A caballo dado…

Por ahí dicen que: “A caballo dado no se le ve colmillo”, pero hay que tener mucho cuidado con esos regalos que, con la mejor intención, familia o amigos hacen al momento de planear la boda, pues lo que puede parecer hermoso para ellos, puede no serlo para ustedes.

Siempre hay alguien bien intencionado que se ofrece a pagar la música o el banquete o las flores o las invitaciones o alguna otra cosa que se requiera para la celebración de la boda. Y eso es bastante grato y digno de aplaudir. Pero, si ustedes ya tienen una idea específica de lo que quieren en ese día tan especial, cerciórense de que aquello que les obsequiarán sea justamente eso: lo que ustedes planearon.

Un regalo de ese tipo siempre es una mega ayuda, pues aunque haya mucho presupuesto, eso que te pagará el otro, podrán invertirlo en algo más como arreglos florales más sofisticados, un mejor vino o hasta más días de luna de miel. Sin embargo, hay que considerar que se trata de un servicio que será pagado por alguien muy cercano y de gran confianza, razón de sobra para que ustedes se aseguren de que el proveedor cumpla con sus expectativas

No se confíen, se trata de su boda por lo que cerciorarse de cómo es o qué incluye aquello que les van a obsequiar les ayudará a evitar sorpresitas que en lugar de ayudar, den al traste con la boda.

Imagina que tú tía se ofrece a pagar los arreglos florales y tu ramo, y pensando que ella te conoce tan, pero tan bien, le delegas toda la responsabilidad resultando que en tu Gran Día en lugar de gerberas te llevan margaritas y tu adorada tía, muerta de la pena, sólo atina a exclamar: “Es que son tan parecidas”.

No teman preguntar quién es el proveedor, cómo lo encontraron, dónde ha trabajado e incluso, sugieran acompañarlos en la primer cita para asegurarse de que todo saldrá tal como ustedes desean. Compartir estos minutos de la planeación con sus seres queridos resultará muy alentador para ambos pues además, estarán estrechando sus lazos de amistad.

Si tu mejor amiga se ofreció a pagarte las invitaciones, con mucho tacto, habla con ella sobre cuál es su presupuesto e, incluso, comenta que sí es necesario ustedes podrán costear una parte del servicio para que no se sienta tan asfixiada. Ofrécete a acompañarla en la búsqueda y juntas vean y elijan los diseños, así podrán ser completamente a tu gusto pero con el toque de ella.

Si es la familia la que les apoyará con algo, tómense un tiempo para hablar con ellos, invítenlos a cenar al inicio de la planeación para que les expongan con cuánto dinero los apoyarán y si éste será depositado en sus cuentas o ustedes podrán elegir el servicio para que ellos lo paguen. Muchas veces esto es mucho más fácil para ellos, pues así les ahorran la búsqueda, las citas y las cotizaciones.

Hay otros regalos, igual de bien intencionados, de amigos o familiares que sin tener experiencia en eventos masivos se ofrecen a poner su mano de obra, por ejemplo, el conocido que hace deliciosos pasteles, pero para diez personas, no para 200 ó 300. En esos casos, y sin herir susceptibilidades, es mejor optar por un banquete que te incluya el postre para no comprometerte a aceptar algo que pueda hacerte quedar mal.

Y no faltarán las ocasiones en que te prometan productos o servicios sin tener la más remota idea del costo y claro que cuando se enteran ya no saben cómo retractarse. O, peor aún, cuando se ofrecen y lo olvidan por completo resultando que a última hora la personita ya no tiene la disponibilidad financiera para solventar el gasto.

Así pues, desde que uno de sus conocidos levante la manita para ofrecerse a pagar algo de la boda, dejen muy en claro la fecha en que saldrán juntos a buscar el proveedor y expongan la libertad que esa persona tiene de retractarse, siempre y cuando lo haga con tiempo, para que su relación no sufra deterioros.

Todos los regalos son bienvenidos, especialmente porque la persona que les está ofreciendo su apoyo lo hace con toda la buena voluntad del mundo y eso no se ccompra con nada. En ustedes está el dirigirlos con tacto y cuidado para que todo embone dentro de esa perfecta planeación del día más importante de sus vidas: su boda.

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