La felicidad es ensamblar dos formas de ser

Desde los primeros tiempos de la humanidad, las parejas que se casan han aprendido del ejemplo de sus padres y de otras familias la forma de comportarse como marido y mujer.


La forma de comportarse lo aprendieron viendo vivir las situaciones de la vida diaria de su casa, de la casa de sus amigos y parientes. Aprendieron el modo de organizarse socialmente, la forma de solucionar problemas y su manera de entender y vivir valores y tradiciones. Lo vieron en su hogar y lo trasladan a su nuevo hogar. Así ha funcionado la familia desde que el mundo es mundo. O funcionó así.

Desde niños se aprende el cómo relacionarse y comportarse en su vida de casados. La mayor parte de esta enseñanza les llegó por ejemplo de otros. Todos tendemos a repetir lo que vemos, en especial aquello que hemos visto vivir en nuestros padres. Sin embargo, hay que tener muy en cuenta, que las circunstancias de hoy son muy diferentes de las que vivieron los padres.

El mundo moderno cambia rápida y profundamente a una velocidad nunca jamás vivida anteriormente. En consecuencia hay que encontrar respuestas nuevas a situaciones también nuevas: los matrimonios actuales no pueden y con frecuencia tampoco quieren comportarse según el estilo de vida matrimonial de sus padres y menos al de los abuelos.

Este proceso de cambio del mundo moderno es más notable en las grandes ciudades y más lento en pueblos o zonas rurales, pero sucede en todas partes, porque el gran modificador de costumbres, que es la televisión, llega a todas partes.

Actualmente para las parejas su relación sucede en un plano de mayor igualdad. La mujer moderna, estudia y trabaja a igual paridad que el hombre. Como consecuencia de ello, la mujer ya no se entrega al hombre, sino que se une a él. Ambos unen su vida no solamente para formar una familia, sino para compartir una vida que va mucho más allá de las paredes del hogar.

Una de las cosas que las mujeres de hoy no deben de cansarse de agradecer a la tecnología es el cómo se han simplificado las tareas del hogar. Es de mi recuerdo —en aquel pequeño pueblito catalán de mi infancia— que las mujeres iban al río a lavar la ropa. Hoy todas las casas tienen lavadoras. Lavan la ropa mirando televisión o haciendo otra tarea. La vida del mundo de hoy le ha dado a la mujer una libertad que antes no tenía. Puede trabajar fuera del hogar; otras estudian o participan en diversas actividades de la comunidad. Dispone de más tiempo para dedicarse a aspectos de su persona.

La pareja moderna es mucho más igualitaria; su relación es de solidaridad y colaboración. Las decisiones se comentan y se comparten. Los dos se sienten igual de responsables de su vida en común y de todo lo que gira alrededor de esta vida en común.

Hoy más que nunca los novios y los esposos están convencidos de que el amor es el verdadero fundamento de su matrimonio y su familia. Como el matrimonio tiene hoy una relación de mucho más igualdad, su amor es más rico y busca el bien del otro, busca su felicidad, la de hoy y la eterna.

Siempre se ha dicho que la mujer es distinta al hombre. Por suerte es distinta. Los hombres somos los primeros en estar agradecidos de esta diferencia. Contrariamente sería muy aburrido. Ellas son capaces de ciertas cosas de las que es incapaz el hombre, e incapaces de otras de las que el varón es capaz. La riqueza de la vida, la riqueza de la convivencia está en estas distintas capacidades. La felicidad consiste en ensamblar las dos formas de ser.

Desde luego, existen diferencias entre ellos. La más fácil de apreciar, pero no la única, es la diferencia física. Sus cuerpos son distintos. Frecuentemente la mujer se interesa por determinados aspectos de la realidad que dejan indiferente al hombre, mientras él se apasiona por cuestiones que parecen no existir para ella. Ante un mismo problema o ante un trabajo de la misma clase, la mujer reacciona de modo distinto al hombre; se interesa por otros aspectos.

Las diferencias entre varón y mujer son fuente de riqueza para su relación, pues lo que uno tiene complementa las necesidades del otro. La suma de los dos hacen la igualdad y semejanza del que los creó. Y esta imagen y semejanza del momento creador se da cuando más hombre sea él y más mujer sea ella.

La pareja humana no consiste en dos medias naranjas, sino en dos personas diferentes creadas para complementarse en una relación de amor de la cual nacerá la construcción de una familia: la tarea más hermosa e importante de una vida en común. Hacer nacer y crecer una familia es la aventura más hermosa del hombre. Solamente se atreven los que se aman.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *