Mucho ayuda el que no estorba

Cómo cambian los papeles ¿no? No es lo mismo cuando se casa una mujer de la familia a cuando lo hace un hombre. Es todo tan, pero tan diferente.

El día que la hermana o la hija se comprometen, la
algarabía es mayúscula, todos aportan su granito de arena y andan de un lado a
otro viendo qué falta, en qué ayudan o simplemente como va todo; pero cuando es
el varón quien contrae matrimonio, es totalmente diferente: estamos todos
expectantes, sólo como invitados más que actuantes.

—¿Y ahora, tú, porque tales reflexiones? —me comentó
Marijós mientras nos rellenaba los vasos de té helado en el hermoso jardín de
su casa.

—Porque ahora me está tocando vivir esto en casa
—respondí y lance enseguida una pregunta, como preparando el terreno, para lo
que estaba a punto de comentar—. ¿Ya saben que mi hermano Daniel, el más chico,
está por casarse?

—¿Cómo? —dijo Mara dejando de lado su vaso de té y con
una verdadera expresión de sorpresa—, ¿a poco Danito ya está en edad de
casarse? ¡Pero si todavía está joven! pensé que se iba a aventar más tiempo de
novio. En serio que pasa el tiempo… Ya mejor ni me digas cuántos años tiene
porque me sentiré más vieja de lo que estoy.

—Sí, pues resulta que ya lo han decidido y se casan
creo que en 6 meses —y antes de darme oportunidad siquiera de terminar, Jenny
arremetió el comentario mordaz:

—¿Cómo que creo? ¿Qué no estás segura de cuándo se
casa tu hermano?

Con cara de niña regañada miré a Jenny y me dispuse a
terminar la frase.

—Sí sé: se casa en diciembre, sólo que ahora, a
diferencia de las bodas de mis hermanas, pues cómo que no se sabe bien todo el
asunto, cómo que no le estamos dedicando tiempo y conste que no es por falta de
interés, sino para darle el espacio justo a la novia.

—María, pero si Danito es el consentido, ¿cómo es que
no se están involucrando tanto como en las bodas de las demás? ¿Por qué se
están portando así? ¡Cuñadas mala onda! —me reprochó Marijós con un tono de
molestia y un tanto de indignación.

—¡Hey! ¡No me regañen! No es para eso que les estoy
platicando lo de la boda de Daniel. Déjenme contarles qué es lo que sucede y ya
después ustedes que lo conocen desde que era un crío me dirán que es lo qué
opinan o qué es lo que harían en nuestro caso.

La novia de Daniel es hija única. Así que ya sabrán
que la noticia para sus papás es el mayor acontecimiento que pueden tener, sino
en toda su vida al menos antes de que sean abuelos. Entonces, ya sabrás que mi
futura cuñada y su mamá dejaron de lado sus vidas para dedicarse sólo a planear
la boda.

Así pues, ellas son las que deciden qué hacer, cómo
hacerlo, en dónde poner qué y cómo usarlo. Se volvió un mundo de mujeres en el
que el novio, aún cuándo interpreta uno de los papeles principales, no es muy
tomado en cuenta al momento de materializar el sueño de una novia.

—Bueno, eso es cierto —intervinó Mara, en mi
defensa—. Casi siempre sucede así. El novio es el 50 por ciento del matrimonio;
pero a nadie le interesa muchote lo que opine durante los preparativos de la
boda y menos cuándo la familia de ella es la que lleva la batuta en la
organización de las cosas.

—Y ¿saben?, al principio intentamos darle algunos
consejos a nuestra cuñada, recién nos contó que se casarían. Pero, en el
momento en que comenzó a decir: “Es que mi mamá quiere que se haga esto”, “Es
que mi tía va a hacer esto otro” y es que y es que y es que… decidimos
francamente tocar retirada y dejar que ella y su familia tomaran todas las
decisiones. Y nosotros, familia del novio, sólo estaremos ahí para apoyar en lo
que se necesite.

Y, de hecho, Daniel así lo entiende y hasta lo
agradece, pues también ha comprendido que el día de su boda será el día de la
novia, el día en el que los reflectores estarán justo sobre ella y el día en
que las miradas y los murmullos serán provocados sólo por ella y por lo hermosa
que se verá.

Así que ya ni se mortifica. No le queda más que ser
el prometido fiel y amoroso que estará para ella en todos los momentos de
estrés o histeria por el que mi cuñada atraviese según el tipo de problema del
preparativo al que se enfrente. 

—Es extraño ¿no? —comentó Vivi ante el repentino
silencio y mi obvia resignación—. Que el novio sea una de las dos partes
fundamentales y que sea tan poco tomado en cuenta durante todo el proceso del
día de la boda. Todo está diseñado para que sea la novia la que luzca, la que
llene el lugar con su hermosura y que disfrute tanto que hasta sus nietos sepan
del maravilloso momento que vivió.

—Pues sí —respondí—, aunque no creas que fue así de
simple, Daniel al principio se sintió desplazado; pero, poco a poco fue
comprendiendo que en su caso, su papel era justo el de apoyar y estar al lado
de su novia para que ella pudiera preparar la boda con la que había soñado por
tanto tiempo. Ahora él se preocupa por otras cosas que le resultan mucho más
trascendentales, como el mantenimiento de la casa después de que lleguen de la
luna de miel.

—Entonces no es por mala onda —comentó Marijós, mientras
se rascaba la cabeza, entendiendo ahora la postura de mi familia—. Es sólo por
apoyar a Danito en lo que se pueda, sin meter las manos de más para no causarle
inconvenientes, ni con la novia ni con su futura familia política.

—Pues hacen bien. Y la verdad me parece genial que
Danito haya entendido que en esta ocasión le ha tocado ser el que está detrás
de la novia para apoyarla y apapacharla cuando lo necesite —comentó Mara y
añadió con toda dulzura—. ¡Qué bonito novio!

—Así es —dije ya a manera de conclusión— por ahí
dicen que mucho ayuda el que no estorba. Entonces, mejor desempeñamos con gusto
y con honor el papel que a cada uno nos corresponde para poder disfrutar al
cien de la boda.

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