Y vivieron felices por siempre

Desde pequeñas, al ver las clásicas películas de princesas imaginabamos que algún día seríamos nosotras las que conoceríamos al príncipe encantador con quien seriamos felices y construiríamos toda una historia. Y, por supuesto, soñabamos despiertas durante horas y horas con el momento en que él se acercaría a nosotras para preguntarnos: “¿Te quieres casar conmigo?”.

Hoy, al paso del tiempo, las cosas han cambiando y esa frase tan linda de “y vivieron felices po siempre”, se ve ocasionalmente amenazada. Para que esto no te suceda, te presento los tres puntos básicos que deberás considerar antes de pronunciar el soñado: “Sí acepto”, para que tu cuento de hadas no se convierta en uno de terror.

Sí, para ti. No para mí
Cuando recién se casan, las parejas suele tener la errónea idea de que los gustos, los deseos y los sueños del otro son exactamente iguales a los propios y, por lo tanto, querrá ir a casa de la suegra todos los fines de semana o, bien, preferirá levantarse temprano los domingos para salir a pasear —por poner solo un par de ejemplos—. Y ¡oh sorpresa!, resulta que nada más alejado de la realidad pues la pareja puede tener gustos y planes completamente distintos a los del otro y esto no significa que no se quieran o que “nada más se casaron y todo cambio”.

Es importante aprenderte de memoria esta frase: “Sí, para ti. No, para mí”. Si tú deseas algo y tu pareja no, o viceversa, tienen dos alternativas: realizar una negociación de plan por semana —una tú y otra yo— o, bien, realizar sus planes de manera individual y si el otro desea integrarse, genial, y si no, con el respeto y amor que se tienen, cada quien llevará a cabo su plan sin que por ello se mal interprete que no hay amor. Así, al mismo tiempo evitarás la sensación de “dejar de hacer lo que te gusta” desde que se está juntos.

No son adivinos
Si tú no eres adivina, él tampoco, así que ¡a pedir se ha dicho! No hay nada peor que creer que porque él te ama debería saber qué quieres o qué esperas que haga por ti, cuando ni siquiera lo has pedido. Estar de novios durante un tiempo te permite conocer a tu pareja, pero ¡no los hace adivinos! Por lo tanto, procura hablar, comunica tus expectativas, tus sueños, tus deseos, no te permitas dar por hecho las cosas.

La clave de una buena relación de pareja está en comunicar de manera amorosa y sin tratar de imponer tus puntos de vista. Recuerda, siempre habrá que ceder y negociar algo en pro de la relación.

Las facturas del pasado
No guardes facturas del pasado. Si en su relación o en la manera en la que se relacionan existe algo que no te gusta o que en su momento te lastimo mucho, no dejes pasar el tiempo. En la primer oportunidad aborden el tema pues si permiten que se acumulen esas viejas facturas emocionales, llegará el día en que la deuda será impagable y de ser así el desenlace podría no ser el mejor. Permítete actualizar cada día y no guardar nada que puede hechar a perder tu maravilloso cuento de hadas.

Tener presente esto, te permitirá lograr que tu relación se mantenga fresca, dinámica y, sobre todo, llena de pasión, amor y respeto. Si por alguna razón algo no anda bien, no dejes que el tiempo pase creyendo que se solucionará, nada se arregla solo, busquen asesoría profesional y actualicen sus acuerdos de pareja. Suerte y a hacer realidad el “Y vivieron felices por siempre”.

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