Autoestima, un valor a cultivar

Autoestima, de acuerdo a su significado, es
considerarse a sí mismo alguien valioso, reconocer el valor que cada uno tiene.
Las raíces de la autoestima se ubican en la infancia, en la aceptación de los
padres por ser quien somos, unos padres amorosos, comprometidos, responsables
que aceptan y respetan a sus hijos con sus capacidades y sus incapacidades.

Bajo esta perceptiva como única fuente de autoestima,
la mayoría quedamos excluidos, la falta de conocimiento, el estrés, el
abandono, la negligencia, las familias disfuncionales, entre muchas otras
situaciones, nos dejan carentes de las raíces fuertes para el crecimiento
personal. La falta de aceptación, las carencias afectivas y los errores en la
educación dejan como resultado baja autoestima, esta puede afectar
negativamente en casi todas las
áreas de la vida: en las relaciones sociales, el trabajo y en la salud. Un buen
nivel de autoestima no es algo estático y permanente, es un valor que no es
estable, sube o baja de acuerdo a las circunstancias que nos rodean.

Veamos un ejemplo, Lupita, de piel morena, espera su
primer hijo, su esposo es blanco con ojos azules, no tendría la menor
importancia pues los opuestos se atraen; sin embargo, desde el embarazo sus
preocupaciones se escucharon muy a menudo: “Ojalá que sea güero como su padre”.
Bajo esta perspectiva, no queda lugar a la creencia de que las madres aceptan a
sus hijos por ser quien son. Nace el hijo, moreno como su madre. Sentimientos
encontrados, el inconsciente y el consciente no se ponen de acuerdo, por un
lado está presente el sentimiento de rechazo real, vivimos en un mundo que
discrimina por el color de la piel. Por otro lado se presenta la conciencia
moral con un diálogo interno de justicia: “Cómo que rechazas a esta criatura
indefensa, ¿no que las madres aceptan a sus hijos como son? ¡Mala madre!”, la
voz de la conciencia es implacable. Las madres “ideales” son incondicionales a
sus hijos. De pronto el mecanismo de defensa llamado Formación Reactiva la
atrapará en dobles mensajes entre lo inconsciente real, el rechazo, y lo que en
verdad siente. El conciente tratará de pagar el precio de la culpa por pensar
de esta manera. La sobreprotección será parte del precio por rechazar al hijo,
un conflicto en secreto, nadie tiene que saber lo que realmente está sintiendo,
incluso ni ella lo identifica, el padre y hasta los familiares cercanos,
presentarán comportamientos contradictorios con el niño afectando su
autoestima. La historia del patito feo es uno de los mejores ejemplos.

Situaciones como el racismo, el rechazo por el
temperamento del niño, por el nivel de inteligencia, la constitución física, el
parecido con las familias de origen y muchas situaciones reales que obligan a
los padres a lidiar con sentimientos encontrados con los cuales afectarán a sus
hijos. “Lo que no puedes ver, en tu casa haz de tener” dicta la sabiduría
popular. No todo está en nuestras manos, aceptar las frustraciones trae como
resultado un aumento de tolerancia, lo que a su vez da por resultado un
incremento de la autoestima. 

Hablar de autoestima es un tema tiene pocos años de
darse a conocer, las generaciones anteriores no conocían el significado de
quererse a sí mismos, hablar bien de sí mismo era muy mal visto, errores en la
educación de psicología inversa, es decir que se actuaba al contrario, si te
decían tonto, flojo, te esforzarías para superar la deficiencia, recuerdo que
nos marcaban con mucha frecuencia: “Si te dicen que estás bonita, no te lo
creas”, y con todo el desconocimiento: “No le digas que es inteligente, porque
se va a volver un creído”. Afortunadamente, la psicología y la pedagogía nos
mostraron patrones de aprendizaje para cambiar la forma de pensar y de actuar,
herramientas para cambiar actitudes y patrones de aprendizaje que tantos conflictos nos causan.

Es importante cambiar la manera de pensar sobre sí
mismo en las áreas en donde cada uno se desenvuelve. Las técnicas de la terapia
cognitivo conductual son útiles para cambiar el pensamiento y los patrones de
comportamiento poco saludables, se basan en la idea de que los sentimientos y
comportamientos resultan de la forma en que pensamos de nosotros mismos y del
mundo que nos rodea, ayudan a reconocer, enfrentar y, en última instancia,
sustituir los pensamientos negativos o creencias inexactas por otras más
positivas y realistas. El resultado, más seguridad y confianza en sí mismo.

Técnicas para incrementar la autoestima

• Identifica las condiciones o situaciones
preocupantes: ¿qué te preocupa?, ¿cuál puede ser la causa de que baje tu nivel
de autoestima?

• Toma conciencia de las creencias y pensamientos:
una vez que hayas identificado las condiciones o situaciones problemáticas,
presta atención a los pensamientos relacionados con ello. Esto incluye el
diálogo interno, los pensamientos y creencias positivas, negativas o neutrales
basados en la razón o los hechos, o irracionales sobre la base de ideas falsas,
como el autocriticarse: “Eso me pasa, ¡por tonto!”.

• Cambia la manera negativa de pensar: los patrones
de pensamiento tienden a bajar la autoestima. La manera de pensar es producto
de los patrones de aprendizaje en la familia y la sociedad. Las creencias y
pensamientos acerca de una situación afectan la manera de enfrentarse con ella,
los pensamientos y creencias negativas sobre algo o alguien pueden provocar
reacciones físicas, emocionales y de conducta. Las respuestas físicas crean
tensión muscular, dolor de espalda, palpitaciones, problemas digestivos,
sudoración o cambios en los patrones de sueño; las respuestas emocionales
ocasionan dificultad para concentrarse, sentirse deprimido, enojado, nervioso,
triste, culpable o preocupado; las respuestas de comportamiento ocasionan:
comer cuando no se tiene hambre, evitar las tareas, trabajar más de lo
habitual, compras compulsivas, aislamiento y obsesión por culpar a otros de sus
problemas.

• Cambia pensamientos y creencias: las creencias
afectan la fisiología de todo el organismo. La preocupación, el pesimismo, los
prejuicios y las creencias sobre lo que “debe ser”, son maneras en que la mente
es capaz de concebir, son el origen de las enfermedades, cambiar los patrones
de pensamiento es la oportunidad para resolverlas. Un síntoma físico, por
insignificante que parezca, es el resultado de acontecimientos históricos e
histéricos.

 

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