Reloj biológico

Cualquier etapa de la vida puede ser maravillosa, el secreto está en mantenerse activo, de acuerdo con las propias capacidades físicas, y seguir vigente en las actividades intelectuales o recreativas que generan un buen estado de ánimo.

Hace unas semanas, Maura visitó a su oftalmólogo
porque notó que “de un día para otro” no podía leer las letras chiquitas de un
frasco de medicina. Después de la revisión, el médico le diagnosticó presbicia
o vista cansada, una alteración progresiva e irreversible de la visión, que por lo
regular se presenta después de los 40 años de edad y que se caracteriza por la
dificultad para ver de cerca. Se trata de una condición normal del proceso de
envejecimiento.

Maura salió del consultorio preocupada ante la idea de ir perdiendo
otras facultades físicas con el avance de la edad. Su primer pensamiento fue:
“Ya no podré hacer las actividades a las que estoy acostumbrada y ya no voy a
ser tan atractiva”. Igual que ella, muchas personas —mujeres y hombres— se
deprimen, porque empiezan a notar signos que indican que su cuerpo ya no es el
de antes: cansancio, disminución en la elasticidad muscular, arrugas,
dificultad para bajar de peso o pérdida de cabello, entre otra sintomatología
que hace evidente que el reloj biológico existe y no se detiene.

La maestra Norma Contreras García, directora del Centro de Atención
Psicológica Integral y Capacitación Especializada Profesional (Capycep) y
académica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), revela que con
frecuencia recibe en su consulta pacientes angustiados, tristes y enojados, que
llegan dispuestos a hacer lo que sea para “detener el tiempo”. Ella dice:
“Quieren operarse todo, usan todo tipo de cremas y productos ‘mágicos’, porque
intentan verse y sentirse igual que antes. No se dan cuenta de que envejecer es
parte de la vida y que es posible tomar una actitud muy positiva ante este
hecho”.

La especialista señala que las ideas y
pensamientos como el que Maura adoptó sólo generan frustración, porque no se
puede ir en contra de la naturaleza. “Es necesario aceptar con humildad el
ciclo vital. Los cambios biológicos son indicativos de que la vida sigue. No es
posible detener el tiempo. Llega un momento en que el cuerpo ya no es tan
fuerte, las desveladas nos pesan y el escándalo nos aturde. Es el tiempo en el
que
los excesos cobran factura. Es el momento de evaluar lo que los años nos han
dado: estabilidad, experiencia, sabiduría”.

Hay que disfrutar de la vida a cada momento y para lograrlo, en este
caso, sería importante entender que el desgaste del organismo es normal. La
experta recomienda soltar los apegos hacia ese cuerpo joven y dar la bienvenida
a la madurez. Una mujer o un hombre pueden decir: “Sigo leyendo, sigo
trabajando, hago ejercicio, sigo yendo a reuniones, aunque ahora tal vez ya no
me quede tan tarde”. Todo es más fácil cuando existe la aceptación consciente
del paso de los años.

Llega una etapa en la que hay que reafirmar objetivos, dice la
especialista, y ejemplifica: “Tal vez, una persona en su tiempo de juventud
entrenaba algún deporte para competir. Ahora, puede seguir practicándolo,
probablemente ya no para ganar diplomas o medallas, pero sí para mantener una
buena calidad de vida”. Y es que, como menciona María Magdalena Egozcue Romero,
en su libro Primeros auxilios psicológicos (Editorial Paidós): “La práctica del
ejercicio puede transformar radicalmente el estado de salud físico y mental y producir
una sensación de bienestar casi instantánea”.

La aceptación humilde y consciente del paso del tiempo y el ajuste en la
realización de tus actividades, de acuerdo con tus nuevas capacidades, te
llevará a disfrutar y a crecer en cada momento de tu existencia. Alejandro
Maldonado señala en su obra Abracadabra. Frases mágicas (Ediciones B): “Resulta
menos intenso y doloroso desprenderse cuando reconocemos que el proceso no es
personal, sino natural, que la vida es cambio constante y que aprender a decir adiós
es aprender a volar”.

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