Detecta la violencia económica

“Quien paga manda”, dice una frase famosa. A veces, el dinero
puede ser utilizado como elemento agresor.

Gabriela se casó muy joven, de 16 años, dejó la preparatoria y se dedicó
por completo a su hogar. Ahora tiene 25 años, dos hijos y un marido con quien,
confiesa, no es feliz. “Jamás me ha pegado, pero me controla en todo, siempre
me pide cuentas sobre lo que gasto y… me hace sentir muy mal”.

No sólo los golpes y las agresiones verbales son
violencia, también existen otras formas de maltrato contra las mujeres, una de
ellas es la económica, que surge cuando uno de los miembros de la familia usa
el poder económico para provocar un daño a otro.

De acuerdo con el doctor Óscar Galicia Castillo de la
Universidad Iberoamericana (UIA), en este escenario las víctimas son privadas o
tienen muy restringido el manejo del dinero y la administración de los bienes,
con lo que se crea una situación de estrés en la familia, relacionado con los
ingresos económicos.

“Las personas que se encuentran en esta situación son
obligadas a mantenerse dentro de un esquema de conducta muy rígido, mientras no
tengan la capacidad de lograr su independencia financiera”, afirma.

Las formas de violencia económica que se reportan en
la mayoría de los casos son: el reclamo sobre cómo gastan el dinero, la
prohibición para trabajar o estudiar, la amenaza de no recibir el gasto y que
el cónyuge se adueñe de bienes que eran propiedad de ella.

Lo anterior, de acuerdo con la Encuesta Nacional
sobre la Dinámica de las Relaciones en los Hogares, realizada por el Instituto
Nacional de Estadística Geografía e Informática (INEGI) en 2005, donde
documenta también que la violencia económica es la segunda que padecen las
mujeres en 29.3 por ciento, después de la emocional.

 

Creer en sí mismo, la clave

A menudo es difícil lograr que la mujer haga algo para detener este
abuso, porque creen que su problema no es lo suficientemente serio o dañino
como para intentar detenerlo.

El especialista refiere que en la mayoría de los
casos las mujeres permiten la violencia económica porque piensan que no son
capaces de salir adelante solas. “Muchas veces acaban por creerle a su pareja
que nunca lograrán obtener un trabajo, y terminan supeditadas a la autoridad
masculina”. 

Pero esto no tiene por qué ser así, afirma. Lo
primero que tienen que hacer –aconseja el doctor- es valorizarse, creer en
ellas mismas y convencerse de que pueden obtener sus propios ingresos.

En el caso de Gabriela, quien dependía completamente
de su esposo, hasta hace unos meses, sus circunstancias la obligaron a buscar
alternativas de trabajo. “He aprendido a cortar el cabello y hacer otras cosas
que me han ayudado económicamente. Aunque me falta mucho por hacer, creo que he
dado un gran paso y me siento muy contenta por ello”.

Actualmente existen centros de atención y leyes
–como, por ejemplo, la Ley de Asistencia y Prevención de la Violencia Familiar-
que apoyan a las víctimas de cualquier tipo de maltrato, pero lo importante es
que decidas parar una situación perjudicial para ti y tu familia. La ayuda está
al alcance.

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