Mariposas en el estómago (Parte III)

El ambiente estaba fresco.
Se sentía tranquila caminando por aquellas calles que hacía tantos años había
recorrido. Veía hacía todos lados disfrutando del paisaje, recordando y
tratando de reconocer qué era lo que había cambiado. La ciudad aún conservaba
sus calles serenas por las que se podía andar sin mucho problema. Pasaban autos
y personas a pie, solas, con acompañantes, con sus perros o en bicicleta. 

Vio a una parejita que
caminaba y de vez en vez se detenía para darse un beso, nunca soltaban sus
manos. Sin poder evitarlo, Andrea se sintió melancólica, sabía que quizá sólo
volvería a sentirse como durante su primer amor con el chico indicado y supuso
que eso, solo llegaría a su tiempo. Trato de alejar todos esos pensamientos
como siempre lo había hecho, pero, curiosamente siempre le había resultado más
fácil que en ese momento.

 

Se sentía un poco más
cansada, bostezó y enseguida se percató que ya casi estaba a punto de llegar a
la casa de quien fuera su novio en la adolescencia. Observó la finca durante un
breve momento, había cambiado un poco, sonrió pues recordó muchos momentos
buenos. Al salir del breve trance se sintió apenada, apenas podía creer lo que
había hecho, desde luego era una locura muy ridícula, habían pasado muchos años
y nada tenía sentido. Seguro que en algún momento encontraría el amor, volvería
a sentir eso que añoraba y todo marcharía bien. Incluso, si era de verdad su
exnovio quien le correspondería, el destino los volvería a unir, sin forzar
nada, todo de manera natural; eso se lo dijo miles de veces cuando tuvieron que
decirse adiós.

 

Retomo su marcha de manera
segura y un poco molesta consigo misma. Llegó justo a la esquina donde tenía
que dar vuelta para llegar a casa de sus abuelos y antes de avanzar,
ensimismada en sus pensamientos, se sobresaltó al toparse con un labrador color
dorado. Tras el susto se agachó para acariciar a la linda mascota, volteó a
preguntar su nombre y sus ojos se encontraron con un rostro conocido que con
sorpresa y alegría la observaba, ella dudó un poco pero estuvo segura cuando lo
vio sonreír. Todo parecía una locura, pero, las mariposas habían
regresado. 

 

FIN

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