¿Recién casados?

¿Qué tal el primer año de casados?, ¿les ha sentado
bien el matrimonio?, ¿cómo se llevan? Estas son las preguntas más frecuentes de
los amigos y familiares cuando se reúnen con una pareja de recién casados…

Es por ello que ante este tipo de cuestionamientos,
las anécdotas divertidas y las cosas buenas que hacen juntos se convierte en el
tema de conversación de una pareja que acaba de casarse, pues no pueden
mencionar tan pronto lo que les molesta el uno del otro. Como el hecho de que
uno sale corriendo para no lavar los trastes; al otro no le gusta ir a casa de
sus suegros, y los dos siempre recuerdan lo “riquísimo” que sus madres les
cocinaban, en fin. Así, la conversación se transforma para concluir, la mayoría
de las ocasiones, en que es “raro, pero divertido”, “difícil, pero no
imposible”, y eso no significa otra cosa más que estar en proceso de
adaptación.

Pero,
en realidad, ¿qué tan difícil puede ser el proceso de adaptación en pareja?
¿Cómo se puede convivir con alguien que tiene costumbres e ideas
diferentes? Y finalmente ¿cuánto
tiempo dura ese proceso de adaptación?

Cuando un
hombre y una mujer entran en una relación tan íntima como es vivir en pareja,
descubren una gran cantidad de ajustes que tendrán que enfrentar si desean
llevar una relación sana y exitosa.

El psicólogo Alfonso Ayala,
especialista en relaciones de pareja, comenta: “En primera instancia, es
necesario reconocer que el noviazgo es un tiempo de galanteo, en donde cada
individuo trata de mostrar sobre todo lo bueno que hay en él; pero con el
tiempo, la vida en común se intensifica y es imposible seguir ocultando los
rasgos negativos, por lo tanto, es importante no descuidar los intereses de
cada uno.

Después de
la boda y la luna de miel, la mayoría de las parejas empiezan a darse cuenta
que para lograr una relación armónica necesitarán tiempo, paciencia y mucho
amor. También la comunicación es fundamental, ya que sin ella no se mantiene la
vida de pareja. Por lo tanto, será necesario que ambos destinen tiempo y creen
un ambiente propicio para mantenerla.

“Eviten
hablar cuando alguno esté enojado y si uno levanta la voz, el otro puede tratar
de bajar su tono y calmar la situación; digan las cosas con gran serenidad y
propongan soluciones para llegar a un acuerdo”, afirma el especialista.

Para
empezar, cada uno de los miembros de la pareja necesita enfrentarse al hecho de
que han dejado de ser hijo o hija de familia. Ahora son el esposo o la esposa
de una persona con la que se han comprometido. Cada uno es ya un adulto
independiente de su familia de origen y necesitan aprender una nueva forma de
relacionarse con esa familia así como establecer límites para evitar que ellos
intervengan en el proyecto de vida que los dos están iniciando.

“Establecer
ciertos límites a los parientes de cada miembro de la pareja es un aspecto muy
importante y delicado, pues es un tema que deben hablar con total sinceridad y
al mismo tiempo se debe tratar con delicadeza para evitar malos entendidos y
herir sentimientos —comenta Verónica Flores que lleva 3 años casada—. Los
problemas son de dos y, por lo tanto, las soluciones deben de provenir de dos”.

También es importante que se construyan
acuerdos para regular esta nueva forma de vida. Es evidente que al tratar de
establecerlos, van a surgir diferencias y es precisamente aquí donde ambos
deben lograr que la batalla se convierta en un campo de diálogo.

No hay un
tiempo exacto para la etapa de adaptación, pues es un esfuerzo constante de dos
personas donde el amor y el deseo de compartir es lo que los mueve. Esta etapa
quizá pueda durar algunos meses o años, pero el interés y el amor es lo que
debe permanecer.

Comunicar es
expresar lo que nos agrada, lo que nos hace sentir bien, lo que nos inspira a
ser mejores, pero también es hablar de todo aquello que nos incomoda o lastima,
siempre buscando la mejor forma de hacerlo y el momento ideal para encontrar
una verdadera intimidad con nuestra pareja.

 

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