Comprar o rentar

Cuando hay boda en puerta uno de los puntos más importantes a considerar es la casa habitación en la que la feliz pareja establecerá su nuevo hogar. Si aún están indecisos sobre comprar o rentar su nueva vivienda, aquí les mostraremos los puntos buenos y los no tan buenos de cada opción.

Comprar o rentar, he ahí el dilema. El sueño de una gran mayoría es ostentar en su poder las escrituras de una vivienda, lo cual además de brindar un cierto estatus social, resulta un factor fundamental para acceder a ciertos préstamos crediticios. Rentar, por su parte, para muchos puede resultar una opción no muy cotizada por aquello que la inversión en la renta, a la larga, se va de las manos sin aparente beneficio. Pero no todo es así, ambas opciones tienen su lado bueno y no tan bueno. Veamos.

COMPRAR
Ventajas
Es una inversión que sabes, se te puede revalorizar al paso de los años.
Ser dueño de tu casa es un respaldo de gran utilidad en el caso de los préstamos hipotecarios.
Es un factor de seguridad familiar pues al momento de un fallecimiento, la vivienda será heredada por la pareja e hijos, según el testamento del propietario.
Ser dueño de una propiedad, queramos o no, brinda estatus social ante familiares, amigos y vecinos.
Como propietario tienes el derecho de arrendar, vender, hipotecar, prestar; además de saber que tienes derecho de uso ininterrumpido, así como el control sobre las personas que pueden y no entrar en ella.
Puedes realizar en ella las modificaciones que te plazcan sin pedir autorización.

Inconvenientes
Adquirir una vivienda es un proceso largo y, en ocasiones, complicado. Optar por esta vía requiere asesoramiento de profesionales expertos.
No sólo habrá que preocuparse por los pagos mensuales del préstamo, lo que tal vez podría equivaler a alquilar una propiedad, sino que se deberán asumir todos los gastos relativos al mantenimiento, reparación, asociación de vecinos, servicios, así como los impuestos y el seguro en caso de haberlo.
Los gastos notariales, los impuestos de adquisición y el avalúo bancario, que suman cerca del 8 por ciento del valor total de una vivienda, corren por cuenta del propietario.
Los arquitectos estiman que se debe cubrir anualmente, en promedio, uno por ciento del valor de la propiedad para conservarla y mantenerla en óptimas condiciones.

Antes de comprar
Conoce tus derechos que te otorga la ley como comprador. Son muchos, así que es aconsejable que busques la asesoría de más de un experto en el campo de bienes raíces.
Realiza una precalificación de crédito para que sepas exactamente con cuánto dinero cuentas para la compra y puedas ajustar tu elección al presupuesto.
Calcula los pagos mensuales de la hipoteca y confróntalos con sus ingresos para verificar que realmente alcanzarán a cubrir todas sus necesidades antes del endeudamiento. En general, las entidades crediticias prefieren que el pago mensual del préstamo represente menos del 29 por ciento de los ingresos brutos del prestatario.
Antes de cerrar el trato, infórmate con qué tipo de materiales fue construida tu futura vivienda; si cuenta con muros independientes o son compartidos; si sus cimientos soportan un piso más o hay posibilidades de ampliar en un futuro; en qué forma será entregada la vivienda (con herrería, piso, etcétera), y cuáles son los lineamientos a seguir según la asociación de vecinos.
Toma en cuenta las vías de acceso y las condiciones en que se encuentran, la distancia o rutas que tomarán para acudir a sus actividades y el tiempo que les llevará. Aunque suene extraño, las ubicaciones de las nuevas viviendas se encuentran a una distancia considerable de los puntos centrales de la ciudad.

RENTAR
Ventajas
Alquilar una casa habitación tiene un periodo de tiempo determinado, lo que te permitiría cambiar de residencia con mayor facilidad. Es ideal para quienes, por cuestiones labores, saben que serán trasladados a otra zona, estado o país.
Implica un desembolso de capital mucho menor a corto plazo, pues al ser inquilino sólo realizarás pagos por renta y servicios básicos (luz, agua, teléfono).
Los pagos del Predial, el mantenimiento y arreglos o desperfectos de cualquier aparato o estructura de la propiedad corren por cuenta del propietario.
Al tener menos compromisos económicos, será más fácil ahorrar y buscar con calma tu vivienda ideal.

Inconvenientes
Estás pagando por algo que no te pertenece y aunque pagas por un techo donde vivir, esta situación beneficia sólo al propietario. Es decir, estás pagando y manteniendo una propiedad que no es tuya.
No aporta tanta estabilidad al no ser una vivienda de propiedad.
Al ser arrendatario tienes menos libertad de hacer las modificaciones que necesites dentro de la propiedad, pues tendrás que rendir cuenta al dueño o administrador de la misma.
El tiempo máximo de duración de un contrato de arrendamiento es de cinco años.
Se corre el riesgo de que no te renueven el contrato o que en un momento dado, el dueño te pida desocupar su inmueble.

Antes de rentar
Determinen sus ingresos mensuales y con base en ellos busquen una vivienda que se adapte a sus necesidades. Recuerda que te van a pedir un depósito, que casi siempre equivale al valor de tres meses de renta. En cuanto al pago del alquiler, algunos expertos recomiendan que signifique entre un 25 a un 30 por ciento de los ingresos mensuales.
El monto de la renta dependerá en gran medida de la ubicación de la vivienda y la proporción de la misma; hay zonas donde las rentas, en promedio, no rebasan los cuatro mil pesos, mientras que en otras no bajan de los ocho mil.
Conoce tus derechos y responsabilidades. A la hora de buscar dónde vivir, debes saber que las leyes federales prohíben la discriminación en cualquiera de sus expresiones.
Averigua bien todas las normas que se exigen en la asociación de vecinos o del condominio en donde planeas rentar.
Analiza bien cuáles son las características que desean reúna la vivienda a alquilar: número de habitaciones, baños, estacionamiento, ubicación, etcétera.
Si no quieres vivir en las comunidades hechas especialmente para la renta, sino que prefieres un departamento o casa de dueños particulares, es recomendable que solicites la ayuda de un agente de bienes raíces para que no caigas en acuerdos que te desfavorezcan.
El contrato de arrendamiento es una garantía y una protección tanto para inquilinos como para arrendatarios; aunque sea un familiar o amigo quien te vaya a alquilar la propiedad, nunca olvides llevarlo a cabo. Recuerda que las palabras se las lleva el viento.

Ahora que tienen los factores positivos y negativos de ambas partes, colóquenlos en la balanza y tomen la decisión que más les convenga. Recuerden informarse y asesorarse por todas las vías posibles, pues opciones hay muchas, pero si desconocemos el tema, pueden tornarse muy complejas.

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