¡Me quiero casar contigo!

Tanto en el noviazgo
como en la vida en pareja, la honestidad es un ingrediente que no puede faltar.

 

La imagen que existe
acerca del matrimonio está lejos de parecerse a aquellas que podemos observar
en las revistas o en algunos programas de televisión, donde solamente nos
muestran los momentos agradables y de diversión que se viven en pareja; más
allá de las escenas en pantalla, el mantener viva la llama de una relación es
una ardua tarea que requiere de esfuerzo, responsabilidad, amor y compromiso
por parte de ambos.

Cuando escuchamos la
palabra compromiso, de inmediato nos da miedo, es como si nos robara la
libertad y de un momento a otro nos llenara de responsabilidades y
complicaciones. Y aunque el diccionario nos dé una explicación que reafirma
esta creencia: “Obligación contraída, palabra dada”, dentro del matrimonio
pierde esa carga ya que el amor por la otra persona nos hace verlo de manera
distinta, nos lleva a vivirlo con el entusiasmo de construir y perseguir un
proyecto de vida.

Cómo vivirlo en
pareja

La psicóloga Beatriz
Monroy, explica que aunque a lo largo de la vida hacemos muchos compromisos, y
la mayoría de ellos los cumplimos sin problema, el matrimonio es uno de los más
significativos, ya que, además de incluir los cambios y responsabilidades que
implica cualquiera de ellos, también limita en cierta forma la libertad y, esto,
es a lo que más teme el ser humano.

“Casarse significa
literalmente compartir la vida: espacio, tiempo, gastos, objetivos, fidelidad,
libertad y compromisos. Entre los mayores temores que nos acompañan, está el de
tener que asumir, de alguna forma, la responsabilidad del bienestar de otra persona
y en un futuro, de la familia que juntos van a formar, así como el de no
evolucionar en una relación de pareja, es decir, que ésta se quede estancada y
que se convierta en un compromiso tácito más que deseado”, dice la
especialista.

Según la experiencia de
la doctora Monroy, un buen principio para asumirlo con responsabilidad y
entusiasmo, es mantener una comunicación constante en la que ambos miembros de
la pareja expresen sus temores, necesidades y proyectos a mediano y largo
plazo, ya que esto les permite aclarar sus dudas, planear y despejar cualquier
miedo que pueda existir con respecto a la forma en que vivirán esa nueva etapa
de sus vidas.

Mirar hacia el futuro

La doctora Monroy
asegura que, para que los cimientos de una relación sean sólidos, se deben
afianzar desde el noviazgo y reafirmarse día con día: “Hablar de matrimonio es
referirse a la planeación del futuro de dos personas que han decidido seguir un
camino en común, por eso es muy importante que antes de dar este paso decisivo,
ambos estén seguros de que es realmente lo que desean y que están dispuestos a
poner lo mejor de sí para que encuentren la felicidad, el crecimiento, la estabilidad
emocional y económica. Hay que señalar que un aspecto básico, es la libertad
con que se toma la decisión: el matrimonio no es una sociedad que pueda
disolverse en cualquier momento, o que esté condicionada a que la otra persona
cumpla al cien por ciento con nuestras expectativas; se debe estar conciente de
que se presentarán altibajos y que será hasta que vivan juntos que conocerán
realmente a su pareja, con sus defectos y virtudes. Hay que tener presente que
contraer nupcias es uno de los compromisos más importantes y trascendentales
que se adquieren en la vida”.

El final de los cuentos
de hadas que dice “se casaron y fueron muy felices”, no es producto de la
imaginación, recuerda que la realidad supera a la ficción y la posibilidad de
que tú también lo logres depende de los valores que ustedes dos fomenten y
vivan en su relación: el respeto, la tolerancia, el compromiso, la
responsabilidad, la comunicación y el amor, serán básicos para que conformen
una familia plena y dispuesta a enfrentar con éxito cualquier obstáculo que se
les presente.

 

 

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