, hay
comunicación. ¡Me encantan las redes sociales!

 

¿Qué le
pediría Guadalupe Loaeza al Niñito Dios para esta Navidad?

 

¡Todo para mis nietos! Que a mí no me traiga nada,
que todos mis regalos que no me trajo durante años se los lleve a mis nietos.
Yo le pedía la lonchera escocesa, colores prismacolor, ¡y no me traía nada! No,
pues ahora que se los lleve a mis nietos. Le pedí una bicicleta, no me la
trajo, bueno pues que se la lleve a mis nietos; le pedí una casita de muñecas,
no me la trajo, pues ahora que se las lleve a mis nietos, tengo cinco: Tomás,
María, Andrés, Lucía y Lupita. Yo le pediría a Santa Clauss que todos los
regalos que no me trajo de niña se los lleve ahora a ellos.

 

Por último,
háblenos un poquito de “El arte de ser abuela”…

 

Para ser abuela primero hay que tener pareja, por lo
menos, querer ser madre y luego pues ya lo demás viene solito. Por eso, al rato
voy a escribir un libro que se llame “El arte de ser bisabuela”, todavía no,
pero lo tengo que ir preparando para que quede más grande, de pasta dura y que
sea toda una enciclopedia [exclama Loaeza bromeando y sus risas y las de los
asistentes no se hacen esperar].

Este libro es una manera de querer
sensibilizar a la lectora para que sea muy buena en su rol. El papel de la
abuela es trascendental, sobre todo en este país en el cual la familia es muy
importante, las mujeres trabajan, hay madres solteras y la abuela toma una gran
relevancia, [los hijos] se la llevan a casa o le dejan los niños,
necesariamente los nietos están con la abuela y la abuela tiene que ser muy
sabia, muy generosa, muy maternal, tiene que ser solidaria, pero también
inteligente. Se tiene que adaptar la abuela a las necesidades de los nietos, a
sus intereses.

El libro tiene un cuestionario final que
invita a los nietos a hacerle preguntas a su abuela, está muy interesante.
Tiene un disco con la música de Francisco Gavilondo Soler, antes de ser Cri
Cri. Además, la portada es muy significativa, es histórica, ahí está mi abuela,
mi bisabuela y mi mamá. Esa foto fue tomada en Guadalajara, en una casa
preciosa en la calle de Juan Manuel, era una casa que le decían “Los cuarenta
balcones”, esa familia está aquí en el álbum de la abuela, es la familia
Villa-Gordoa López Portillo.

 

Y así dimos por finalizada nuestra entrevista con
Guadalupe Loaeza que resultó divertidísima gracias a su carisma. “El arte de
ser abuela”, Editorial Endira, 2011, es una verdadera joya no solo para las
abuelas, sino para el público en general. La obra se divide básicamente en tres capítulos: “Cartas de la abuela”, donde Loaeza publica las cartas que le ha
escrito a sus cinco nietos, a su abuelo y a su bisabuelo, entre otros personas;
“El Álbum” donde nos muestra su álbum genealógico; “Las Nostalgias de la
Abuela” con reflexiones respecto a temas, personajes y situaciones de su época;
a la par de ello, a lo largo de todo el libro encontrarás sus sabios consejos
dirigidos a las niñas, esposas, caballeros, así como rimas, juegos y
adivinanzas. “El arte de ser abuela” será un estupendo regalo para las
abuelitas y para las que próximamente lo serán, te invitamos a darle un ojeada,
¡te encantará!

 

Ficha
técnica

Título: El arte de ser abuela (2011)

Autora: Guadalupe Loaeza

Editorial: Endira

Web: http://endiraliteraria.com.mx/about/el-arte-de-ser-abuela/

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