Indiferencia, ¿violencia familiar?

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En la pareja es normal
que se presenten algunas diferencias, el cómo las afronten, hará que las
superen.

 

Dentro de las relaciones
de pareja las personas tienen diversas maneras de reaccionar ante un problema o
desacuerdo. Una de ellas es actuar con indiferencia, que como la define el
diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, es un estado de ánimo en
que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o
situación determinada. Pero comportarse así e ignorar las situaciones de enojo
o al ser querido, puede tener consecuencias negativas para los dos.

Para Raquel Liberman,
psicóloga docente en el Instituto Mexicano de la Pareja, esta actitud
constituye un tipo de violencia y nos explica: “La indiferencia es una forma de
agresión pasiva. Cuando después de una discusión, una persona toma este
comportamiento lo usa como un castigo; al dejar de hablar con su pareja o al no
hacerle caso quiere manifestar su poder, buscando tomar un lugar prioritario en
la relación en perjuicio de la igualdad que debe haber entre ambos, pues con
esta actitud descalifica y excluye al otro. Por lo tanto, no es la manera
adecuada de resolver los conflictos en una relación sana, ya que al actuar así,
el agresor no reconoce la equidad entre las partes, ni la importancia que tiene
el enfrentar los problemas responsable y constructivamente”.

La especialista comenta
que cuando uno o ambos miembros de una pareja actúan con indiferencia de manera
repetitiva puede dañarse la relación, pues al dejar las diferencias sin
resolver, con el paso del tiempo se producen más complicaciones, como que la
parte agredida se esté subordinando continuamente al castigo de la otra, lo que
en ningún caso es aceptable, o incluso que se disparen niveles cada vez mayores
de violencia y agresión. Por lo anterior, es claro que este tipo de
comportamiento genera un distanciamiento entre los dos, lo que por sí solo es
lamentable.

La mejor alternativa a
la indiferencia es la comunicación. Es evidente que no siempre se está en un
buen momento para tratar de dialogar sobre un desacuerdo, pero es diferente
dejarlo para cuando se sientan más tranquilos y puedan hacerlo en forma
pacífica, a no enfrentarlo nunca. Es mejor cuando hay disponibilidad para
conversar sobre lo que cada uno siente, de las situaciones de descontento y de
las opciones de solución con igualdad, respeto y aceptación. Si uno o los dos
actúan cotidianamente de modo que no se puede hablar en estas condiciones hay
que buscar la manera de expresar y aceptar la existencia de un problema, así
como evaluar el daño y de ser necesario plantearse la necesidad de un cambio
que sea benéfico para los dos.

Es inevitable que en
ocasiones surjan desacuerdos en la vida en pareja. Siempre existe la
posibilidad de encontrarse ante situaciones que causan disgusto o malestar,
pero no es recomendable evadirlas ni guardar lo que se siente o actuar con
indiferencia. Cuando se tienen conflictos dentro de una relación es preferible
enfrentarlos de manera conjunta, en igualdad de derechos y con la convicción de
que es mejor dialogar con respeto y buena disposición. La comunicación es una herramienta
útil en cualquier circunstancia.