Mi boda en septiembre

Existe un dicho bíblico muy conocido: “Nadie es profeta en su tierra”.
Tal cual nos sucede a los mexicanos quienes, privilegiados por contar con una
vasta cultura rica en tradiciones, costumbres, gastronomía, artesanías y demás,
para ofrecer una fiesta muy a lo grande, optamos por implementar tendencias
propias de otros países.

Nadie en el mundo sabe de fiestas como los mexicanos. Tenemos una hora
para comenzarlas, pero jamás para terminarlas. Nunca nos faltan invitados, ni
motivos para celebrar. Casarse en septiembre es tener la oportunidad de lucir
en nuestro festejo una exquisita selección de folclor mexicano que abarca desde
artesanía, bebida y gastronomía hasta música, por decir lo menos, que en todos
los rubros tenemos hasta para regalar.

Para la celebración religiosa, pide a tus pajes y meninas que encabecen
su salida del templo sonando hermosas campanitas de la platería mexicana. Ya en
el atrio del recinto, cambia los pétalos y el arroz por el sonido de las
matracas, verás qué divertida se dan tus invitados. Si buscas algo más
romántico, la estudiantina será una opción encantadora.

En época de calor recibe a tus comensales con raspados, tejuino y bolis
de sabores. En época de invierno unos churros con chocolate, café de olla y
hasta elotes desgranados tipo esquites, resultarán la delicia de la noche.

En decoración nos sobran elementos, será una elección difícil de tanto
que tendrás al alcance de tu mano y de tu bolsillo. Comienza con el trabajo en
vidrio soplado con sus caprichosas formas y hermosas tonalidades verde, azul,
rojo, perfecto para la vajilla o para montar una mesa de postres inolvidable.

Flores elaboradas con hojas de maíz colocadas dentro de hermosos
jarrones artesanales pueden fungir como maravillosos centros de mesa, de la
misma manera, puedes complementar tus arreglos florales con cestas de palma,
artesanías de barro, piezas de alfarería, piezas talladas en madera, adornos de
latón y textiles.

Si el festejo es por la noche en una terraza o salón cerrado, cubre el
cielo con candelabros de hoja de lata en forma de estrellas, si es al aire
libre, colgarlos de las ramas de los árboles provocará una atmósfera
encantadora.

Para el banquete, el menú no tendrá límites, desde la alta cocina
mexicana hasta los platillos tradicionales, sin que falte buffet de dulces
típicos mexicanos a manera de barra de postres: jamoncillos, palanquetas, tamarindos,
cocadas, fruta cristalizada, ni el pan dulce y el chocolate. Para los
desvelados: menudo, tamales o chilaquiles.

Para amenizar la hora de la cena tienes mucho de dónde elegir: marimba,
huapango, sones, cilindrero, trío, mariachi, en fin, el folclor mexicano cuenta
con múltiples piezas muy alegres y románticas que le darán a tu fiesta un sabor
inigualable.

He asistido a bodas en las que se realiza una pequeña novillada donde a
los invitados varones se les invita a participar siendo más que espectadores.
Este tipo de festejos, por lo general, se realizan en cortijos, espacios
destinados a los eventos donde además del salón o la terraza, se cuenta con un
lienzo charro de pequeñas dimensiones.

Los fuegos artificiales pueden convertirse en majestuosos castillos que,
incluso, pueden ser iluminados con los nombres de los novios resultando un
verdadero espectáculo. Si son un poco más osados, pueden implementar hasta
torito y buscapiés. Lo importante en este rubro es contratar empresas
profesionales y siempre guardar las precauciones necesarias como no hacerlos
bajo toldos o cerca de fuentes de combustibles.

Los recuerdos de bodas no serán la excepción, pequeñas macetitas con
cactus, artesanías, dulces regionales y hasta juguetes de madera, muñecas de tela,
baleros, trompos y yoyos para que tus comensales saquen a flote al niño que
todos llevamos dentro.

El ajuar de los novios también entra en el rubro de lo mexicanísimo. El
vestido de novia puede ser confeccionado en manta y aderezado por piezas de
joyería cien por ciento mexicana, mientras el prometido puede portar una
elegante camisa en lino, una guayabera y, si es amante del deporte nacional por
excelencia, las galas del distinguidísimo traje de charro.

Tenemos tanto de dónde escoger ¡y tan olvidado! Nos esforzamos en traer
materiales extranjeros sin darnos cuenta que los productos nacionales son mucho
mejores.

Las bodas mexicanas deben de presumir nuestro corazón mexicano, ese que
se entrega para siempre, el que acoge buenos y malos tiempos, ese corazón
mexicano que forma matrimonios por siempre y para siempre. ¡Viva México y vivan
las bodas mexicanas!

 

 

 

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