En el matrimonio, ¿jugamos en el mismo equipo?

Prometo
llevar bien puesta la camiseta del equipo, tirar en la misma dirección y
defender nuestra portería. Lo nuestro…

Lo primero es recordar una de las promesas que la pareja
se realiza frente al altar: “Prometo serte fiel”. Lo importante es saber
traducir ese “prometo serte fiel”. No nos referíamos solamente a la fidelidad
en cuanto a que nunca comenzaríamos una relación sentimental, seria o
superficial con otra persona, por un momento o para toda la vida. Significa
muchísimo más.

A veces me he topado con un
hombre o una mujer, que sólo viendo cómo se comporta con la persona a quien
dice que ama, me dan ganas de preguntarle: ¿tú, para dónde tiras?

Si los dos tuvieran puesta la
camiseta del mismo color y “se pasaran el balón”, meterían goles, alcanzarían
metas, jugarían en equipo y así harían la vida más simple y tendrían la
felicidad más a la mano.

Pero uno parece ser delantero
de un equipo y el otro defensa del contrario: se estorban en las jugadas, se
cometen frecuentes faltas, se ignoran. Algunos parecen estar buscando la
tarjeta roja ¡después de haber visto no una sino mil veces la amarilla!

Esto no debe suceder en el matrimonio. “Amarse no es
mirarse uno al otro, sino mirar en la misma dirección”. Tirar en la misma
dirección. Amarse es tener una meta común y unos mismos ideales, y eso debe
reflejarse en los acontecimientos de la vida diaria. Amarse es mirarse uno al
otro con comprensión, respeto y con capacidad incluso de diferir.

“Prometo no bajarme del
burro”. Te explico de qué se trata: en mis años de estudiante, paseaba en una
ocasión por un pueblo de Santander, en el norte de España, y me encontré a un
pastor con quien entablé una conversación debajo de un cobertizo, pues llovía a
cántaros. En un determinado momento le pregunté cuántos años tenía de casado, a
lo que respondió: “¿Cómo ve, Padre? Tenemos treinta años de casados y no nos
hemos bajado del burro”. La expresión realmente me encantó. En el burro, como
en el matrimonio, a veces se va hacia adelante, a veces hacia atrás, a veces
rebuznando… a veces, el animal, —me refiero al burro— como que no se mueve. Así
es en el matrimonio. A veces para atrás, a veces para adelante, a veces
rebuznando… pero siempre los dos en el burro. ¿Qué importa por dónde y cuánto
haya costado mientras hayan ido juntos, en la misma dirección, apoyándose,
acompañándose, amándose?

 

Prometo buscar tu realización, tu
felicidad

Si prometiste serle fiel, te comprometiste a buscar su
felicidad, ya que la fidelidad no puede reducirse a no fallarle en el sentido
de nunca enamorarte de otra persona. Eso es más que nada una obligación, un
requisito y algo que deberían dar por supuesto.

“Prometo serte fiel”, es
llenar las expectativas que tenían el uno sobre el otro cuando eran novios.
“Desde que nos vimos y pensamos en unirnos para toda la vida, pensamos que
juntos seríamos felices y desparramaríamos esa felicidad en nuestros hijos. Si
queremos sernos fieles, tenemos que hacer realidad ese sueño que tuvimos desde
el inicio”.

No voy a olvidar jamás esa
escena de la película “Los puentes de Madison” en la que ya casi al final de la
vida, el marido, muriendo en la cama, llama a sus esposa y le dice más o menos
lo siguiente:

—Fanny, yo sé que tenías tus
propios sueños e ilusiones en la vida, perdóname por no haberlas hecho realidad
—la mujer simplemente lo besó en la frente e hizo un gesto de resignación.

Es tan fácil hacer felices a
los demás cuando uno se lo propone, que sinceramente, honestamente, para no
lograrlo, se necesita ser de verdad egoísta. Cuando prometieron ser fieles,
entre otras cosas, prometieron buscar con tesón la felicidad del otro, pues la
fidelidad no es sólo cuidar que no haya engaños, sino que apunta a todo un
proyecto de vida. De hecho, y aunque no es el ideal, hay matrimonios en los
que, uno de los dos, por descuido, ha caído en una infidelidad. Pero como
siempre ha buscado hacer feliz al cónyuge, este error —por más grave que sea—
no es más que una mancha en una pared llena de luz. Desde luego que no es el
caso de la persona descuidada, sensual, irresponsable, que frecuenta ambientes
inconvenientes y que trata con personas del sexo opuesto sin ningún pudor y sin
respeto. En una persona así, la caída siempre será inminente e injustificada.
El derrumbe comenzó desde que se descuidó en su conducta ordinaria.

“Prometo serte fiel” es
también cuidar el corazón. No permitir que nada ni nadie le robe la paz
inicial. Prometieron luchar especialmente cuando les vinieran a la cabeza
“ideas rubias”. La fidelidad no es no meterse con otra persona, sino sobre todo
cuidar el corazón. Hay mucha gente que quizá jamás concretará una infidelidad
conyugal, sin embargo vive en una continua deslealtad al no cuidar el corazón
de cualquier amor que no sea su único y verdadero amor.

“Prometo serte fiel”, es
decir, también, “prometo hablar bien de ti”. “Lo que tenga que decirte, te lo
diré a ti, para ayudarte, con amor y por amor. No se lo diré a mi mamá ni a mis
hijos, menos a mis amigas en un desayuno. Prometo hacer crecer tu fama dentro
de lo más íntimo que tenemos que son nuestros hijos, padres, hermanos y también
nuestros amigos. “Me esforzaré para que ellos siempre tengan una buena imagen
de ti. Sólo escucharán cosas positivas acerca de quién y cómo eres tú. Estarán
orgullosos de nosotros”.

Finalmente, “prometo serte fiel”, ahora sí,
significa “que no te cambiaré por nadie. No te quiero para un amor intermitente
u ocasional, ni como un amor de paso”.

 

* Este artículo es parte del libro “El anillo es para
siempre”, del Pbro. Ángel Espinosa de los Monteros, tomado de:
http://es.catholic.net portal de formación y información católica, contáctalos
en lplanas@catholic.net.

 

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